Capítulo 18

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POV Sebastián...

Mierda, mierda, mierda... ¿Cómo pude ser tan estúpido? ¿En qué estaba pensando? No creo que sea una pelea seria pero las acabo de cagar, esto definitivamente traerá consecuencias.

No la puedo volver a llamar así, ni siquiera puedo creer que lo hice. No estaba pensando en ella, estaba pensando en Amanda. Tal vez fue la costumbre pero debo quitármela.

Mejor voy a su cuarto a ver cómo está, las mujeres son un poco dramáticas con respecto a ese tema, tal vez hasta está llorando.

Me asomo al cuarto de al lado y no la veo allí, quizá está en la cocina. Bajo por las escaleras con la esperanza de encontrarla allí y efectivamente es donde la consigo.

Está de espaldas a mí preparando un café, se le nota frustrada por la forma en la que agarra todo, como si le molestara.

Voy acercándome a ella poco a poco hasta envolverla con mis brazos y besarle toda la longitud de su cuello.

-¡Dejame idiota!- chilla ella que al principio trata de escaparse de mi agarre, pero luego empieza a reírse y a soltar chillidos de niña pequeña implorandome que deje de hacerle cosquillas con mis besos.

-No hasta saber que estamos bien-río.

Consigue voltearse quedando frente a mí y cubre su cara con las manos tratando de esquivar mis besos, me agarra de los brazos y me dice que pare con tono divertido, yo le hago caso pero entonces ella empieza a besarme todo el cuello imitando mis besos de hace un momento.

-Estas jugando sucio, Amanda. Además, recuerda que yo no soy cosquilludo como tú-digo entre risas.

-¿A no?-levanta una ceja divertida.

Baja sus manos por mi estómago donde ella sabe que tengo cosquillas y empieza a revolver sus dedos por toda esa área haciendo que me retuerza de tanta risa.

-¡Amanda, basta! ¡Basta Amanda!-Sigo riendo como un enfermo y ella para de torturarme por fin quedando tan cerca de mi cara que puedo sentir como nuestros alientos se mezclan.

Me mira fijamente a los ojos, mi debilidad.

Paseo mi dedo índice desde su mandíbula hasta la base de su cuello, poso mi dedo gordo en su mandíbula y ella traga, lo que le crea un espasmo a mi amigo.

Alzo su cara para tener mejor vista de sus hermosos ojos y de su boca tan pequeña y fina. Me acerco a ella para besarla pero me detengo a un milímetro de su boca.

-¿Estamos bien?

-Sí, amor.

Y con ese permiso me doy el gusto de sellar nuestros labios de la manera mas lenta que consigo para poder saborearla milímetro a milímetro, sus manos que se encontraban en mis brazos, suben por mi hombro y se enredan en mi cabello, aprieto sus nalgas contra mi erección cuando ella jala mi de mi pelo. La subo al mesón de la cocina y voy ascendiendo con mis manos tratando de arrancarle mi camisa.

Lo mejor de que las mujeres usen sólo nuestra camisa es que se la podemos sacar de un tirón para encontrarnos con su torso desnudo y sus bragas, que es el ultimo obstáculo para llegar a la meta, su entre pierna.

Saco sus bragas y bajando mi bóxer, me introduzco en ella sin más, piel contra piel. Mañana es muy probable que tenga que comprarle la pastilla de emergencia y luego llevarla al ginecólogo para que empiece a tomar pastillas.

***

Nos acostamos en mi cama, donde pertenecemos, ella recuesta su cabeza sobre mi pecho y pasa su pierna y su brazo por encima de mí, como si no quisiera soltarme.

No soy suficienteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora