Festejo

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El nueve de Octubre se acercó inevitable, Vian contaba con tanta suerte que hasta su cumpleaños caía un día sábado, con Denisse habíamos organizado la fiesta de su vida, como le gustaba decir a ella, en el fondo sentía miedo, me llenaba de inseguridad la cantidad de mujeres a las que debimos invitar, aunque la organización ocupó gran parte del tiempo que me quedaba libre luego de largas horas de estudio, que afortunadamente había pasado con él y no me permitió pensar mucho al respecto.

Me miré por enésima vez en el espejo, adoraba cómo el conjunto que había elegido lucir esa noche estilizaba mi figura, la tela morada caía suave y brillante delante, la espalda descubierta hasta la parte baja agregaba un detalle sexy, los zapatos de plataforma y el peinado alto del estilista me aumentaban unos veinte centímetros, parecía mucho mayor y eso me hacía sentir satisfecha, esa noche estaba decidida a pasarla bien, sin preocuparme por quién estuviera invitada.

Me acerqué a la alcoba de mi padre y lo encontré abotonándose la camisa de su hermoso traje gris, el pelo engominado, peinado hacia atrás y su rostro recién rasurado lo hacían ver juvenil.

—No sé cómo lo haces pero cada día te encuentro más bello— Rió feliz con mi comentario.

—¿Sabes que estaba enamorada de ti? — Le dije mientras ayudaba con los botones —Cuando era pequeña quería casarme contigo, hasta que me di cuenta que mamá también lo estaba—

Colocó sus manos sobre mis hombros sonriendo.

—A pesar de todo has pasado por las etapas que las niñas pasan con su padre, es normal que las pequeñas vean a su padre como el hombre con quien quieren casarse—

—Sí, lo sé, "complejo de Edipo", de todas maneras siempre has sido muy guapo y nunca me han agradado las novias que has tenido— Su carcajada sonó fuerte en el aire —¿Por qué solo te has fijado en muchachas jóvenes y modelos?—

—No lo sé, porque son lindas supongo—

—¿Y si no miden un metro ochenta y tienen el cuerpo operado no son dignas de tu interés? — Esa pregunta era completamente personal, de su respuesta dependía mi amor propio.

—Me he fijado en muchas mujeres que no son modelos, sabes que no puedes creer todo lo que dicen las portadas, tu madre nunca lo fue, no alcanza el metro setenta y sin embargo ha sido el gran amor de mi vida—

—Sí, pero ahora solo miras a las modelos ¿Es que solo ellas están a tu altura? Y no me refiero solo a lo físico—

—Es porque son lindas, atractivas y yo soy un hombre ¿Qué quieres que te diga? Si una mujer hermosa se acerca, solo caigo bajo sus encantos—

—Espero que no te encantes mucho ahora que estoy yo aquí— Los celos eran absolutamente notorios.

—Tú has sido y serás la mujer más importante de mi vida, podré conocer a miles pero solo tú tienes mi corazón ¿Lo sabes, verdad?— Sus palabras me llenaron de paz, ese tema me inquietaba, era absolutamente consciente de lo celosa y posesiva que me volvía con los hombres que amaba y no podía evitarlo.

En el camino al gran salón hicimos una parada, Denisse nos esperaba en la puerta de su edificio, llegamos en la limusina una hora y media más tarde, como habíamos planificado, apreté fuertemente la mano de mi padre antes de atravesar las pesadas cortinas que cubrían la entrada, un animador anunció nuestra llegada y más de un centenar de ojos se apoyaron en nosotros haciéndome sentir aún más inquieta, respiré hondo, saqué pecho y levanté la frente, esa noche nadie me acobardaría, me lo repetía una y otra vez intentando convencerme.

Saúl fue el primero en venir a saludarnos, algunos músicos que estaban cerca también vinieron a nuestro encuentro y en pocos minutos compartíamos una pequeña reunión de conocidos y amigos de mi padre. Los camareros revoloteaban a nuestro alrededor y poco a poco me fui distendiendo.

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