Nos dirigimos a un salón de belleza cercano. No había nadie, así que pasé rápido. Me encontraba nerviosa, detestaba esos lugares, no quería ver mi cabello más corto de lo justamente necesario.
Ignazio se sentó en una silla al lado de una mesita con revistas en una esquina del salón, observándome.
Expliqué que había tenido un incidente con un chicle, y luego de que aquella señora me diera un tremendo sermón sobre como "no debí mutilar mi cabello de esa manera" y de que en esos casos tenía que ir allí y ella hubiera resuelto el problema más inteligentemente.
Procedió a cortarlo y me aterré al ver las enormes tijeras. Expliqué lo mejor que pude que quería mi cabello largo. Pero al final, como siempre, quedó un poco más corto de lo que esperaba.
Había pasado de estar a mi cintura, a la altura de mi busto.
Suspiré frustrada al verme en el espejo, no hubiese sido necesario de no ser por...
-No se ve mal -escuché a Ignazio detrás de mí.
-Lo detesto -respondí bufando.
-A mi me gusta.
Me sonrojé levemente.
-Mi cabello era largo...
-Pero se ve bien. Los cambios son buenos, ahora vamos -indicó con simpleza.
-¿Pagaste?
-Sí.
-Pero yo iba a...
-Sin reclamos.
Por un momento pensé que si fuese una chica habría comprendido mejor mi inmenso dolor por mi cabello.
Salí refunfuñando por mi cabello y porque no me hubiese permitido pagar. No me gustaba ser una damisela en apuros, aunque era un tierno gesto.
Caminamos un rato mientras yo observaba con dolor las mutiladas puntas de mi cabello, él reía de vez en cuando.
-Entonces... ¿Helado?
-Si lo pago yo.
-No.
-Ya pagaste la peluquería, me toca.
-En realidad, el trato era que te invitaba un helado, eso va sin falta por mi cuenta, la peluquería fue un acto de compasión a una pobre niña desamparada de cabello mutilado.
-¡¡Hey!! -Golpeé su hombro.
Lanzó una enorme carcajada y luego trató de abrazarme, lo esquivé y me persiguió hasta lograr su objetivo y darme un beso en la frente.
-Sabes que es mentira.
-Ajá.
-¿Te picaste? -rió.
-No.
-¡Noooooo! -dijo con sarcasmo.
-No.
Luego reí y no pude seguir fingiendo estar molesta.
Sonrió -Entonces llegamos a la conclusión de que pago yo los helados.
-¡Pero...!
-Shh -me calló.
-Yo...
-¡Shh!
Reí y me quede callada. Me encantaba poder ser tan inmadura con alguien de vez en cuando.
Llegamos al puesto de los helados, pedí uno de chocolate y él uno de vainilla.
Pagó, en contra de mi voluntad, claro está.
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Paura D'Amare [Ignazio Boschetto]
FanfictionLos seres humanos estamos condenados a temer al cambio, a lo desconocido y a lo que creemos que podría dañarnos. Preferimos estar en una zona de confort, creando murallas a nuestro alrededor en inútiles intentos de alejarnos de aquello a lo que teme...
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