Capitulo Quince

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_________ estaba buscando las bragas que se había puesto anoche, pero ni siquiera yo recordaba donde las había lanzado cuando se las quité. Terminé de abotonarme la camisa. La cama del hotel era demasiado cómoda, pero ________ tenía planes. Nuevos planes dentro de esa cabecita loca.

—Justin, mierda, mis bragas —se quejó haciendo un puchero.

Le sonreí.

—Vete sin ellas entonces. Si quieres poner en marcha ese plan tuyo, hay que irnos ahora. Porque esta cama está demasiado suave y estoy demasiado cansado.

—Vale. Vámonos, pues. 

La tomé de la mano y nos marchamos de la habitación.

—Repasemos el plan —le dije—. Vamos a la casa del idiota de Collins.

________ soltó una carcajada.

—Sí.

—Le armamos una escena.

—Tú le armas la escena, Bieber.

—Y con mucho gusto.

—Yo lo defiendo.

Fruncí el ceño.

—Esa parte no me gusta.

—Hay que hacer sacrificios —repuso con voz cantarina.

Apreté su mano y seguimos caminando hacia el ascensor.

Media hora más tarde nos vimos frente a la casa del idiota de Collins. ________ y yo vimos la puerta y suspiramos. 

—Aquí vamos —dijo ella.

Soltó mi mano y tocó frenéticamente a la puerta, tantas veces y con tanta fuerza que incluso yo deseé detenerla.

— ¡Ya va, mierda!

_________ siguió tocando la puerta, para echarle más fuego a la escena. Collins abrió la puerta de golpe, con el rostro descompuesto por el coraje. El pelo rubio y rizado se le agitaba cada vez que se movía.

— ¿Ustedes dos que mierda quieren?

Lo empujé hacia atrás. ________ y yo entramos.

— ¡Yo sé que tú quieres separarnos! 

Collins pareció perder la postura por un momento, pero inmediatamente actuó como si no tuviera idea de lo que hablaba.

—Te volviste loco, imbécil —se agitó el pelo—. No tengo ni mierda de idea de lo que me estás acusando.

— ¡Te lo dije, Bieber! —gritó ________—. Collins no fue.

La cara de Collins reflejaba sorpresa. Im-bé-cil.

— ¡Si fue! —grité.

—A ver, Bieber —Collins se acercó a mí sonriendo—. ¿Crees que podría perder el tiempo tratando de separarlos? Si yo lo quisiera, tu noviecita ya hubiese regresado conmigo.

—Eh, no me trates como una muñeca, Collins —protestó ________—. Que no lo soy.

—Es que, ya sabes, andas de pareja con un Ken.

— ¡Al menos no tengo complejo de David Bisbal, con esos risos!

Se hizo un silencio incómodo. ________ soltó una carcajada. Collins y yo la miramos. Ella se aclaró la garganta.

—Perdón —se disculpó.

Contuve una sonrisa. Epa, nena. No te vayas de línea.

—Lo que sea de cada quien, Bieber, no puedes venir a mi casa y acusarme de cualquier cosa.

Le sonreí burlón.

—Impídemelo, pues.

Escuchamos un gritito. Era uno muy bajito, apenas audible.

—Justin —me llamó ________.

Me giré para verla. Estaba inclinada hacia adelante, presionándose el vientre con el brazo. Alzó la mano derecha. _________ estaba sangrando.




DEN ME GUSTA, POR FAVOR.

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