8 - Sospechas

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Después de salir con alguien más que no fuera uno de mis amigos cercanos, no sé por qué mi conciencia retumbaba dentro de mí, como si hubiese cometido un pecado. Quizá no me retumbaba por el hecho de salir con Caro, un compañero de mi salón de clases, sino por dejar que él, con quien Salí al cine, me agarrase de la mano durante toda la película.

De regreso a casa me arrepentí de haber aceptado la invitación de Caro. Mientras caminaba, tomé la decisión de no volver a salir con él a ninguna parte. Su idea equivocada, de pensar que los dos salíamos, no me gustó para nada.

Prendí mi celular, y noté que tenía cinco llamadas perdidas. Eran de mi mejor amigo Max. Si él me llamó, entonces tenía que estar de regreso en su casa, porque Max tenía la costumbre de contactarse conmigo cuando terminaban sus citas.

Marqué el número de Max para llamarlo, pero mi celular vibró en mis manos antes de marcar el último digito. En la pantalla apareció el nombre de Max. Contesté de inmediato.

—Caramel, no apagues tu celular. ¿Ya estás de regreso?

—Sí, estoy cerca de casa. ¿Vienes?

Sentí una pequeña pausa al otro lado del teléfono. "Debes estar cansado", iba a agregar para darle una excusa si es que me decía que no quería venir, pero...

— ¿Con quién saliste? —preguntó con un extraño tono de voz, como si me estuviese regañando.

Me preocupé, no había razón, aun así lo hice. Normalmente siempre salía con mis amigos más cercanos cuando él no estaba. Al finalizar su cita con alguna enamoradita de turno, y después de que yo regresara a casa luego de salir con mis amigos, Max no solía hacerme ese tipo de preguntas cuando nos encontrábamos. El no andaba vigilando ni controlando con quien y a donde salía, por eso su repentina pregunta provocó que mi piel se erizara. Su interés por saber con quién había salido, me hizo recordar los labios húmedos de Caro sobre los míos, la firmeza de su tacto al sujetar mi mano y sus palabras cuando nos despedimos: "Nosotros estamos saliendo".

—Por qué —pregunté con torpeza.

—Tu mamá me dijo que saliste al cine con un amigo. Llamé a nuestros amigos, y ningún de ellos me dijo que salió contigo. Si no saliste con ellos, entonces con quién.

—Y a ti como te fue, Max. Seguro de divertiste mucho. No tenía ganas de quedarme en casa, por eso Salí.

—Con quién.

No había razón para quedarme callado, pero lo hice. Es que no había sido una salida normal, por eso la conciencia me torturaba. Me daba miedo responderle, aunque... yo no tenía la culpa de nada como para sentirme mal. Caro era el único culpable por hacer y decir tonterías sin mi consentimiento. Su amistad insana estaba ensuciando todos mis principios, y también ensuciaba mi mente.

"No tiene nada de malo salir con un amigo". "No tengo que temer nada"

—Con un compañero del colegio. Miramos una película...

— ¿Cómo se llama?

Mis labios temblaron. No tenía deseos de pronunciar el nombre de Caro a Max, pero...

—Se llama Caro —respondí despacio—. Es uno de los compañeros más aplicados de mi clase.

—No recuerdo a ningún Caro en tu clase.

—No llama la atención, debe ser por eso. En cambio Caro sí te conoce. Es que tú llamas la atención de todos, Max.

—Lo sé, y tú llamas mi atención.

—Nos conocemos desde pequeños, supongo que es por eso.

Me preocupé en vano, pensé. No volvimos a mencionar a Caro en nuestra conversación por celular. Continuamos hablando normal hasta que llegué a casa, donde mi mejor amigo Max me esperaba.

No quería seguir sintiéndome culpable frente a Max. Esa misma noche, después de que Max se fuera a su casa, decidí llamar a Caro. Mis dedos se pusieron tiesos antes de poder marcar el primer número de su celular. Me sentí un tonto. No había razón para llamarlo, simplemente me distanciaría sin excusas ni exigencias Hacia él.

Lamentablemente, desde ese día para Max, Caro existió.

No todo estaba bien. No bastó intentar distanciarme de Caro, porque él no dejaba de mantener contacto conmigo, y lo peor fue que al parecer mi mejor amigo se daba cuenta de la incomodidad que trataba de ocultar.

La mirada de Caro me quemaba durante los recreos de mi colegio. Me miraba y sonreía en medio de sus amigos que no se percataban de la comunicación silenciosa que intentaba tener conmigo. Mis amigos tampoco se daban cuenta de la mirada de Caro en mí... menos Max.

—Tu compañero de clases no me agrada —Max me dijo cuándo regresábamos a casa luego de un viernes de colegio.

—Quien, cuál de ellos —fingí no saber a quién se refería, aunque si lo sabía, y muy bien.

—Ese tal Caro.

—Ah, él.

—Sí, ese con quien saliste al cine.

—Verdad —dije como si no recordara aquella salida—. Esa vez no había nada que ver, porque ya lo había visto todo contigo. Ahora se han estrenado nuevas películas. Hay unas buenas que podemos ver, Max...

Mi torpe intento de desviar la conversación fue interrumpida. Max se paró frente a mí con su mirada fija en mis ojos. Me asusté. Sus palabras podían cortarme en ese momento, decirme que sabía lo sucio de mi comportamiento, aunque yo no me consideraba culpable.

Intenté desviarlo para seguir el camino a casa. Solo di un par de pasos delante de Max, cuando de repente, me detuvo sujetándome del brazo.

—A Caro le gustan los hombres.

Pronunció, y me dejó helado, sin saber que hacer.

—No, Max, imposible.

Lo negué, tenía que hacerlo. Las manos me sudaban y mis ojos no podían verlo de la vergüenza. Mis piernas me temblaban mucho. Max salía con un hombre, quizá por simple curiosidad, porque a él le gustaban las mujeres. Siempre salió con ellas, hasta que, pese a mí desacuerdo, empezó a salir con Ángel. Eso no quería decir que yo también iba hacer lo mismo, no, porque ese tipo de relación no era aceptable para mí.

—No me gusta que te mire como lo hace. No es normal.

—No me mira.

—Sí lo hace.

— No lo hace.

—Sí lo hace, Caramel, y si continua haciéndolo, le voy a partir la cara las veces que sean necesario para que deje de hacerlo. Eres mi mejor amigo, Caramel, por eso no voy a dejar que un marica ponga sus ojos en ti.

Quizá Max ya lo sabía, quizá mi rostro perplejo se lo reveló, y temí mucho. Volví a negarlo una y otra vez, en vano, ya que él no me creyó. No quería que Max se involucrara en ningún conflicto por mi culpa, pero a él nadie lo podía contrariar cuando algo se le metía en la cabeza.

AUN SIEMPRE SERAS TÚ |2DA PARTE|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora