73 - A través de una pantalla

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Clara se enfermó el quinto año de la secundaria, a solo pocos meses de terminar el último año escolar. No fue una de las acostumbradas gripes que solían dejarla sin fuerzas en su cama, ni tampoco alguna infección que sufría cada dos o tres veces al año. No fue ninguno de los malestares acostumbrados que sabíamos que se le iba a pasar. Fue una enfermedad contagiosa, muy peligrosa si no cumplía el tratamiento al pie de la letra.

Clara era una hermosa chica de carácter fuerte, pero de aspecto delicado que lamentablemente podía compararse con su salud. Desde el primer año de la secundaria sufrió recaídas que al principio nos preocupó, pero que en el segundo año supimos sobrellevar porque comprendimos que, a pesar de no poder levantarse de su cama por una simple gripe, ella era capaz de reponerse con el mismo tratamiento que comúnmente seguíamos todos. Clara se mejoraba y regresaba a clases con nosotros.

La enfermedad contagiosa la aisló. Dejó de ir al colegio. Los doctores la pusieron en cuarentena en su casa porque era considerada un foco infeccioso muy peligroso. El colegio fue notificado de inmediato. Todos se enteraron en clase. Mis compañeros, los profesores, todos recibieron orden medica de realizarse un descarte de la enfermedad para prevenir una epidemia. Fue un alboroto. Todos temieron haberse contagiado, pero afortunadamente nadie obtuvo un resultado positivo.

Max, Cristal y yo fuimos a la casa de Clara de inmediato. Su madre agradeció la visita. Nos dejó verla pero con la protección adecuada. Nos pusimos mascarillas para evitar contagiarnos. Clara estaba prisionera en su habitación. Se paraba cerca de su gran ventanal abierto para ver el día a día de las personas que reían sin problemas. Su hermoso rostro cubierto con una mascarilla no nos ocultó ninguna sonrisa. Su mirada triste solo rompía en llanto.

Los compañeros de nuestra clase fueron crueles. Hablaban mal de Clara. Decían que no querían que regrese al aula para que no contagie a nadie. Los muchachos, quienes buscaron oportunidades para coquetearle antes de su enfermedad, también fueron crueles. Nadie recordaba lo hermosa que Clara era, solo pensaban que ella era un peligro para la salud de todos.

Cristal se involucró en varia discusiones para defender a Clara. Ella no podía soportar que hablaran mal de su mejor amiga. De inmediato le hacia el pare a cualquiera que se atrevía a ofenderla en su delante. No le importaba las incontables veces que la llevaron a la dirección ni las notificaciones que tenían que ser firmadas por sus padres por su agresivo comportamiento contra quienes se burlaban de Clara.

La carpeta vacía de Clara hacia que Cristal se viera solitaria. Me había acostumbrado a sus risas provocado por tonterías. Sus acostumbradas intervenciones en clases, que causaban terror a los profesores y risas en todos nuestros compañeros, se redujeron a nada. Cristal atendía concentrada cada clase dictada, apuntaba todo lo desarrollado en la pizarra y preguntaba en privado lo que no había entendido.

Muchos de los profesores fueron comprensivos con Clara por la enfermedad que sufría, pero otros no tanto. Para ellos la presencia de Clara en clase era fundamental para aprobar su curso. Clara corría el riesgo de repetir el quinto año de la secundaria si jalaba cuatro cursos, por eso Cristal iba todos los días a verla después de la salida del colegio para llevarle sus apuntes y tareas. La mamá de Clara la recibía con alegría, pero no le permitía subir a la habitación de clara para no arriesgar la salud de Cristal.

Clara mantenía conversaciones virtuales con nosotros. Siempre llevaba puesta la mascarilla a pesar que no era necesario. Clara se afligía, decía que no quería regresar al colegio porque se moría de la vergüenza por la enfermedad, pero Cristal siempre la animaba con una gran sonrisa.

—Clara podría morir —me dijo Max un día mientras hacíamos la tarea en la sala de su casa.

—No digas eso, ella no se va a morir. Clara nos dijo que está cumpliendo con el tratamiento. Todos los días toma sus medicamentos sin falta. Clara va a estar bien, ella va a mejorar.

—Algunas personas siguen el tratamiento pero mueren.

—Qué dices, Max —reclamé—, no digas eso. La enfermedad de Clara fue detectada a tiempo.

Max dejó su lápiz sobre la mesa, me miró serio e hizo que dejara de préstale atención a mi tarea. Agarró mis manos y acaricio mis dedos con delicadeza. Sus manos se detuvieron en mi rostro. Acaricio mis mejillas con cariño, peinó mis cabellos con sus dedos y beso mi frente.

—Tu piel es muy tibia. Si yo estuviera enfermo no podría tocarte como ahora. Tendría que mirarte desde una pantalla hasta que la muerte...

Max solo quería molestarme. Cubrí la boca de Max con mis manos antes de que él pudiera terminar de hablar. Me hizo sentir escalofríos en todo mi cuerpo. Quise reclamarle, pero un nudo se había atorado en mi garganta. Max sostuvo mis manos.

—No me voy a , pero si lo hago espero que me traigas las tareas.

Imaginar que iba a casa de Max para llevarle las tareas fue imposible. Los dos continuaríamos yendo juntos al colegio hasta terminar el último grado escolar. Me sentía mal por Cristal, porque ella tenía que llevarle las tareas a Clara, ella era la que tenía a su mejor amiga enferma. Aunque el tratamiento de Clara tenía una duración de seis meses, ella iba a regresar con nosotros muy pronto cuando su etapa de contagio culminara en dos meses.

Mi cuerpo se estremeció. Abracé a Max sin darme cuenta y Max me correspondió de inmediato. No me alejé, me mantuve quieto a pesar de darme cuenta de que un imprudente impulso me había empujado a él. No quería que Max volviera a ponerse en el lugar de Clara.

—Clara se va a recuperar —dije quieto.

—Sí, lo hará, mientras tanto continuaremos caminando juntos al colegio —dijo deslizando su dedo por mi nariz.

Me alejé con cuidado cuando sentí que mis mejillas me empezaron arder mucho. Traté de ponerle atención a nuestra tarea. Max agarró su lápiz, pero no despegó su mirada de mí. Respiré hondo. Quise regañarlo, pero me contuve. A través de una pantalla hubiese sido doloroso. Podíamos estar juntos, nada nos separaba, eso me hizo sentir afortunado de que estuviera a mi lado.

AUN SIEMPRE SERAS TÚ |2DA PARTE|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora