El elevador se abrió con un sonido metálico que resonó en los oídos del joven azabache como un disparo. Caminó por el pasillo del hospital, sintiendo que sus piernas pesaban una tonelada. Al llegar a la habitación, se detuvo frente a la puerta de madera clara. Exhaló un aire que no sabía que estaba reteniendo y entró.
La taurina estaba sentada al borde de la cama, con la mirada perdida en la ventana. Al verlo, su expresión se transformó en una mezcla de alivio y una culpa desgarradora.
—Viniste —susurró ella. Su voz sonaba quebrada.
—Carolina me dijo que querías verme —respondió Cameron, manteniéndose a una distancia prudente—. Traje la ropa que me pediste. Está en la caja.
Él la dejó sobre la mesa de noche, evitando tocar el anillo que ahora descansaba allí de nuevo. Taylor bajó la mirada hacia la joya y luego hacia las manos de Cameron, que temblaban ligeramente.
—Cam, lo que dije antes... sobre Scarlett. No es que no confíe en ti, es que no confío en que yo sea suficiente para que te quedes —admitió ella, las lágrimas comenzando a rodar—. Fui una tonta por no escucharte. Pensé que si ignoraba tus advertencias, el problema simplemente no existiría.
Cameron cerró los ojos, sintiendo el nudo en su garganta apretarse.
—El problema es que, al no escucharme, Taylor, me hiciste sentir que mi voz no tenía peso en nuestra propia vida. Me sentí solo, incluso cuando estabas a mi lado.
Se quedó de pie junto a la ventana, dándole la espalda a la cama por unos segundos. El reflejo en el cristal le devolvía la imagen de un hombre que se sentía fragmentado. Amaba a Taylor con una intensidad que a veces lo asustaba, pero el dolor de la traición, porque así se sentía que ella ignorara su postura sobre la paternidad por años, competía con la agonía de verla sufrir.
Taylor rompió el silencio, su voz apenas un hilo.
—Sé lo que estás pensando, Cam. Sé que cada vez que me miras, ves el motivo de nuestra última pelea. Ves que... que tenías razón sobre que no estábamos listos.
Cameron se giró lentamente. Sus ojos, generalmente cálidos, estaban nublados.
—No se trata de tener razón, Tay. Nunca se trató de ganar una discusión. Se trataba de que tú y yo éramos un equipo, o eso creía. Te dije mis razones un millón de veces: mis miedos, mi inestabilidad, el porqué yo no me veía en ese rol. Y tú... simplemente decidiste que tus deseos pesaban más que mi consentimiento.
—¡Era mi sueño! —exclamó ella, sollozando, mientras se abrazaba el vientre vacío—. Pensé que cuando lo vieras, cuando lo sintieras, cambiarías de opinión. Que el amor por mí sería suficiente para que lo amaras a él.
—El amor por ti es lo que me tiene aquí —cortó Cameron, acercándose finalmente a la cama, pero sin sentarse—. El amor por ti es lo que hizo que me quedara fuera de esa sala de urgencias muriéndome de miedo por perderte. Pero amar a alguien no significa aceptar que borren tus límites.
Taylor extendió una mano temblorosa hacia él.
—Lo perdí, Cameron. Perdí el sueño de mi vida y casi te pierdo a ti en esa pelea. ¿Cómo seguimos después de esto?
El miró la mano de ella. El impulso de tomarla y besar sus nudillos era casi insoportable, pero se detuvo. Si cedía ahora, si simplemente la consolaba como si nada hubiera pasado, estaría enterrando su propio dolor otra vez.
—No lo sé —confesó él, con una lágrima traicionera resbalando por su mejilla—. Te amo tanto que me duele respirar en esta habitación, pero también estoy enojado. Estoy enojado porque me pusiste en una situación en la que no quería estar, y ahora ambos estamos de luto por algo que yo nunca pedí, pero que de todas formas nos ha marcado para siempre.
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BAD IDEA [ZODIACO]
Random¿Quién dijo qué la vida de Adulto era sencilla?, pues este grupo de amigos dejarán a un lado su inmadurez adolescente para convertirse en todos unos Adultos, o bueno eso intentarán...
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