72 - Terminemos con la mentira

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Una situación bochornosa revelada tras el telón del auditorio del colegio. No pude hacer más que desviar mi mirada de la vergüenza. Su voz entrecortada se fundía con las voces de desprecio que nos juzgaban sin medir las palabras hirientes. Invadían mi mente a cada segundo sin detenerse.

Max y yo no salíamos, dije la verdad. Solo dejaba que él me abrazara y que toda mi razón se disipara en la fricción de sus brazos; no salíamos, solo dejaba que me quisiera sin reclamarle nada. No salía con Max, porque no se podía salir con dos personas... aun así me dolió cuando lo dije.|

Luz nos vio. Mi mente rebobinaba todo lo sucedido en el auditorio cuando la vi atónita frente a nosotros después de descubrir un secreto que ella podía revelar en cualquier momento. Tenía miedo que les contara a todos por resentimiento hacia Max y a mí después de su fallida relación sentimental. No era capaz de confiar en sus palabras, por eso me sentía muy inseguro.

El timbre de la salida me regresó a la realidad. Guardé mis cosas en mi mochila a prisa. No quería estar a solas con Max frente a Luz. Cristal y Clara no estaban. Poco antes del recreo Clara había tenido una recaída, por eso le dieron permiso a Cristal para que la acompañe a su casa.

A pesar de haberme sostenido con fuerza desde el principio para no caer rendido en Max, poco a poco me fui dejando caer hasta el punto de casi soltarme al vacío, pero el incidente me hizo tocar la tierra. No me creía capaz de poder continuar, porque comencé a sentir que me moría a cada segundo.

Me fui a casa solo. No miré a nadie, solo crucé el portón del colegio sin detenerme. Sentí que todos me miraban escapar, pero fueron imaginaciones mías, porque todos charlaban sin prestarme atención. Fui a casa solo, sin Max, no quería estar a su lado.

—No me esperaste — Max me reclamó cuando entró a mi habitación, pero no estaba enojado. No parecía preocupado por lo que había pasado en el auditorio.

—Ella nos vio —dije tenso.

—Sí y no dirá nada si es que no quieres.

—No estés tan seguro, porque ella podría...

—No va a decir nada —Max dejó su mochila en mi escritorio—. Luz es una buena chica, confía en ella.

Max lo tomaba a la ligera. En el lugar de Luz, si yo hubiese descubierto algo como aquello, habría sentido repulsión. Eso era lo que ella debía sentir por nosotros. Lo que estaba sucediendo tenía que ser una advertencia. Yo debía terminar la insana relación oculta que tenía con Max. Si él se alejaba de mí, lo afrontaría. En ese momento pensé que era capaz de aceptar sus amenazas.

—No me siento bien, quiero que te vayas —dije convencido.

Max acercó a mí. Me hizo retroceder hasta que no pude continuar alejándome. Desvié la mirada. Aunque Luz no estaba, sentí que nos miraba oculta desde alguna parte de la habitación.

—Si ella dice algo todos nos van a odiar —dije con la esperanza de que entendiera.

—Entonces que nos odien, no importa.

—A mí sí me importa. Max, lo dices tan fácil, como si no te preocupara la situación en que estaríamos —mi cabeza me daba vueltas con solo pensar que todos supieran —. No me siento bien, me siento mal. Max, vete a casa, déjame solo, quiero estar solo.

—Yo creo en Luz, ella no va a decir nada, y si lo dice, entonces solo tienes que volver a hacer lo que hiciste. Niégalo, Caramel, échame la culpa. Yo lo asumiré, diré que soy el único que te quiere. No me interesa nadie que no sea Caramel, por eso no me importará si me dan la espalda si aún puedo tenerte.

Me daba miedo que no solo Luz lo supiera. Alguien más podría enterarse si continuábamos, hasta que un día las miradas de todos se posarían sobre nosotros como dos fenómenos.

—Max, no puedo continuar, terminemos con esto.

—No te quiebres, yo te voy a cuidar, no tengas miedo —dijo sosteniendo mi rostro para que lo mirara.

—Tenemos que terminar con esto o algo malo va a suceder —dije angustiado, pero en el fondo rogaba que se negara, que buscara la manera de tranquilizarme y que me sostuviera hasta calmarme.

—No voy a dejar que Caramel se aleje de mí —Max me besó la mejilla y acarició mi cabello con cariño.

—Max, no seas bueno conmigo.

—Caramel no puede vivir sin mí —dijo acariciando mis mejillas. Sus ojos azules me hicieron caer. Max humedeció sus labios y se los mordió mirándome—, y yo no puedo vivir sin ti.

Max caminó hacia la puerta, le puso el seguro y me miró. Mamá estaba en la primera planta de la casa. Ella podía subir en cualquier momento para decirme que la cena estaba servida. Casi nunca le ponía seguro a la puerta cuando había alguien en mi habitación, por eso me iba a sentir incomodo si mamá se daba cuenta que estaba encerrado con Max en mi habitación. A pesar de eso no dije nada.

—Después de lo de hoy, creo que deberíamos ocultarnos tras una puerta con seguro —dijo acercándose a mí.

—Mamá puede pensar...

—Desde ahora enciérrate con seguro, así ella se acostumbrará y no pensará nada —me interrumpió.

Max me besó despacio. Nos mantuvimos rodeados de un silencio cargado de una sensación agradable que su voz Interrumpía cuando decía palabras bochornosas. Hacía que mis mejillas ardieran. Sus besos entrecortados me hicieron olvidar el auditorio.

El traqueteo de la perilla me sobresaltó. Empujé a Max de inmediato. La voz de mamá sonó un poco angustiada tras la puerta al encontrarla con seguro. De inmediato atendí muy apenado de que supiera que su hijo se estaba portando muy mal.

—Si nos encuentra puedes decirle que no estamos saliendo, que yo te forcé. Te voy a cubrir, no te preocupes —Max me dijo.

—No volveré a ponerle seguro a mi puerta —dije convencido de evitar actos vergonzosos con Max en casa.

Aunque consideré terminar nuestra mentira con Max, no pude hacerlo. Me dejé envolver por sus besos y sus palabras cariñosas. El colegio continuó igual que siempre. Las chicas se le insinuaban a Max, mis amigos continuaron siendo mis amigos.

Todo estaba bien... aunque en realidad no, porque mantenía una relación oculta con Max a espaldas de Cristal. Continuaba lastimándolos a los dos y lastimándome a mí. Cada día sentía que desfallecía, pero Max me hacía olvidar, me hacía creer que todo estaba bien. 

AUN SIEMPRE SERAS TÚ |2DA PARTE|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora