Empezando por los libros

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Camino al baño el menor se encontró precisamente con su hermano quien al verlo lo saludó diciendo:

—Bienvenido de vuelta, te ves fatal...

—Supongo que bebí demasiado anoche —respondió sonriendo a pesar de su estado—.

—¿Lo crees?­ —cuestiomó el mayor y le mostró una foto en su celular donde él dormía sobre su brazo apoyado contra el migitorio— es una noche que jamás olvidaremos ¿verdad?...­

­—Al menos no mientras tengas esa en tu teléfono —respondió Sam quien en realidad apenas tenía registro de lo ocurrido, luego agregó­— ¿Ah... Ibas a ocupar el baño?­ ­-—tenía el pelo revuelto y desordenado y los ojos aún un poco pequeños por su momentánea sensibilidad a la luz—.

­—No, estaba yendo a ver si aún respirabas­ —le informó el mayor—.

­—Ha sido mi peor borrachera hasta ahora...

­—¡Sí, estabas muy mal, pero la estabas pasando super! ­No podías parar de reírte...

­—No recuerdo nada de lo que me estás contando —reflexionó— ¿de verdad no lo arruiné?­ —sobrevino una duda repentina—.

­—Para nada —le aseguró el mayor y después de una breve pausa hizo la siguiente consulta— entonces... ¿necesitas té y un anti ácido?­

­—Necesito que apagues todas las luces de la casa... ­—le respondió el menor divertido antes de desaparecer tras la puerta del baño—.

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—¿Y Cass?... ­—preguntó entrando en el comedor ya con aspecto normal—.

­—Salió temprano ­—respondió Dean mientras vertía sobre su taza el agua hirviendo-—

­—Espero que regrese con Caín.

­—O al menos con algo de información ­—agregó el mayor—.

Unos minutos después de que se hubieron sentado el ángel apareció.

­—¿Tuviste éxito? —preguntó el más joven de los hermanos—.

­—Lo encontramos, pero... yo no lo llamaría éxito...

­—Déjame adivinar... se les escapó... —intentó indagar Sammy­—.

­—De hecho esta muerto, descubrimos que se suicidó hace como un mes y medio.

­—O sea que no tenemos nada...­ —respondió algo desanimado—.

­—Encontraremos la manera... —le dijo Cass apoyándole una mano en el hombro-.

El menor asintió con la cabeza y el ángel agregó:

—Ahora que soy un experto en los humanos y sus costumbres, podré avanzar en cualquier investigación sin problemas.

—Hay café caliente... ¿quieres? -—lo invitó el mayor—.

—Gracias, te acepto una taza —le respondió cortésmente y se sentó a la mesa-.

Inmediatamente después de haber servido el café de su amigo, Dean vio un chorro de sangre caer de la nariz de su hermano pequeño, que rápidamente al sentirlo, interpuso el dorso de la mano el cual vio mancharse de rojo.

—Genial... —gruñó por lo bajo, y tiró la cabeza hacia atrás hasta dar con un pañuelo en su bolsillo, el cual le permitió contener la sangre y al fin poder enderezarse—.

—¿Estás bien? —preguntó—.

—No es nada... —le respondió el menor restándole importancia—.

Perdido en la oscuridadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora