Eran pocas las veces en las que comía dulce, pero también era cierto que esas veces eran totalmente deseadas y necesarias según su criterio. Un antojo que se tenía que calmar, saciar a toda costa. El chocolate era un gusto culposo que antes comía sin parar y de forma irresponsable, más ahora trata de calmarse como puede. No por el hecho de que engorda, sino más bien por cuidar su salud.
Se acercó a la máquina expendedora y observó la variedad como si de un niño se tratase. En cuanto vió una envoltura llamativa y supo que cacao era lo que había en su interior, se decidió por ese. Pagó lo que tenía que pagar y esperó a que este aparato haga su trabajo, poniendo sus manos en la rendija de abajo.
Pero el dulce nunca llegó a caer.
Frunció su seño y observó que había pasado, para darse con tan poca grata sorpresa, cuando vió que el dulce pedido no cayó. Este estaba entrelazado finamente por un cable de hierro encargado de sostenerlo. Hizo un chasquido con su lengua y comenzó a golpear el vidrio con intención de aflojar el metal. Agarró a la máquina con ambos brazos y la abatió, sin conseguir su objetivo. En su último esfuerzo por conseguir su chocolate, se arrodilló y metió la mano por donde tenía que caer este.
—¿Necesitas ayuda?
La voz grave dirigida a él lo espantó, haciéndolo caer para atrás, asustado. Miró a quien le pertenecía y en cuanto lo hizo un sonrojó se apoderó de él, bajó la cabeza, comenzó a jugar con sus manos y mirar sus cordones.
—Ven levántate, que creo que esa no es una muy buena idea —dijo Ricardo brindándole ayuda para que pudiera mantenerse de pie.
Tomó su mano y una vez levantado se tambaleó, limpió sus rodillas y su trasero pues ya estaban sucios y polvorientos. Aún seguía con el color carmesí decorando sus mejillas, sentía bastante vergüenza, la punta de sus orejas estaban también rojas. Arrugó la frente.
Vió al contrario introduciendo una moneda, para después dirigir su vista a la máquina la cual dejaba caer su chocolate y uno más que el de cabello negro había pagado. Sonrió de vuelta como un chiquillo y sus ojos se encendieron.
Ricardo los recogió ambos y se los entregó, para su sorpresa y pena.
—Ten, a mi no me gusta el chocolate —su mirada seria característico de el lo acechaba.
—Te lo devolveré.
—No es necesario.
Rubén tomó entre sus manos ambos chocolates y abrió el primero, probándolo y deleitándose con el sabor. Suspiró en la primera probada. Al contrario le pareció un gesto infantil y tierno. Terminó de mascar la mitad, la cual estaba llena de dulce de leche y maní.
—¿Quieres platicar un poco? —dijo con medio chocolate en mano y con sus ojos brillantes. Teniendo un asentimiento en respuesta.
Caminaron por los pasillos llenos, aunque en silencio, viendo a todas las personas, quienes parecía importarles poco su presencia. Más ellos así lo preferían, pasar desapercibidos.
Rubén estaba nervioso, demasiado. Sabía muy bien que él era el que lo buscaba e insistía en platicar; pero en cuanto lo tiene en frente, como ahora mismo, simplemente las palabras no se formulan. Sus manos temblaban, y deseaba que su cuerpo dejará de moverse, no quería que el contrario sepa cómo hablar con él lo pone así de nervioso.
Pero era unas oportunidades tan efímeras, que simplemente tenía que aprovecharlas. Aunque justo cuando agarró fuerza para hacerlo, la voz grave resonó, callando sus palabras.
—¿Porqué insististe tanto para que pudiéramos hablar?
Rubén quedó estático ante aquella pregunta. Sus labios comenzaron a tiritar y se sonrojó nuevamente, odiaba eso. Su mente apuntó a un recuerdo, pero decir aquello iba a ser muy incómodo. Aunque sonaba tonto pensaba que podía salvarlo.
El primer día que llegó a clases vió a tantas personas sentadas, juntas, platicando alegres y deseosas. Pero entre ellas lo vió a él. Solo y concentrado en lo que hacía, con su cabello negro y sus manos blanquecinas tomando el tenedor y llevándose este delicadamente hacia la boca. En cuanto lo observó no pudo quitar la vista, y sigue sin entender hasta el día de hoy el porqué de aquello. Caminó como si fuese atraído por una fuerza invisible, su sonrisa cotidiana se alzó en cuanto estuvo cerca.
Y en ese instante fue cuando todo se le hizo incluso más interesante.
Lo vió llorar sin sentido alguno, sus ojos negros estaban brillosos y sus labios curvados en tristeza, su rostro era una tímida obra de arte. Sintió bastante culpa en su momento, pero más tarde se dió cuenta de que había algo más. Tenía un aura extraña, melancólica.
Nostálgica.
Rubén había hecho pocas veces en su vida cosas buenas, había socorrido solamente sus intereses en el tiempo de vida que lleva. Quería cambiar aquello. Y en cuanto vió a alguien enfermo, supo que intentaría ser su medicina. Supo que quería ayudarlo. Quería creer que lo salvaría.
Río un poco.
—¿Me creerías si te digo que un poco no lo sé? —intentó distraerse, hizo una mueca— o bueno, quizá sí lo sé, no estoy seguro, me parecía que eras alguien... Roto.
Por fin salió de su boca lo que sentía y una satisfacción inmensa lo inundó. Lo oyó suspirar y lo imitó.
—¿Roto? —preguntó más para si mismo— quizá sí lo esté. Aunque no creo que puedas reparar algo
El sonido serio de su garganta le hizo temblar hasta la punta de sus dedos. Juraba que la tensión le carcomía los huesos. Bajó la cabeza, tenía razón ¿Que podía hacer él? Ni siquiera se conocían de nada, no podía hacerce el héroe.
—Mas —siguió—, no creo que pierdas nada intentándolo.
Lo miró con una chispa de esperanza.
—Entonces espérate, que créeme, lo intentaré.
—Lo sé Rubén —dijo Ricardo—, ya conozco como son.
Agarró su cabello marrón y lo abatió, lo desordenó en el acto. Comenzó a caminar en dirección a la salida, sin voltear a mirar, despidiendo con su mano. Esta escena le había llenado de recuerdos.
“—Rich —agarró si mano junto a su pecho.
—Dime Vandal.
—¿Crees que podré salvarte como tú lo haz hecho?
Abrazó el delgado cuerpo y olió su perfume. Tocó la pequeña nariz. Una ventisca de invierno los rodeó.
—Si no puedo al menos lo intentaré —rió, con sus oyuelos enmarcados.”
Agitó su cabeza, miró al cielo y sus ojos se iluminaron, Esperando que así dejara de doler.
Esperando que así tal vez el destino lo escuche.
“Ahora mismo necesito que me salven Vandal. Aunque ya hay alguien que lo va a intentar. Y duele que no seas tú”
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Capítulo dedicado a:
@FukerZeta
Hey hey hey! Aaaaaaquiiii Sheeeismilk eeeeen Wattpad. Yyyy hoy les traigo el décimo capítulo de mi libro luna de Plutón ahre xD.
Buenas Chikis lo siento por la demora yo los amo wapos. Pero mirar el lado Weno tal vez haya doble capítulo está semana.
Les está gustando cómo va y la narración? A veces siento que no narró bien :(((
Tengan lindas noches/ días/ tarde
Eres un lindo ángel ❤
–Always in my heart. M.
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Nostalgia [killerrich]
FanfictionCuando Ricardo se enteró que Vandal había muerto su corazón se partió en miles de pedazos imposibles de juntar. Se convirtió en un joven solitario, sin ganas de tener al menos un poco de felicidad en su vida. Y se juró así mismo que nunca se iba a e...
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