Capitulo 1

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3 de Abril, 2004

 El torneo de Ana, comenzaba en una hora. Mientras mama dormía plácidamente junto a su marido,un poderoso abogado de gran nombre llamado Manuel Jones, nosotros ayudábamos a hacer sus maletas y yo le hacia el desayuno. Se habían casado hace diez años, y vivíamos en una hermosa casa en el centro. Ana y yo habíamos tenido todo, yo gracias a Manuel, y a mis dos hermanos, Roger y Lea. Ellos habían hacho nuestras vidas mas fáciles. La de Ana era mas difícil que la mía, a menos después de que comenzó a ir a torneos internacionales, los anos siguientes a mi recuperación no fueron los mas sencillos. Mama me ignoro de forma cruel e insensible, mientras Ana me llevaba un poco mas lejos, me llevaba a mis terapias y me llevaba a mi rehabilitación diaria, para no perder la movilidad. Mi pierna mejoro con el tiempo, pero no pude jugar tenis con Ana jamas. Mis rodillas protestaban solo con mi movimiento a caminar. Lo superé con años y años de terapias, que mi madre solo apoyaba con su chequera cada vez mas vacía. Por eso, en secreto, sabia que no se había casado con Manuel por amor. Pero me ayudo a sobrellevar los años de mi infancia robada. Ana se duchaba, mientras yo colocaba su raqueta en la entrada. Roger y Lea  ayudaban con el bolso de cambios. Todos apoyábamos a Ana, aunque siempre nos quejábamos de lo presionada que se sentía por causa de mi madre. 

Mama no dejaba de decirle lo importante que era eso para ella, pues para Ana había dejado de ser divertido, había dejado de ser su rato de paz, lejos de nuestra loca vida. Yo lo sabia de antemano, pues ella y yo siempre hablábamos de todo. Era la relación que habíamos construido al pasar los anos, que se había hecho de esfuerzo y amor incondicional, mi hermana y yo teníamos todo, todo.

Porque nos teníamos la una a la otra, algo que mi madre nunca llego a comprender realmente. Ana venia bajando las escaleras, con una sonrisa.

-Manu, sabes que yo puedo hacer eso- le sonreí a Ana, todos sabíamos que ella no sabia ni cocinar ni un huevo frito.

-Deja eso, Ana. Ya sabes que nos gusta ayudarte. No saldrías temprano si tuvieses que hacer tu desayuno.

-Pero que presumida que eres, además, ya aprendí a cocinar un huevo frito- solté unas carcajadas, y Ana se unió. 

-Saca el yogurt, anda. 

Lea se no acerco y abrazó a Ana.

-Espero que ganes hermanita, porque después quien se aguanta...- Roger la interrumpió, como solía hacer cuando Lea hablaba mal de nuestra madre. No es que nos molestara. Al menos ellos podían ser sinceros. Para ese momento de mi vida, ya me daba igual que pensasen de ella. 

-Lea, controla la lengua, las paredes tienen oídos.

Roger siempre nos mantenía unidos. El era la clase de hermano protector y sensato del que todas caían enamoradas. Admito que una vez lo considere guapo, pero se me paso a los 2 minutos. El era muy apuesto, con rasgos fuertes, ojos claros, sonrisa fácil... 

Pero seguía siendo mi hermano. No mi verdadero hermano, pero si nos unía algo mas que el matrimonio de nuestros padres. El y Lea habían sido mi sostén mientras Ana se iba a sus torneos. Ellos me habían defendido con unas y dientes de mi madre, y por eso los amaba tanto como a Ana. 

-Siéntate a desayunar, el avión sale en dos horas- le sonreí y le entregue su omelet. 

Le serví a los chicos su desayuno y empecé a lavar los platos.

Esto sucedía a menudo. Nosotros nos levantábamos temprano, ayudábamos a Ana y mi madre se la llevaba a un nuevo torneo. Nuestras vidas giraban en torno a Ana, pero no nos molestaba. Al menos, no a mi, pues mi vida siempre había estado en torno a ella. En retrospectiva habría hecho las cosas diferentes. Pero por eso es que cuento esta historia, porque todos cometimos errores.

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