Me encontraba atónita. Había sido algo tan espléndido, resplandeciente, hermoso. Casi parecía música.
Harry acercó la mano que sostenía su varita hacia el animal galopando, y éste, entre sus dedos temblorosos, se esfumó.
— Cornamenta... —susurró.
— Harry... No puedo creerlo... —musité, soltándome de su mano para mirarlo de frente— . ¡Eso estuvo increíble! ¡Fuiste tú! ¡Nos salvaste! —lo abracé con fuerza y de inmediato sentí sus brazos encerrar mi cintura— . ¡Podría ponerme a gritar justo ahora!
Harry rió en mi oído. Cuando intenté retirarme un poco para mirarlo, inadvertidamente quedé a sólo centímetros de su rostro y sentí ruborizarme. Inevitablemente, como por magnetismo, mis ojos bajaron hasta su boca.
— Pero no lo hagas —habló una voz detrás de nosotros, acompañada de cascos. Nos sobresaltamos— . O Snape podría vernos.
Confundida, miré a Hermione; jalaba a Buckbeak por su cuerda. Ella me lanzó una mirada elocuente y me solté de Harry de inmediato.
— ¿Así que... tu Patronus es un venado, ciervo...? —interrogué con la voz rasposa.
— Ah... un ciervo, sí —me sonrió.
Yo desvié mis ojos hacia el otro lado del Lago Negro, en donde Severus hacía aparecer tres camillas para Sirius, Harry y yo, mientras que a su lado flotaba Ron, inconsciente.
— ¿Tú en dónde estabas, Mione? —pregunté al no verla por ningún lado.
— Snape me ordenó que fuera a la enfermería —se encogió de hombros, abrazando a Harry con energía— ¡Haz hecho magia avanzadísima! —sonrió, sin dejar sus piernas quietas.
— Sabía que lo podía hacer —confesó él con diversión— , porque ya lo había hecho... ¿No es absurdo?
— ¡Es genial! —exclamamos ambas al unísono— . Tenemos que aprender ese hechizo... —agregué.
— Bueno —dijo un poco más duro mi mejor amiga, consultando con nerviosismo la hora— , ya casi es el momento. Disponemos de unos cuarenta y cinco minutos antes de que Dumbledore cierre con llave la puerta de la enfermería. Tenemos que rescatar a Sirius y volver a la enfermería antes de que alguien note nuestra ausencia.
Los tres nos sentamos en el suelo, aguardando pacientemente. Yo estaba que me arrancaba las uñas de un solo mordisco, porque no sabía qué decirle a Sirius. Ni siquiera sabía si vería a Cepheus cuando volviera a casa...
— ¿Creen que pueda escaparme con él hoy? Ya terminamos los exámenes... —comenté con ligeramente la idea vaga en mi cabeza.
— ¡NO! —me gritaron ellos dos, sobresaltándome.
— Bien, bien. Cálmense... —apoyé mi mentón en mi mano, examinando cómo el Lago Negro reflejaba el movimiento de las nubes. Ya no se hallaba congelado y la naturaleza parecía estar dormida. La atmósfera mostraba una tranquilidad vívida, hasta que divisé a una figura salir del castillo, removiendo mis tripas al reconocerlo— . Oh oh... ¡Es Macnair! ¡Va a buscar a los dementores! —exclamé, poniéndome de pie de un salto.
— ¡¿Qué?! —se alertó Harry, ambos ya a mis lados.
Los tres nos dimos una mirada rápida y entendimos que era hora de llevar a cabo la verdadera misión. Hermione posó las manos en el lomo de Buckbeak y Harry la ayudó a montarse; después me dio impulso a mí y luego se montó él delante de nosotras, como el "jinete" del hipogrifo.
— ¿Preparadas? —nos susurró— . Será mejor que se sujeten a mí —la castaña rodeó sus brazos en su vientre mientras que yo, que iba en la parte de atrás, enrosqué mis pies con los de ella. Quería sentir el vuelo al máximo.
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Sirrah Black & el Prisionero de Azkaban | SBLAH #3
Hayran KurguSirrah Black ha sufrido las consecuencias de su desobediencia y, de mano de su madre y el director Dumbledore, encontrará verdades sobre su origen que presagian un futuro bastante turbulento. Sin lograr desligarse completamente de su familia, Sirra...
