En busca del loto blanco

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Esa mañana Sam se levantó antes que el sol. Se pegó un baño, fue a la cocina y en la heladera, llamó su atención un paquete prolíjamente armado con una nota que decía "Buenos días cariño" adentro de un corazoncito hecho a mano alzada con la letra del rey del infierno.

El castaño lo abrió y vió que contenía algo delicioso para el desayuno... preparó café con la esperanza de que el mayor apareciera a acompañarlo pero no sucedió y se quedó leyendo.

Comenzaba a vislumbrar que no podría prescindir de los Wiccas ni aún queriendo hacerlo.

En un momento necesitó desconectar de su tarea y abrió el procesador de texto para armar unas sencillas tarjetas:

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"Samaél Turner- Me ofresco para cuidado de enfermos (Turno noche). Tel. ---"
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Fue a la impresora, hizo tres copias a nueve por hoja y regreso con los papeles (dentro de la notbook cerrada) a la cocina para continuar trabajando ahí, ahora con unas tijeras que sacó del último cajón de la mesada.

Empezó a recortar los carteles y en eso sacó el celular para enviar un mensaje a Grayson:

"Adivina quien soy..."

Volvió a guardarlo y siguió cortando.

Cuando terminó con eso volvió a su habitación a guardar los papeles en el cajón de su escritorio y dejó parte en su billetera por si acaso.

Volvió a mirar el celular, Gray aún no había visto el mensaje... seguro estaría aún dormido, pensó, después de todo se habían marchado a la madrugada.

Acto seguido le mandó otro texto, esta vez solo con un corazoncito rojo.

Tres horas más tarde el rubio no había dado señales provocando en él una urgencia inexplicable que lo hizo llamarlo.

Desde el primer intento la empresa le hizo saber que el teléfono al que estaba intentando comunicarse se encontraba apagado o fuera del área de cobertura, por lo que tuvo que desistir.

Por un momento pensó si Crowley habría podido tener un repentino cambio de ideas y apagarlo para siempre, o si tórpemente habría errado algún número al momento de guardar su contacto, prefiriendo creer en esa posibilidad.

Inspiró profundamente y exhaló con fuerza, como para alentarse a dejar los royos a un lado.

Crowley que podía sentir la inquietud del Winchester en su propio cuerpo, mentalmente pudo influir en él para que dejara de preocuparse, y al poco, ver a Dean llegar lo sacó del todo de sus cabilaciones.

-Buenos días -saludó el rubio-

-Buenos días ¿Todo en órden? -saludó el menor-.

-Si si... -le contestó Dean y ofreció- ¿quieres otro café antes de que volvamos al barrio chino?-

Sam se sonrió, estaba pensando que aquella era una gran idea:

-Sí gracias.

-¿Cómo va eso? -volvió a preguntar el mayor señalando con la mirada el computador-.

-Genial, diría que ya estamos listos.

-¿Para hacer magia? -preguntó Dean levantando una ceja.

Sam, cuyos ojos brillaban ilusionados asintió con la cabeza y solo dijo:

-El conjuro de convocación a la diosa kuan Xing.

-¿Realmente crees que no va a...? -dudó el mayor.

-¿Mandarte al infierno? -bromeó Sam para descomprimir- es la diosa de la misericordia así que no Dean, por Dios.

-Ok, hagámoslo -y al cabo de un momento de silencio agregó- pero si llegara a tener otros planes para mí... no te culpes por favor... ¿lo prometes? -dijo con los ojos algo vidriosos-

Perdido en la oscuridadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora