13. Dos Pueden Jugar A Esto.

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-¿¡Acaso estás pendejo!?- le grité por lo bajo-. Espera, no me respondas que la respuesta es obvia: sí.

Me pasé las manos por la cara y bufé. Ethan sólo me veía sin comprender nada en absoluto.

-Por favor, Anne, deja de exagerar. Ella no tiene nada de malo-. Me dijo Ethan entre dientes, con un tono amargo mientras rueda los ojos.
Aparté las manos de mi cara y lo miré impresionada.

-¡ES UNA ZORRA!- le grité.
Dejen les explico un poco la situación: Ethan está viéndose y ha hecho amistad con la más zorra de la escuela, Courtney Adams.
Courtney, a simple vista parece una chica que va a la iglesia todos los domingos temprano y luce como la estudiante perfecta; bueno, en esto último no miento, todos los maestros la aman, es deportista, pertenece al cuadro de honor y tiene el récord de haberse cogido a más de 7 maestros en menos de una semana. No es broma. Esta chica esconde la cola de zorra detrás de esa apariencia de chica buena.
En vez de ser una zorra hecha y derecha es una jodida mojigata.

Bien, no creo que me deba importar con cuántos se ha acostado o cuántas ITS tenga, pero simplemente es detestable por el hecho de ser hija de papi, caprichosa, pasiva-agresiva, creerse la gran cosa y que desde los 13 años nos hemos odiado por un problema de niñas pendejas, el cual simplemente no voy a entrar en detalles.

Ella me odia, yo la odio. Qué goals somos.

Ella me ha dejado en paz si no me meto con ella y su vida y viceversa. Pero no podía dejar que Ethan cayera ante esa zorra. No no.

-Te va a coger y luego te va a dejar- le advertí. Pude ver que giraba los ojos y soltaba un suspiro de frustración. Tamborileaba el lápiz sobre su cuaderno y hacía como si estuviera prestando atención a lo que sucedía al frente, ignorándome.
-Por favor- seguí insistiendo-, déjala y sigue con tu vida. No vale la pena enrollarse con esa víbora.

-Señorita Dyer- mierda. El maestro de química detuvo la clase para encararme y captando la atención de todos para voltear a verme. Aparté la vista del libro, el cual hacía como si estuviera leyendo y miré hacia el frente, encontrándome con la mirada desafiante del maestro puesta en mí. Alcé una ceja- ¿Tiene algo que compartirnos? Parece que su plática con el joven Moore es más importante que mi clase.

-En efecto, profesor- contesté descaradamente-. No creo que saber cuántos electrones tiene cada elemento químico me ayude a que este tipo de aquí- señalé a Ethan- deje de ser tan pendejo y use la cabeza por primera vez en su vida.

Muchos soltaron una risa, Ethan me miró mal y me dio un codazo en el brazo, y el maestro sólo puso los ojos en blanco y bufó, fastidiado.

-Si no le parece la clase- siguió diciendo con un tono irritado pero ahogado por el mejor tono tranquilo que tiene hacia mí-, se puede retirar-. Me levanté de la silla con una sonrisa en mi cara y a punto de tomar mis cosas, él me cortó la inspiración diciendo- pero tendrá un reporte en su expediente-. Y me volví a sentar, dando un golpe sordo contra la silla y esfumando la sonrisa de mi rostro y dejando una mueca.

-Bien, me quedaré- respondí "indignada".

-No- volvió hablar. Se acercó a su escritorio y tomó una hoja de papel-. Sabe qué, háganos un favor a todos y vaya al baño, se lava las manos y después vaya a las oficinas al otro lado de la escuela y saque cien copias de esto- me extendió la hoja que había tomado, mientras él sonreía hipócritamente. Bufé. Ya sabía a qué iba esto.

Me levanté de mi asiento, tomé mis cosas a regañadientes y me acerqué al maestro para tomar esa hoja, la cual era un anuncio de 2x1 en toda la zona de ropa interior, de una tienda departamental. ¿Qué?
Antes de salir del salón, le di una mirada a Ethan y vi que con sus labios formulaba un "por fin" y me lanzaba un beso. Lo miré con odio y le mostré mi dedo medio mientras le sonreía falsamente.
Después de haber dado un portazo y salir al pasillo desierto del instituto, miré la hora en mi celular y faltaban aún 50 minutos para que acabase esta clase, y obviamente no iba a volver a entrar antes por obvias razones.
Solamente me puse los audífonos y me fui al jardín, a esperar el fin de esta hora.

My Other Self.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora