Era una noche de luna nueva y Sam se perdía en la vaga contemplación de un cielo de un azul tan intenso que rasaba en el negro, y poblado hasta tal punto de estrellas, que constituía en sí mismo, el reflejo más logrado del cosmos.
En comunión con aquella inmensidad celeste, el mar se extendía a lo ancho del horizonte hasta donde llegaba la vista, levemente encrespado por las agradables ráfagas de viento que dibujaban sus contornos en relieve, y lo hacían visible a pesar de replicar en sí mismo la oscura tonalidad de la noche a modo de espejo.
Así, asomado a un mirador, en un lugar en el que jamás había estado antes y del que no se cuestionaba dónde ni cómo había llegado, Sam se encontraba inmerso en la vertiginosa tormenta de sus emociones e ideas fluctuantes. De la angustia a la incertidumbre, de la depresión a la fortaleza y determinación, del miedo a una sensación de estar completa y absolutamente perdido, y de la confusión al dolor y el remordimiento, su corazón se debatía en una guerra de reproches contra si mismo y esperanzas hacia la actual condición de Dean.
Crowley, que había aparecido por detrás, lo oyó soltar el aire con pesar, y cruzando los brazos sobre la barandilla muy pegadito junto a él le dijo:
—¿Noche difícil?
—Todas lo son... —respondió el cazador— supongo que viniste a llevarme...
—¿Al infierno?... me temo que aún no figuras en mi lista de chicos malos —le respondió—.
—¿Y Dean? ...
—Precisamente de eso quería hablarte... —agregó pronto—.
—Lo que sea que hayamos hecho la otra noche no fue suficiente —dijo Sam en tono reflexivo— pero al menos nos ha dado tiempo... ¿qué dices si me invitas a conocer tu biblioteca personal...?
—No hay nada ahí que preservara la vida de tu hermano... —le respondió sincero el apuesto veterano—.
—Entiendo... —le respondió el menor, cayendo aún más en la preocupación—.
—No obstante la buena noticia es que nuestra magia puede perfeccionarse, y no necesita de antiguas recetas de brujas... —en los ojos que lo miraron perplejos brilló pronto la esperanza y decisión, el moreno continuó— ¿me dejas invitarte un café, en la civilización?
—Claro... —le respondió algo tímido—.
En un pestañeo el paisaje cambió, encontrándose ahora a la velocidad del pensamiento, en la amplia terraza de un restaurant muy distinguido.
Ante ellos, magníficamente iluminada, la gran muralla china se extendía levemente zigzagueante.
La mirada del más joven fue pronto captada por la imponente majestuosidad del antiguo monumento asiático estratégicamente iluminado.
Notando en una segunda apreciación, cómo todo cuanto los rodeaba era impactante, el bar, la gente, las luces... su expresión era la de aquel a quien le resultaba difícil dar crédito a sus ojos:
—¡¿De verdad estamos en la Gran Muralla? —se permitió expresar su sorpresa—.
Íntimamente satisfecho, Crowley sugirió con amabilidad:
—Así es, bienvenido a Pekín.... podemos tomar asiento en dónde gustes—.
Cuando fue a correr la silla de una mesa al aire libre, junto al mirador, no pudo asirla, y sus dedos simplemente atravesaron el metal sin dejar siquiera una impresión táctil cómo si de un holograma se hubiera tratado...
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Perdido en la oscuridad
FanfictionEl rey del infierno y un joven cazador de demonios, se verán obligados a unir fuerzas para enfrentar a un enemigo común, mientras mantienen secretas intenciones en el interior de su frágil alianza. Este juego de máscaras los conducirá a descubrir un...
