Capítulo IV: La Clase de Adivinación

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Me encontraba bajando las solitarias escaleras que conducen a las mazmorras, ya con mi varita en la mano. Estaba dándole vuelta a todos los temas que me acogían cuando alguien me tomó desapercibida de un brazo y me empezó a jalar hacia un rincón del vestíbulo. De inmediato pasé por debajo del brazo que me aprisionaba y le tomé del cuello para estrellarle contra la pred.

— ¡Sirrah, soy George, soy George! —avisó con voz ahogada.

— ¡George! —grité espantada, soltándolo— ¿Cómo se te ocurre tomarme así? ¿Estás bien?

Se tomó el cuello, carraspeó y me miró con un solo ojo.

— Me podría haber liberado fácilmente —aclaró rápidamente—, pero fue inesperado y... ¿Por qué estás tan alerta? ¿Estás bien? 

Asentí mientras peinaba su cabello y arreglaba el cuello de su camisa. Me sentía demasiado culpable, pero no sólo por esto, sino por no haber estado durante las vacaciones, por no poder decirle la verdadera razón, por no poderme abrir así con él. ¿Y si mi padre hubiese sabido que estoy saliendo con un Weasley? Sentí escalofríos de sólo pensarlo.

— Lo siento mucho —dije sincera.

— No es nada, no se me ocurrió llamarte. Lo tendré en cuenta para la próxima —esbozó una sonrisa. Intenté imitarlo, pero mi sonrisa quedó corta.

— En realidad, me alegra verte. Creo que tenemos que hablar de algo...

— Sí, te he estado buscan- espera, ¿"Tenemos que hablar"? —repitió incrédulo— . ¿Es algo malo? ¿Qué sucede? —humedecí mis labios, sin saber cómo decirlo.

— George...

— Oh, no, ya sé para dónde vas —bufó, desviando su mirada.

— ..., te mereces algo mucho mejor que esto —continué. Él me miró con el ceño fruncido— . No siento que pueda tener algo con alguien ahora, ¿sabes? Han pasado muchas cosas... y no me siento lista para compartirlas, ¿entiendes? —suspiré— . Yo creo...

— Detente —me pidió y pasó una mano por su cabello— . Me gustas, Sirrah, y te entiendo, de verdad. Sé que estuviste ocupada durante todo el verano, y te perdoné el abandono —rió con tristeza— , pero si quieres... terminar... yo, bueno, yo... 

— Me gustas mucho —susurré— , pero no puedo... Podemos continuar con una buena amistad, ¿a que sí? Siempre la hemos tenido —me arriesgué a proponer, esperaba que no creyera que sólo lo decía para hacerlo sentir mejor.

— ¿Qué clase de amigos? —sonrió, para mi sorpresa— . ¿De los que se besan a escondidas o...? —reí levemente.

— ¿Sin promesas?  

— Correré el riesgo —se encogió de hombros. 

Lo contemplé por unos segundos.

— No suena mal —sinceré y lo tomé del cuello. En ese preciso momento me resultaba mucho más atractivo. George me tomó de la mejilla para besarme con decisión, y me empujó más hacia él con su otra mano, encerrándome en sus labios.   

— Tenía razón —dijo en un murmullo cuando nos separamos— . Eres mucho más madura.

— No hay porqué complicarse —me encogí de hombros— . No voy a mentirte, no sé qué es el amor... Me suena más a una broma cuando hablo de él a esta edad... Pero, si quieres besarme y yo quiero besarte, bueno, eso es diferente —sonreí.

George, divertido, me besó de nuevo.

— Buenas noches, Sirrah —susurró y desapareció por el corredor que lleva a la escalinata de mármol.

Sirrah Black & el Prisionero de Azkaban | SBLAH #3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora