Recorrida

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Abrí los ojos al otro día, el Varón se encontraba cerca con su mirada clavada en mí, me sentí halagada, hasta mi sueño encontraba interesante, pero también un tanto cohibida.

—Buen día, pareces un ángel cuando duermes—

Me reí de lo absurdo de sus palabras, hacía años que mi madre había dejado de hacer esa comparación.

—Buen día—

—¿Cómo te sientes hoy?—

—Bien, dispuesta a pasar al cuarto de baño—

—Seguro, iré a la cocina y te prepararé algo para el desayuno—

—Gracias—

La ropa con la que había viajado estaba limpia y doblada en un estante del vacío guardarropa, la tomé y me dirigí a ducharme.

Resultaba estimulante quitarme el olor avinagrado tan vergonzoso.

Me vestí y cepille mi cabello, sería muy bueno tener otra ropa más acorde al lugar, que me hiciera sentir que merecía ser su hija, pero ésta era yo y no iba a poder cambiar mucho.

Mi padre me esperaba sentado junto a Vian, en la mesa había una gran tetera, una bandeja de croissant, pan, cereales. El olor a café era delicioso.

—No sé qué prefieres desayunar— La voz de mi padre sonaba apenada.

—El café huele bien—

Vian se levantó rápidamente de su silla y buscó la cafetera, mi padre prefería el té. Deseé haber pedido té como él, quería que me viera tan perfecta como se pudiera, pero ya era tarde.

Rosa recibía el halago de los dos hombres que devoraban los croissants, al parecer esa mujer los había elaborado esa misma mañana, miraba la escena con una sonrisa dibujada en mi rostro, pero aún me sentía aturdida por su presencia. La puerta se abrió bruscamente, Denisse entró cargando más bolsas de las que sus manos lograban sujetar.

—Buenos días— Dijo sonriente, mientras desparramaba su botín.

—¿Te has divertido hoy?— Me gustó el sarcasmo del Varón.

—Mucho, sobre todo sabiendo que es para ella, he hurgado en lugares que nunca me había atrevido antes. Deberás probarte la ropa, no estoy segura de tu talla— Dijo con rostro despreocupado mirándome.

No me salieron las palabras.

—Todo puede cambiarse si no es de tu agrado— Dijo con tono especulativo.

Mi vergüenza fue tan grande que deseé salir del lugar, Denisse y mi padre miraban a Vian con ansiedad.

—No sé qué decir— Hablé con sentimiento —Es mucha cantidad de ropa, ni en todo un año habría comprado tanto—

—Pues acostúmbrate cariño— Me animó relajada —Mientras estemos cerca los paseos de compras serán casi cotidianos— Dijo satisfecha.

La expresión de mi padre me distrajo, se movía incómodo en la silla.

—Hija, también te he comprado algo— Revolvió en el bolsillo y me tendió una pequeña cajita envuelta en papel rojo.

Mis ojos reflejaron sorpresa, pero me complacían tantos regalos, abrí la caja rápidamente y encontré un celular plateado, brillante y sumamente sofisticado, pude sentir los ojos fijos en mí, sonriendo frente a mi expresión.

—Imaginé que te gustaría uno mejor— Explicó.

—Es grandioso, aunque dudo que sepa usarlo—

—Vian puede enseñarte su funcionamiento, después de todo él lo ha elegido—

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