El secreto

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La tarde llegó inexorablemente, fuimos a la casa de mi mamá, ya había accedido a escucharlos con la simple condición de que Vian nos acompañe, caminando las seis cuadras, la tensión de mi padre era notoria y lamentablemente, contagiosa. Mi mamá nos esperaba en la puerta, con la mirada cargada de ansiedad, me abrazó fuertemente antes de entrar y nos dirigimos a la cocina, en el camino pasé por mi recámara y accedieron a darme un momento a solas, necesitaba de alguna manera despedirme simbólicamente. La recorrí observando cada detalle, todo estaba intacto, abrí la puerta del viejo modular y miré las fotografías pegadas en ella, todos mis amigos estaban ahí, entre medio las caras sonrientes de los muchachos en los que me había fijado en algún momento, sonreí contenta, sabiendo que ahora compartía mi vida con el muchacho más apuesto que había conocido.

Me senté en la cama e introduje la mano debajo de la almohada, saqué la fotografía que atesoraba y con la cual lloraba cada noche, me vi sonriente junto al rostro de Manuel, que me abrazaba por detrás, en verdad era la mejor fotografía que nos habíamos tomado, en general no era tan fotogénico.

Vian se asomó por la puerta, tuve el impulso de esconder mi mano pero quedé paralizada, como si me hubiera pillado. Se acercó sin decir nada y se sentó junto a mí. Deslicé lentamente debajo de la almohada la fotografía y lo miré forzando una sonrisa.

—¿Vienes?— Me preguntó.

—Te quedas conmigo, te necesito a mi lado— Supliqué.

Vi un gesto que nunca había hecho antes y asintió con la cabeza solemnemente.

Entramos de la mano a la cocina, me sentía afiebrada, mi corazón no latí, era más bien un zumbido dentro mío. Ellos me esperaban sentados alrededor de la mesa.

—Mell, quiero que sepas el motivo por el que huí contigo— Dijo mi madre en cuanto me senté.

—Realmente no me interesa saber lo que te ha hecho, el problema que tienes con él es algo de ustedes dos, y son sólo ustedes los que deben resolverlo— Dejé en claro que no deseaba escuchar a mi madre hablar de los engaños de mi papá.

—Hija— Mi padre tomó la palabra —Necesito que nos escuches, sé que no ha sido fácil la manera en la que te has enterado quién eras y todos los cambios que han ocurrido en tu vida— Sus ojos estaban cargados de súplicas —Pero realmente necesito que sepas la verdad, despierto cada día con miedo, pensando que quizás sea el día en que te enteres lo ocurrido y no puedas perdonarme—

—¿Cómo piensas algo así?— Su pensamiento era irracional.

—Escucha a tu madre, por favor—

Miré a mi madre dispuesta a escuchar, la curiosidad había ganado.

—Estaba enamorada de tu padre desde antes de conocernos, él era el cantante del momento, no es que tu carrera no esté pasando por un buen momento— Aclaró ella mirándolo, él sólo le sonrió, ya no me agradaba lo que veía —El día que nos conocimos fue mágico—

—Me enamoré de tu madre desde el primer momento en que la vi— Dijo él y se sonrieron.

—Nuestra vida no era perfecta— Continuó mi madre —Su fama sin dudas era una situación difícil de llevar para mí, pero lo amaba y aceptaba todo— Su gesto se puso serio —Tu padre tenía problemas de adicción—

—Lo sé— Respondí desdramatizando su pasado.

—Cuando nos casamos él se controlaba bastante— Continuó —Pero hacía muchas fiestas y por supuesto las sustancias estaban presentes. Cuando tú naciste decidió dejarlas— Mi padre mantenía los ojos clavados en la mesa con gesto serio, sin dudas esos no eran recuerdos felices —Pero como sabes no es algo tan simple. Era un hombre rico, famoso, con una gran personalidad, daba fiestas multitudinarias y tenía muchas malas amistades, que lo hicieron entrar en el negocio de las drogas—

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