El escenario se encontraba en un gran espacio abierto, la tierra era seca, unos altos y delgados árboles rodeaban el perímetro, mi padre ubicado en el centro del escenario marcaba las luces, nosotros permanecimos parados a un costado, junto a un gran telón, era un alboroto de gente, algunos ensayaban, otros se concentraban o charlaban en grupo.
Nuestra llegada tuvo una conmoción muy evidente en un grupo especial, el de las bailarinas, como me lo temía, era desesperante ver cómo se lo comían con los ojos a Vian, que se encontraba junto a mí, no había una chica que no lo mirase, hacían risitas y se pavoneaban delante mostrando sus espectaculares cuerpo, aunque tapados con largos abrigos dejaban entrever sus atractivas y largas piernas. Una en especial era la más obvia, se colocó frente a nosotros y comenzó a estirar, haciendo alarde de su facilidad para contorsionarse, en cada movimiento que hacía lo miraba, Vian mantenía una expresión indiferente, pero era imposible que no la viera, no podía soportar semejante despliegue, lo miré y le dije en voz bien alta.
—No permitas que me convierta en algo así cuando pasen los años— Lo que generó una sonora carcajada en Vian y una mirada fulminadora en la bailarina.
El me miró con un brillo alegre en sus ojos y una amplia sonrisa.
—Eres atrevida— Negando con la cabeza sin desarmar la sonrisa. Me sentí satisfecha, sin darme cuenta que había desatado una guerra con aquella mujer, porque aunque no era mayor, apenas tendría la misma edad de Vian, a las mujeres siempre les molesta las comparaciones con las más jóvenes.
El ensayo comenzó, nos apartamos de la entrada y salida de los músicos, sonidistas, iluminadores y el resto de las personas que trabajaban. Cuando llegó el momento de la entrada de las bailarinas esta chica con todo el descaro se acercó a Vian, dejó caer su abrigo y se lo colocó en su mano. Era el colmo, él no tenía porqué sostenerle nada a nadie, ni siquiera yo le pedía que haga eso, su insinuación no podía ser más obvia y me molestaba muchísimo, más aún luego de la mirada maliciosa que me envió. Debí morderme la lengua para no gritarle algunas barbaridades. Vian dobló el abrigo en su brazo, mantuvo un gesto apacible pero serio. No me miró en ningún momento.
Mi padre comenzó a cantar y marcar luces, cada tanto paraba y definían detalles. Me sentía volando en algún lugar mágico, realmente la suerte había jugado a mi favor, porque si bien me había perdido de crecer cerca de él, era consciente que aún podía estar en la casa de mi madre ignorando la verdad. Su voz sonaba increíble, el lugar era imponente, pero lamentablemente esa bailarían me había arruinado aquel momento, no podía relajarme y disfrutarlo, el tapado que Vian sostenía en su brazo me pesaba a mí.
Una vez terminado el ensayo esta mujerzuela volvió con toda su soberbia, pasó junto a nosotros y se apoyó sobre una mesa que se encontraba detrás, escribió sobre un papel y con una sonrisa triunfante se acercó a Vian, tomó su abrigo y le dio el papel que acababa de escribir.
—Cuando quieras— Le dijo usando toda la sensualidad en su voz. Luego me miró y su sonrisa sexy se transformó en una malévola, era evidente que sentía que estaba ganando una guerra que ella misma había comenzado. Vian vio cómo le mantenía la mirada a esta mujer mientras caminaba con aires triunfales hacia las demás bailarinas que la esperaban como hienas saboreando su victoria, él se acercó a ellas con gesto serio y le devolvió el papel, sus labios se movieron pero no alcancé a escuchar, por los gestos de ella y de las demás fue algo inesperado, y definitivamente no le gustó.
Sentí el abrazo y el beso eufórico de mi padre, luego se alejó para hablar con los muchachos de la banda. Cristián, el coreógrafo, pasó cerca y aproveché la oportunidad, lo llamé sin que mi voz sobresaliera de las demás, sin dudarlo y por puro respeto se acercó a mí.
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Si supieras
Roman pour AdolescentsConocer a tu ídolo Descubrir que es tu padre... Mell es una joven adolescente con una vida ordinaria y simple, la única diferencia es la ausencia de su padre y el manto de misterio que su madre se dedicó a tejer sobre él. El camino de su búsqueda...
