Estrella Binaria

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Diciembre estaba más que presente, y a pesar de que las navidades estaban llegando, los ánimos no estaban para celebrar nada.

Hermione miraba a través del ventanal de la biblioteca, en la Sección Prohibida a los más pequeños que, inocentemente jugaban con la nieve, contrastando completamente con los más grandes que, simplemente transitaban a sus respectivas aulas. Al notar la escena la castaña sintió una leve angustia, lamentaba que tuviera que ser así, pero sabía que, si querían mantenerlos a salvo, debían tomar esas medidas.
La castaña se encontraba concentrada mirando el exterior con un libro en mano, hasta que sin notarlo sintió una mano tomar la suya que estaba libre. Inevitablemente sonrió ante el contacto y bajó la vista para acultarlo.
- Debería ser más cuidadosa...y no bajar la guardia...profesora...- Dijo en voz baja Snape, quién sin soltar la mano de la castaña, se colocaba junto a ella mirando por la gran ventana.
- No lo hago...solo...que ya me acostumbré a sus repentinas apariciones...profesor...- Respondió la castaña, mientras dejaba entrelazar sus manos completamente.
Ambos se quedaron quietos mirando el paisaje, hasta que todos los estudiantes desaparecieron, dejando a la nieve sola en la naturaleza.
-Recuerdo mi primera navidad en Hogwarts...- Comenzó a contar de la nada Snape. -Fue extraña...fue la primera navidad sin escuchar los gritos de mi padre...lamentaba no haber acompañado a mi madre...pero ella lo prefirió así...Lily...me dio mi primer regalo navideño...y me sentí apenado por no tenerle nada...así que con mi varita conjure un lilium, rojo, por su casa...ella me lo agradeció como si hubiera sido el mejor regalo del mundo...-
Hermione, no supo que decirle, lo miró, y pudo ver en el rostro del hombre cierta nostalgia, pero a la vez felicidad, por lo que la hizo sentir satisfecha, con el simple hecho de que él le tuviera esa confianza. Miró sus manos, y seguían entrelazadas, regresó su vista al rostro del hombre y se dio cuenta de que él la observaba, se quedaron así unos segundos, hasta que él saca su varita. Sin decir palabra hace un circulo con la punta de su varita en el vidrio del ventanal, y poco a poco comienza a formarse un dibujo en forma de un copo de nieve, que al pasar los segundos se volvía más grande, cubriendo todo el cristal.
- Es...hermoso - Dijo sorprendida la castaña.
Él, simplemente sonrió, al ver la alegría de la castaña.
- Se...que no estamos en tiempos de fiestas...ni de nada muy alegre...pero...me...gustaría que...bueno...pasaramos las navidades juntos...- Dijo un tanto complicado Snape.
Hermione sorprendida, volvió su vista a Snape, quién miraba el suelo como si fuera el objeto más preciado del mundo. Ella, conteniendo su felicidad, levanta la vista del hombre, permitiéndole verlo a los ojos y dándole un abrazo aceptó la invitación.

Snape, al sentir el abrazo de la castaña y su posterior aceptación, lo calmó, pensaba que se estaba pasando de la raya, pero después de una larga discusión con Albus, y su entrometida madre desde lejos, aceptó en invitarla, ya que, quizás, esa podría ser la última navidad.
Se quedaron abrazados unos minutos, disfrutando el calor del otro, hasta que sintieron unos pasos aproximarse, con rapidez se alejaron y cada uno tomó caminos distintos, hasta salir desapercibidos de la biblioteca.

Hermione caminó por los pasillos, un poco más tranquila que otros días, había decidido dejarle la espada a Snape después de las navidades, y ahora, que él le había pedido que lo pasaran juntos, todo sería aún más sencillo. Subía por las escaleras al aula de DECAO, había dejado pasar mucho tiempo desde su ultima visita, pero al ver como quedaron los estudiantes de séptimo en la clase anterior, la hizo decidir por vigilar más de cerca a Amycus.
Para desagrado de Amycus y para alivio de Seamus, Hermione justo llegó cuando lo estaba obligando a practicar el maleficio Cruciatus con unos chicos de primero, por lo que se estaba arriesgando a otro castigo más a su ya extensa lista.
- No deberías estar aquí...Prince...es mi clase - Dijo molesto Amycus.
- Es mi trabajo...Amycus...y si no te gusta, ve a decirle a...nuestro...Señor...- Le respondió seria Hermione.
Luego del silencio del hombre, Hermione permaneció al final de la sala, observando, y evitando que Amycus hiciera de las suyas, por lo que la clase pudo transcurrir de manera más "normal". Al finalizar la clase, el molesto Mortífago hecho a todos lanzando chispas verdes con su varita, pero cuando Hermione estaba saliendo, con rapidez bloquea la puerta.
- No creas que te has salido con la tuya...si...llego a tener pruebas...de que...los proteges...será tu fin...- Dijo amenazante Amycus.
- ¿Terminaste? Porque debo continuar con el trabajo que Mi Señor me ha dejado...- Dijo burlona la castaña, mientras con su varita abría la puerta y salía del aula.

Recuerdos de TerciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora