Tiene esa mirada de papá protector y una sonrisa cariñosa en sus labios. Se ve tan lindo como siempre y además huele muy bien.
— ¡Mi amor! Hola— le digo con alegría y alivio aferrándome a su cuello—. ¿Sabes que nunca te seré infiel verdad? Porque tu te has ganado mi cariño y yo solo quiero estar contigo. Te quiero, te quiero mucho Sebas. No sabría que sería de mí si llegamos a terminar algún día. Espero que ese día no llegue.
—Te quiero más Amanda, ¿Te despertaste más loca de lo normal hoy, mi amor?— me dice con diversión dándome besitos por toda la cara mientras me abraza hacia él. Yo aún envuelta en la sabana.
— Podría decir que si— le digo sonriendo.
— Esta bien, pero levántate— dice arrancando las sabanas con las que me arropaba hasta el cuello. ¡Error, estoy desnuda! ¿lo recuerdan?— ¡OKEEEYY! No sabia que dormías así—. Se ríe de mí.
—¡Pervertido!— le digo ruborizada tratando de taparme—. Deja de mirarme como idiota—. Suelta una carcajada más estruendosa que la que ya tenía.
—Mi amor, pero si tu eres la pervertida. Durmiendo desnuda y conmigo aquí en el cuarto provocandome—. Baja los ojos a su entrepierna y luego me mira lo que hace que también mire hacia allí. Es cierto, ya se esta haciendo un pequeño bulto en esa zona. Me levanto con calma y camino hasta donde está mi toalla, me la guindo en el hombro y sin nada tapando mi trasero salgo del cuarto y me dirijo hacia el baño dejando a Sebastián comiéndome con los ojos en mi cama.
Luego de unos minutos, salgo del baño y entro a mi cuarto para vestirme, Sebas está acostado con las piernas tendidas cruzando los pies y las manos bajo su cabeza entrelazadas entre si. Trata de ver televisión, pero cuando entro al cuarto, pone sus hermosos ojos sobre mi cuerpo cubierto por sólo mi sostén negro de encaje y mis bragas que hacen juego. Mira intensamente como me visto y al terminar, justo cuando estoy amarrando mi cabello en una cola de caballo frente al espejo, me abraza por detrás y deposita besos desde la base de mi hombro, hasta mi oreja mordiendo mi lóbulo.
—Eres hermosa— dice soltandome y saliendo del cuarto—. Estaré preparándote algo rápido en la cocina ya que se nos hace tarde.
Termino conmigo y salgo a la cocina. Está vacía, pero un pan con jamón y queso está encima de la mesa frente a un vaso con agua fría y una taza de café. Arraso con mi comida y salgo a buscarlo por toda la casa. No está en los cuartos, ni en los baños, ni en la sala, ni en su carro. Salgo al garaje y veo la puerta del deposito entreabierta, me asomo y lo encuentro sentado en una butaca con una foto en sus manos. Me acerco y él sonríe, palmea su pierna dos veces en una seña para que me siente en su regazo, lo hago y vemos la foto de mi padre, mi madre, mi hermana mayor y yo.
—¿Ella es tu mama?— señala a mi madre en la foto.
—Sí, se llama Adriana. Es muy comprensiva y aunque casi nunca hablamos, ella siempre esta pendiente de mí y sabe cuando la necesito.
Es verdad, hablamos una vez por semana pero cuando algo fuera de lo común pasa en mi vida, ella me llama y pregunta que ha pasado. Supongo que es el instinto de madre.
—Se parece mucho a ti. ¿y Él?
—Mi padre. Se llama Alonso— sonrío.
—Lo quieres mucho, ¿Verdad?
— Bastante, he tenido muchos problemas con él pero poco a poco los hemos superados, es el único hombre por el que he llorado, lo amo.
— Ya veo—. Señala a mi hermana—. ¿Y ella? No se parece a ninguno de ustedes.
— Ella es mi hermana, su papá es de Estados Unidos y sacó los rasgos de él, mi mamá también era blanca solo que el trabajo duro le ha manchado la piel. Si te fijas bien, tiene los ojos verdes y el cabello liso. Ella se llama Ashley Valentina.
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No soy suficiente
Teen FictionAmanda tiene 19 años, es una chica que parece segura de si misma, pero la verdad es que, a raíz de los constantes "no sirves para nada" de su padre, se ha creado una imagen de insuficiencia en ella misma. Amanda nunca había tenido un novio, hasta q...