Veritaserum

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La mañana fue complicada para Snape, le dolía el cuerpo, a pesar de haber dormido como hace mucho no lo había hecho, su cuerpo se sentía débil, miró a su costado y la castaña no estaba, solo había una nota sobre la almohada, que decía: "Trabajando"; él sonrió y se fue a duchar.

-Dime lo has averiguado Katherine- Dijo Voldemort con su característica voz.
- Los estudiantes partidarios de Potter, si bien tratan de ayudarlo, les es imposible, nuestras medidas de seguridad son efectivas...- Respondió fría la castaña.
-¡NO... -Tomó un respiro, en un intento de calmarse - No me interesa lo que no han hecho, Potter, ¿dónde está?, se supone que tu debías ser cercana a él, y has fallado...-
- Para nada, estoy a la espera de que él se contacte conmigo, lo hice...prometer que me avisaría cuando regresara, para así ayudarlo a entrar al colegio...sin...ser visto-
- ¿Y para qué iría al colegio?- Le interrumpió con una preocupación que la castaña notó, quería ocultar.
- Para rescatar a sus amigos, hacer un ejercito, supongo para hacer algo parecido a lo que me contaron, realizaron hace un par de años.
Voldemort solo guardó silencio. Al cabo de unos minutos sin movimiento ni palabras, el oscuro mago le ordenó que se retirará y siguiera buscando información, con su papel de "amiga" de los estudiantes.

Snape, tratando de no mostrar lo débil que se sentía, a pesar de lo que la castaña le había dado, y lo que él mismo había tomado, se dirigió cauteloso hacia el despacho del director; para su fortuna, no se topó con nadie en su recorrido, mas al entrar, no corrió la misma suerte. Frente al vacío retrato de Dumbledore se encontraba, sentada, con la mirada dolida, Minerva McGonagall.

-¿Cómo te atreves a tener su retrato así...? ¿cómo puedes vivir con esa conciencia...? si es que la tienes...-Dijo esto último más para sí, que para el hombre congelado en la puerta.

-No deberías estar aquí...-Dijo sin pensar mucho en su papel Snape, el ver a Minerva así le dolía, sobretodo ocultarle esas cosas.

-Ni tú...no te mereces este lugar... él, confiaba en ti, creyó en ti cuando nadie lo hizo, te dio la oportunidad, y tú... lo traicionaste...-Dijo Minerva con una evidente mezcla de dolor y odio en su voz.

Snape, simplemente guardó silencio, no sabía que decir, la verdad, no tenía nada que decir, era la imagen que había creado, ella estaba en todo su derecho de odiarlo hasta el fin de los tiempos; pero de igual forma le dolía, no podía negarlo. Tragó saliva y se armó de un valor que pensaba no tendría en ese momento, pero antes de que pudiera hablar, ella se le adelantó.

-Él creyó en ti...lo mataste, y con ello, todo en lo que alguna vez Albus había peleado para ayudarte a salir de tu hoyo. Desde que llegaste a este colegio, él notó tu talento, tus errores los justificaba, vio lo que pasaste, y por más malas decisiones que hayas tomado, él, te protegió, te consideraba como su hijo... eres un cobarde, lo atacaste desarmado, lo atacaste por miedo a que te mataran, pero ten esto muy claro... tu señor...en cuanto no te necesite se deshará de ti, como tú lo hiciste con él...-Concluyó apuntando el vació cuadro del anciano director.

Snape, con el alma en el piso, y con la mirada fija en el oscuro retrato, solo sintió el fuerte portazo a sus espaldas que indicaba que Minerva se había ido. Permaneció con los pies clavados en el lugar donde se encontraba al llegar, con la mirada perdida por un largo rato. Los recuerdos invadieron su mente como sueños, mezclados con pesadillas, luces con sombras, aceptación con abandono; sintió como la pena, la frustración y el dolor cubrieron la mayor parte de su vida. Llegó un punto en que las lágrimas comenzaron a amenazar la estabilidad del murciélago de las Mazmorras. Con un tanto de torpeza caminó lentamente hasta las escaleras del despacho, cayendo sentado en el tercer escalón, apoyó la cabeza en sus manos, teniendo como soporte los codos en sus piernas, dejando que su cabello cubriera casi en totalidad su rostro. Los minutos pasaron, y Snape permanecía en completo silencio en la escalera, sin emitir movimiento alguno, se sentía mal, hacía mucho que no le ocurría tan fuerte, no quería seguir, quería detener el tiempo, retroceder y evitar que todo ocurriera; quitarse la vida antes que le dijera la profecía a Voldemort, pero no podía, era imposible volver años en el tiempo. Necesitaba escapar, desahogarse, llorar, gritar, necesitaba saber que hacía lo correcto; aunque en el fondo lo creía, en esos momentos le costaba entender porqué dolía tanto.
Así se encontraba, ahogado en dudas, en culpas, en errores propios y ajenos, en dolores desconocidos y conocidos, hasta que la luz al fondo de su túnel apareció.
La puerta se abrió, pero él no se movió, unas manos tocaron sus rodillas, pero su concentración no le permitía sentir más allá.

Recuerdos de TerciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora