Mientras compartíamos la merienda con mi padre y Vian noté tensión en sus miradas.
—¿Qué están tramando?— Pregunté.
—¿Por qué lo dices?— Mi padre se adjudicó la pregunta.
—Por qué algo ocurre y no me lo quieren decir—
—No es eso, en realidad hija necesito hablar contigo—
—No hablaré con ella, ni la llamaré, tampoco la veré de lejos— Dije con calma refiriéndome a mi madre.
—Nadie te obligaría, respetaremos tus tiempos ahora— Respondió seriamente.
—Me alegra oír eso—
—El tema ahora es otro, tú sabes que te amo, ésta es tu casa, tu llegada nos hace felices a todos, pero comprendo que tienes tu vida y seguramente extrañas a tus amigas, la escuela, no lo sé, tus cosas y lugares, sabes que a partir de ahora yo estaré siempre y puedes venir tantas veces quieras, ya te digo, es tu casa—
Me enderecé rápidamente.
—¿Me estás corriendo?— Sentí que mi nariz me picaba y los ojos se me llenaron de lágrimas.
—No mi amor, jamás haría algo así, es que quiero que sepas que si decides o en algún momento sientes que necesitas regresar, yo comprenderé, no voy a pedirte que dejes toda tu vida para que vivas conmigo, entiendo que ya tienes una vida en otro lugar—
—Te he buscado todo este tiempo, tanto como me has buscado tú a mí, no es tener una vida cuando te falta algo tan importante, simplemente pasó el tiempo. Sí extraño, salía a bailar todos los fines de semana y me juntaba con mis amigas con las que crecí, pero si regreso te extrañaría demasiado, no quiero volver—
Sujetó mis manos y me sonrió complacido.
—¿Estás diciendo que decides quedarte?— Fue una pregunta movilizadora, de alguna manera me había acostumbrado a tener a mi gran ídolo conmigo. Inclusive lograba verlo como mi padre, aunque a veces me emocionaba más de lo normal.
—Permanentemente— Respondí y un torbellino de emoción cruzó por todo mi cuerpo cuando lo dije en voz alta.
—Muy bien, entonces, debo resolver algunas cuestiones—
Se levantó bruscamente, me besó las manos y salió de la cocina cantando.
Lo miré a Vian, no sabía cuánto le importaba mi decisión, solo me sonrió y continuó tomando su café despreocupado.
Levanté la taza de mi padre y la mía para lavarlas, Rosa siempre me reprendía cuando lo hacía pero me sonreía con gratitud, estaba acostumbrada a trabajar en los quehaceres de la casa y era una sana costumbre que no deseaba perder, por más dinero y gente del servicio doméstico que mi padre tuviera.
—Así que— Dijo Vian, su mirada era perturbadora, casi maliciosa.
—¿Sí?— Seguramente me hablaría de mi estadía permanente.
—Recuerdas el día en que llegaste, creí que con la fiebre eran momentos confusos—
—Recuerdo todo muy bien— Sabía a donde quería llegar.
—¿Una colección de músculos?— Me estaba provocando y eso iba a ser divertido.
—¿Necesitas que te lo reafirme por tu baja autoestima?— Rió contento.
—No, me sorprende semejante comentario, con tu amiga te vuelves irreverente, te conviertes en otra persona—
—No Vian, con ella soy yo misma—
ESTÁS LEYENDO
Si supieras
Teen FictionConocer a tu ídolo Descubrir que es tu padre... Mell es una joven adolescente con una vida ordinaria y simple, la única diferencia es la ausencia de su padre y el manto de misterio que su madre se dedicó a tejer sobre él. El camino de su búsqueda...
