2013.
-Hey- gritó una voz familiar a lo lejos. Me di vuelta y vi que se acercaba aquella chica con sonrisa de paraíso. Era nuestra semana de descanso y yo había vuelto desde Nueva York a Miami para estar con mi familia. Mis compañeras se habían vuelto antes y es por eso que llegué sola al aeropuerto. Agradecí internamente que Camila me estuviese esperando en el aeropuerto porque odiaba tener que ir en taxi hasta mi casa.
A lo lejos divisé su vestimenta; llevaba unos jeans apretados y una blusa, típico de ella. Su cabello estaba recogido en una desprolija coleta pero aún así se veía muy bien.
- Hola- respondí sonriendo cuando ella extendía sus brazos para abrazarme. Habían pasado varios días desde la última vez que nos vimos ya que teníamos descanso de conciertos y entrevistas. Cuando terminó de abrazarme me miró con un brillo, ya familiar, en sus ojos. Siempre quise saber lo que significaba.
- ¿Crees que hoy podamos ver el atardecer juntas como solíamos?- me interrogó seria.
-Claro que sí - le respondí, nos quedamos mirando y ella sonrió de la nada.- ¿Qué?-pregunté sintiendo calor en mis mejillas.
-Nada, es solo que extrañé tus ojos- dijo para luego mirarme tiernamente. Mi sonrisa se amplió y traté de no darle importancia a las mariposas en la boca de mi estómago.
- Yo también te extrañé Camz, ¿entonces a las 6?
- Sí, ¿en el techo de mi casa o en el tuyo?- preguntó con una suave voz.
- Quiero ir al techo de tu casa- respondí para que luego una risa saliera de nuestras bocas.
- Bueno, ahora vamos que tu familia está esperándote- habló suavemente con una tierna mueca que hizo que se le marcaran unos hoyuelos en los costados de su boca.
- ¿Manejarás?- pregunté seria. Camila se giró para mirarme.
- Claro que lo haré, tuve a la mejor maestra- me guiñó el ojo mientras sacudía las llaves de un lado a otro. Nos subimos en el auto de Alejandro, padre de Camila, y ella dejó que eligiera la música para el viaje de treinta minutos. Decidí que Ed Sheeran era la mejor opción para enamorarme más de Camila.
- Vaya, manejas bien Camila, estoy orgullosa- felicité disimulando que unas lágrimas salían de mis ojos. Ella rió y negó con su cabeza.
- ¿Cómo te ha ido en Nueva York? ¿Por qué te quedaste dos días más?-preguntó cambiando de tema. Aprecié su perfil desde mi lugar de copiloto; su nariz era perfecta y sus labios parecían pétalos por su suave textura que anhelaba probar.
- La verdad que muy bien- respondí mirando la ciudad a través de la ventana. - Decidí estar unos días más porque tenía unos asuntos pendientes.
Camila resopló y me dirigió una mirada interrogante. Yo disimulé mi sonrisa sin sacar mi mirada de la ventana. Miami no era una ciudad del todo "buena", tenía una linda playa y edificios pero las personas eran una mierda, excepto Camila, obviamente.
- ¿Algún chico?- preguntó con coraje en su voz.
- En realidad mis asuntos pendientes eran conocer la iglesia San Patricio y el Rockerfeller Center pero...- Camila rió aliviada y yo traté de no ser tan evidente con mi sonrisa.
- Oh amo esta canción- dije subiendo el volumen cuando you need me, i don't need you sonaba. Con Camila empezamos a cantar y rapear apasionadamente y reíamos cuando nos confundíamos la letra; parecíamos mejores amigas, si es que no había nada más.
Ya habían pasado veintiséis minutos del viaje cuando divisé la calle de mi casa. Una felicidad revoloteó en mi estómago; había extrañado mucho a mis padres y hermanos, verlos me daban la mayor felicidad. Camila estacionó y inmediatamente mi padre salió afuera de la casa. Corrió hacia mi con una sonrisa y me dio un fuerte abrazo.
