Epílogo

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Isabella, ahora de 17 años, cargaba a Aaron tratando de calmarlo, pero él solo lloraba y lloraba.

-¡Ignazio! Ven a calmar a tu hijo, parece que a mí no me quiere -gritó la chica, comenzando a desesperarse.

Ignazio rio y se acercó hasta ella, tomando a su pequeño en brazos y mirando a Isabella con reproche.

-Es que no le tienes paciencia -habló mirando al bebé de siete meses que acababa de quedarse callado entre los brazos de su padre.

-No es eso. Es que a mí no me quiere. Míralo, se calló inmediatamente lo cargaste. Igual me pasa con Lea, todo el tiempo. Y era igual con Lucía. A ustedes los quieren. ¡Los bebés me odian!

-¡Pero si Lucía te ama! Se la vive detrás de ti.

-Pero porque ya está grande, tiene 4 años. Cuando era bebé me odiaba. ¡Siempre me halaba el cabello!

-Solo quería jugar... -Ignazio excusó a su hija mayor con una sonrisa- ahora es igual, solo que ya sabe cómo jugar.

-Como sea... -suspiró ella. Resignándose a que los hijos de su prima no la querían- ¿A qué hora llega Lea?

Ignazio miró su reloj. -En... unos veinte minutos.

-¿Y tienes todo listo?

-Casi. Tu tía está terminando la comida. Y yo sigo esperando al chico de las flores, que aún no llega.

-Llámalo.

-Ya lo hice, supuesta... -el timbre lo interrumpió- ¡Debe ser él! Ten -dijo colocándole de nuevo al bebé en brazos.

Ignazio casi corrió hasta la puerta principal, mientras escuchaba a lo lejos el llanto del bebé y los quejidos de Isabella. Sonrió.

Ella le recordaba mucho a Lea a su edad. Tanto en físico como en actitud, se parecían tanto...

Abrió la puerta y suspiró con alivio al ver las flores que había ordenado. Firmó y las adentró en la casa, con ayuda del chico. Las colocó estratégicamente por la sala y repasó mentalmente su lista de nuevo. No faltaba nada. Flores, pastel, comida, invitados... echó un vistazo a la sala y comprobó que todo estuviese en orden. Como lo supuso, Piero y Valerie disfrutaban su tarea de anfitriones, y no es que fuesen muchas personas, unas 15, seguramente, pero ellos se habían ofrecido a atenderlos de todas formas. Mientras tanto, la señora Viviana cocinaba, Ignazio se encargaba de los detalles finales, y, supuestamente, Isabella cuidaba a los niños. Aunque al parecer, dicha tarea se le resistía un poco, sobre todo con Aaron, ya que Lucía, Antonella, y Fabio, estos dos últimos, los gemelos de Piero y Valerie, jugaban tranquilos, y era solo cuestión de vigilarlos.

Y todo eso por el cumpleaños de Leanne.

Ella tenía una semana fuera, dando un par de conciertos con la sinfónica, y ahora que estaba de regreso, justo el día de sus veintiocho años, Ignazio no había resistido la idea de organizarle una pequeña fiesta sorpresa.

Ignazio volvió con Isabella y cargó a Aaron. Isabella seguía molesta.

-No hay manera. Llora demasiado conmigo. Definitivamente no sirvo para esto de los bebés.

-Aun te quedan varios años para prepararte...

-Ni tantos -respondió ella.

Ignazio la miró con severidad. -¿Cómo dices?

-No, no, no. Cálmate. Digo que no seré madre hasta dentro de unos diez años, supongo, pero de todas maneras, no creo que poder lograr que los bebés me amen de aquí a allá. Eso es imposible.

Paura D'Amare [Ignazio Boschetto]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora