Capitulo 11

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Capitulo 11

Septiembre, 25 2007

Es gracioso como mi vida dio un giro de sesenta grados en solo un segundo. Creía que solo había perdido mi auto y unas pocas fotos, pero había perdido absolutamente todo.

No recuerdo mucho que pasaba en la ambulancia. Solo sé que había mucho ruido, y gente a mí alrededor. También vi a Julia ser atendida, pero no vi a Ana. En la ambulancia perdí el conocimiento. Tenía recuerdos vagos de como llegue al hospital, el pitido de mi corazón al ser conectado a una maquina, el intenso dolor en alguna parte de mi cuerpo... y luego nada más que oscuridad.

Cuando desperté, estaba en el cuarto blanco del que todos hablan en los libros. Era estéril y tenía un feo mueble de algún tipo de azul gastado. Estaba confundida, aturdida y tenía un aparato para respirar. Sabía su nombre, pero tenía la mente nublada. Volví a caer en la oscuridad.

**************

La bruma se dispersa y puedo sentir mi cuerpo de nuevo. Abrí los ojos lentamente. Esta vez había una enfermera colocando algo en mi gotero. Creo que era algún tipo de analgésico. La enfermera ni siquiera dirigió una mirada hacia mí. Quizás era porque volvía a sentirme en una bruma... me estaba yendo a la deriva.

Septiembre 28, 2007

Todo estaba en blanco, mis ojos no se acostumbran a la luz. No sentía dolor, no sentía nada. Solo veía la lámpara. En mi campo de visión apareció Roger, con el rostro lleno de preocupación.

-Manuela, oh, cariño... menos mal que has despertado.

Trate de hablarle, pero mi voz no salió. El solo tomo la mano que tenia libre, y la beso.

-No hables, Manuela, no hace falta. Voy a llamar a una enfermera para que venga a revisarte, ¿de acuerdo?- asentí, un poco confusa.

¿Dónde estaba Ana? ¿Por qué nadie estaba con ella? Y... Julia. Mi pequeña... ¿ambas estarían bien?

Aunque sentía que no. Algo dentro de mi sabia que Ana no estaba bien, que ella nos había abandonado... todo en mi cabeza daba vueltas. Todo lo que había pasado en ese auto, todo lo que había pasado antes de subir a ese auto,

No me lo perdonaría si a alguna de ellas le ocurriera algo, era yo la que estaba conduciendo, lo que ponía toda la culpa sobre mí. No podía dejar de pensar en ello.

La enfermera entro a la habitación. Ella reviso todas las maquinas, mis pupilas y mis heridas. Solo tenía un par de costillas fisuradas, una mano torcida y un esguince en el tobillo. No lo sentí cuando salí del agua. Quizás porque estaba concentrada en salvar a Julia y no podía sentir dolor.

Sabía que algo estaba mal, algo más que mi salud. Y Roger, y esa enfermera y todos lo sabían menos yo. Quizás querían velar por mi bienestar, pero yo necesitaba saber de mi hermana y de Julia.

Cuando la enfermera considero que todo estaba bajo control, nos dejo solos de nuevo. Tome la mano de Roger y la apreté. Necesitaba saber que Ana estaba bien.

-Ana. Quiero saber de Ana- dije en un susurro.

Roger se puso pálido, y soltó mi mano.

-Tú... tu... solo preocúpate por ti. Ya el doctor Lucio vendrá y hablaremos sobre Ana.

Yo no podía solo preocuparme por mí. Yo era responsable de lo que sea que les haya pasado a mi hermana y a su hija. Si tan solo supiera en qué estado se encontraba... pero sabía que Roger no me lo diría.

Roger se quedo allí sosteniendo mi mano. No me calmaba. No de la manera que me calmaba la mano de Ana. La necesitaba, quería a mi hermana a mi lado, como siempre lo habíamos estado. Algo en mi interior sabia que Ana... que Ana ya no podría sostener mi mano, pero no quise hacerle caso. No hasta que el doctor Lucio llego. Era un hombre bien parecido, con profundos ojos azules, barbilla fuerte y bastante guapo. No lo aprecie bien en ese momento. De hecho, recuerdo que rechace sus palabras... todo ahora se muestra borroso.

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