Capítulo III: El Dementor

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No había podido dormir durante toda la noche, buscaba hacer conjeturas sobre la historia que yo conocía y la que todo el mundo creía conocer, pero nada parecía tener sentido. Llegaban muchos momentos en los cuales me rendía ante la historia pública, pero habían lagunas que no me permitían proseguir: si Sirius Black es la mano derecha de Voldemort, ¿por qué mi familia lo desheredó? ¿Por qué abuela Walburga fingía sólo haber tenido dos hijos y por qué su retrato lo llama traidor en más de cien lenguas? ¡Nada conectaba! 

— Sirrah —llamaron a mi puerta— , linda, tenemos que ir a King's Cross. ¿Ya te arreglaste? —emití una leve afirmación para luego ponerme de pie y abrir la puerta.

— ¡¿Pero qué te ha pasado, madre?! —su rostro tenía aspecto enfermizo, con grandes ojeras bajo sus ojos cansados y su piel teñida de color cetrina.  

— Me siento un poco enferma. Luego de dejarte en la estación tendré que prepararme una poción. Toma tu equipaje que ya nos vamos.

Realmente parecía desanimada, así que tomé mis maletas sin reponer nada y bajé con ella hacia el bar, en el cual toda la familia Weasley se encontraba desayunando.

— Buenos días —se puso de pie Molly, sonriéndonos— . Sirrah, creo que te debemos una disculpa —le hizo una señal a su marido, no obstante, éste no comprendió— ... Arthur... —dijo entre dientes.

— Lo lamentamos, señora Weasley, pero estamos con prisa —intervino mi madre— . Estoy segura que mi hija acepta las disculpas —sonrió.

— Oh, claro, claro... ¿No se quedan a desayunar?

— Me temo que no —apresuró mi madre, observando la mesa— . Un gusto conocerlos a todos —se detuvo en Harry por unos segundos y caminamos fuera del hospedaje. 

Media hora después ya nos encontrábamos en la estación King's Cross. 

— Entonces, ¿estás lista para tu tercer año? —me preguntó antes de cruzar el muro— . ¿Tienes todo? ¿La piedra filosofal, el colmillo del basilisco, algún permiso...? —sonreí ante su mención de mis anteriores aventuras, pero entonces me detuve.

— ¿Permiso? —repetí— . ¡El permiso para ir a Hogsmeade! —exclamé angustiada, llamando la atención de algunos muggles. Ella rió.

— Me alegra que te hayas acordado —me pasó el sobre— . Lo firmé desde que llegó —me tomó de los hombros, mirándome fijamente— . Ten cuidado, porque eso de que yo esté más pendiente de tus cosas que tú misma, francamente... —sonreí.

— Gracias —la abracé— . Oye, ¿por qué nunca pasas el muro? ¿No quisieras volver a ver el Expreso de Hogwarts? —ella hizo una mueca con sus labios, negando— . De acuerdo... Adiós —la saludé con la mano y me dispuse a pasar.

Tomé a Ara y la posé en la rejilla portaequipajes, buscando un vagón mientras arrastraba mis baúles. Me concentré en encontrar un compartimiento vacío, lo que parecía ser un tanto imposible. Todos estaban abarrotados de estudiantes riendo, parloteando, gritando... Estresante.

— Siéntate aquí —me tomó del brazo un chico. Me volteé al instante para encontrarme con Draco, quien tenía sus cejas un poco juntas y me sostenía fuerte de mi túnica— . Sirrah, siéntate con nosotros.

— No —intenté soltarme, pero él no me lo permitía. 

Me importa más el cumpleaños de Bulstrode que tus estúpidas disculpas.

— Oye, lamento todo lo que pasó, de verdad, no era mi intención que sucediera lo que sucedió...

— Pero lo has dicho: sucedió —contesté cortante.

Sirrah Black & el Prisionero de Azkaban | SBLAH #3Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora