15 Azules

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Mis amigos sintieron curiosidad de conocer la agencia de modelos donde mi mejor amigo Max trabajaba. Ellos, después de contarles que iba a esperarlo con frecuencia, decidieron acompañarme para salir juntos a los juegos.

El recorrido hacia la agencia fue divertido. Tomamos el tren, luego una movilidad particular y finalmente teníamos que caminar un par de cuadras para llegar la agencia. Todo estaba bien, hasta que pude notar un auto rojo siguiendo nuestros pasos.

Continúe caminado de lo más natural para no alarmar a mis amigos, quienes no se habían dado cuenta. No me quería comportar como un paranoico, pero decidí voltear con disimulo para descartar cualquier incidente desagradable. A penas volteé, identifiqué al conductor que se encontraba conduciendo un convertible reluciente. Reconocí Su cabello desordenado, su forma de vestir tan rebelde y la guitarra que estaba en el lugar del copiloto. Era Estefan.

Stefan me hizo una señal con la mano, pero al no lograr que me detuviera, me llamó por mi nombre. Todos mis amigos voltearon al escuchar el grito. Ellos me miraron sorprendidos. Deseaban saber por qué un muchacho pituco con apariencia de rockero me llamaba desde un increíble auto rojo. En pocas palabras, mientras el dueño del auto se estacionaba en un parqueo libre, les expliqué que el chico era el enamorado de Gema, la compañera de trabajo de mi mejor amigo Max.

Pero el auto dejó de ser el centro de atención cuando Stefan lo aparcó para acercarse a nosotros. No fue la descarada coquetería de Estefan hacia clara, a quien le insinuó paseos privados en su auto; ni la guitarra que se puso con orgullo en la espalda. Los que llamó la atención de mis amigos fueron el color de sus ojos.

— ¡Son azules, igual al de Max! —exclamó Noche, la enamorada de mi amigo Fabián, quien la tenía agarrada de la mano, como siempre.

Mis amigos se mostraron maravillados de ver a alguien más con los ojos azules. No sintieron penas al elogiarlo con sinceridad por el par de pupilas tan bonitos en su rostro. Los elogios debieron subirle los humos a Estefan, porque comenzó a actuar como un vanidoso.

—A sí, muy ojos azules —Estefan dijo creído—, y todos ustedes ojos negros, muy comunes.

—Sí, igual al de mis padres —respondió Clara a la defensiva. Me dio la impresión que no le agradó para nada la actitud de creída de Estefan.

—La chica bonita tiene Carácter, como me gustan —volvió a coquetearle, sin darle importancia el desagrado que ella le mostró—. No importa si eres una chica de barrio con ojos negros, igual estas bien bonitas.

— ¿Eso fue un elogio? —dijo entre dientes Cristal.

—Pues prefiero ser una chica de barrio en lugar de una pituquita creída de ojos azules —. Dijo Clara con el semblante más altivo que nunca, tan femenina, que la hacía ver mucho más hermosa—. Y sabes que, pituquito creído, a Max le queda mejor el azul que a ti.

Todos apoyaron el contraataque de Clara, felices de que no se amilanara ante un niño rico de ojos azules con un auto último modelo.

Bufe sin querer, pero me contuve para no hacerlo evidente.

Todos me miraron. Se habían dado cuenta de la risa que traté de ocultar. No quise decirlo, pero la actitud de Estefan no me gustó nada, además, le iba a hacer un favor, porque sus azules no tenían comparación con las de mi mejor amigo Max.

Los ojos Azules de Max eran claros, brillantes y hermosos, muy naturales. Le quedaban perfectos, en cambio a Estefan no, ya que nunca habrían tenido comparación con los de Max aunque hubiesen sido naturales. Pero no solo los azules de Estefan. A pesar de haber conocido personas con ojos azules en la agencia, ninguno se comparaba con los de Max, porque los ojos de mi mejor amigo me intimidaban de una forma extraña e inexplicable. Me hacían desviar mi mirada y me hacían sentir avergonzado cuando no dejaba de mirarme por un buen rato con la intensión de molestarme.

—No son Azules, son verdes —dije sin poder contenerme más—. Está usando contactos azules.

Después de esperar a Max en varias ocasiones en la recepción, pude ver a varias personas con los ojos verdes. Quizá por eso no me pareció común decir que Estefan los tenía verdes, pero recordé que mis amigos no conocían a nadie con ese color de ojos, pero a ellos no les importó. La actitud creída de Estefan fue suficiente para que les desagradase todo de él.

Continuamos nuestro camino hasta la agencia a pie, mientras Estefan aceleró su recorrido con su flamante convertible.

Cuando llegamos, Max nos esperaba junto a Gema, quien no se demoró en darle la bienvenida a Estefan con un fuerte abrazo y un corto beso en los labios como saludo. No se mostró sorprendida por las azuladas pupilas de su enamorado.

—Contactos azules — dijo Max de inmediato.

—Sí, pero tus conocidos creyeron que eran mis ojos reales. Se sorprendieron mucho. No hay duda de que donde viven no hay personas con ojos de colores, solo tu Max. ¡Qué haces viviendo allá! —dijo saliendo de la agencia junto a Gema.

Mis amigos no dejaron de quejarse del comportamiento creído de Estefan y también de lo creída que les pareció Gema al no saludarlos con amabilidad. Me pareció extraño, porque Gema fue amable conmigo cuando nos conocimos. No dude en pensar que la falta de amabilidad de Gema debió ser por influencia creída de Estefan. Afortunadamente se olvidaron de ellos cuando llegamos al centro de entretenimiento cercano.

Después de ver una película y divertirnos en los videojuegos, regresamos a casa. Max y yo, como vivíamos cerca, regresamos juntos.

—También debería variar. Me compraré contactos verdes. Una de mis compañeras de la agencia los tiene color miel. También debería probar con ese color, aunque mejor unos negros, como los de caramel.

—No Max —reclamé—, no necesitas contactos.

Me detuve. Lo miré los ojos, pero de inmediato continúe el camino unos pasos más adelante. Fue un reclamo impulsivo que no quería justificar por nada, pero Max trató de buscarle una respuesta.

—Por qué, Caramel.

—No preguntes, lo sabes, Max —respondí sin detener mi paso.

—Quiero escucharlo de Caramel.

—No, Max.

—Entonces le pediré ayuda a tu padre para que me dig...

—Tus ojos azules me gustan —respondí deteniéndome—. No verdes, no color miel, ni negros. Me gustan azules, tus azules. No los cubras con contactos, Max.

—No contactos en toda mi vida —se ordenó tajante —si Caramel lo prefiere de esa manera, entonces lo haré. Yo también amo los ojos negros de Caramel, pero tengo mucha curiosidad. Le voy a comprar a caramel contactos de todos los colores naturales para ver como le quedan. Primero probaré con tus favoritos, Caramel, los azules.

Me pareció una broma, pero a medida que hablaba me di cuenta que él de verdad quería verme con ojos azules. No iba a ser difícil convencerlo que desistiera. Pensé en inventarme una infección. Cuando de mi salud se trataba, Max no dudaba en engreírme. Era uno de los puntos débiles de Max que nadie conocía.

No tenía deseos de verme en el espejo con unos falsos azules, porque no lo deseaba. Solo necesitaba ver a Max, el único para mí con los ojos más hermosos en todo el mundo.

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AUN SIEMPRE SERAS TÚ |2DA PARTE|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora