Durante todo el trayecto de vuelta a casa no hablamos, yo simplemente me limito a mirar por la ventana mi reflejo, mientras él se concentra en la carretera. En tan solo 8 minutos ya estamos enfrente de casa de mi abuela y veo que hay luz en el gran ventanal del salón. Apaga el motor del coche. Suspiro.
- Bueno...
Ethan me mira de reojo y empieza a dar pequeños toques en el volante negro.
- Gracias por traerme.
No le miro. No quiero mirarle. La tonta de mí creía que, a lo mejor, él se fijaría en mí. Y sí, se ha fijado en mí, pero como amiga. Una simple amiga. Él no tiene la culpa, la culpa la tengo yo por imaginarme cosas que no eran.
Me dispongo a salir del coche cuando él pone el pestillo de la puerta, impidiéndome salir.
- ¡Eh! – le grito - ¿Qué narices haces?
- Carol, llevas todo el camino sin hablarme. – le da un golpe al volante - ¿Qué narices te pasa a ti?
Fijo mi mirada en él y resoplo.
- Dime una cosa – empiezo - ¿Por qué eres tan amable y simpático conmigo solo cuando estamos solos?
- ¿Qué? – pregunta sorprendido.
Me apuesto lo que sea a que no se esperaba este tipo de pregunta. Es algo que siempre me he preguntado: ¿Por qué solo es simpático conmigo cuando estamos solos?
- Pues eso. – le digo mientras me hago un intento de coleta – Cuando estamos con Sel, mi madre o la tuya o simplemente, con tu querida novia Sophie, de mí pasas. Ni si quiera me miras, y ahora dices ¿qué me consideras una chica de confianza y que me merezco tu amistad?
- Yo no he dicho eso...
- Sí. Lo has dicho – le señalo con el dedo - ¡Has dicho que me llevaste a la cala porque te gustaría tenerme como amiga ¿Qué tontería es esa? – le grito -¿No ves que no tiene sentido? ¡Ni siquiera me conocías el día que me llevaste a la playa por primera vez!
- Oye... cálmate.
- ¡Ya estoy calmada!
- Pues no lo parece – se deja entrever una pequeña sonrisa.
- ¿Y ahora te ríes?
- Me hace gracia... - ríe.
- ¿¡El qué!? – le chillo.
- Tú.
Se empieza a e reír a carcajadas y yo me quedo totalmente parada. No sé a qué viene tanta risa. Estoy enfadada. En serio.
- Tú me haces gracia. – me mira y entrecierra los ojos – Me hace gracia como me gritas. Me hace gracia como te enfadas cuando te llamo "rubita". Me hace gracia como, a veces, te quedas boquiabierta mirándome. Me hace gracia como me has mirado esta tarde cuando me has visto aparecer por la puerta de mi casa con unas pocas copas de más.
Me quedo de piedra y no puedo evitar sonreír por dentro.
- ¿En serio te hace gracia que me preocupe por ti? Esta tarde has aparecido fatal.
- ¿A eso lo consideras fatal? Pues porque no me has visto otras veces.
Ríe.
- ¿En serio te hace gracia llegar a casa borracho?
- No.
- ¿Pues entonces, por qué lo haces?
- Me distrae.
- ¿Qué quieres decir con "me distrae"?
Ethan se deja apoyar la cabeza en el asiento del coche y cierra los ojos. Coge aire por la nariz y lo suelta muy poca poco por la boca. Está tremendamente guapo y sexy.
- Papá.
- ¿Cómo?
Frunzo el ceño, apoyo mi espalda en la puerta y dejo que mis ojos lo recorran a él de arriba abajo.
- Todo fue por mi culpa.
En pequeños nanosegundos ha apoyado su cabeza en el volante acompañada de sus dos manos. Oigo como su respiración es cada vez más fuerte.
- Papá me dijo que esa ola era demasiado alta para surfearla y yo insistí. Insistí muchísimo. Si yo no hubiese surfeado esa ola... él nunca... - levanta la cabeza y veo como una pequeña lágrima empieza a recorrerle la mejilla hasta llegar a la barbilla.
- Nunca... ¿qué, Ethan?
Apoyo mi mano en su pierna. Está temblando. Lo veo tan indefenso... El chico fuerte que conocía ahora no es tan duro.
- Murió, Carol. – susurra.
Me quedo boquiabierta y, ahora sí, no sé qué decirle.
Ahora entiendo el por qué el hombre de las fotos de casa de mi abuela no a aparecido en estas 5 semanas de vacaciones que llevo aquí. Ahora entiendo por qué la abuela se puso tan tensa al ver la foto. Ahora entiendo el por qué Ethan llega borracho muchas veces a casa de su madre, aunque yo solo lo he visto una vez.
Para mi asombro, él apoya su mano encima de la mía y me la acaricia. Yo, inconscientemente, le abrazo.
<<¿Qué haces, Carol?>>, me pregunto a mí misma.
Noto como se pone tenso. No se lo esperaba. Ni yo me lo esperaba. Pero, rápidamente se empieza a tranquilizar y me abraza con la otra mano que tiene libre.
- No fue tu culpa, Ethan... - le susurro al oído – Nunca has tenido la culpa.
Y noto como su abrazo se vuelve más fuerte. Noto su corazón latir en mi pecho y la calidez que desprende. Estoy como en casa. Estoy a gusto. Estoy súper cómoda.
- Gracias. – murmura.
Y, entonces, decido que este va a ser mi lugar preferido para siempre: estar entre sus brazos.

ESTÁS LEYENDO
Un lugar diferente
Genç KurguPara Caroline Miller, una chica de tan solo 18 años de edad que se acaba de graduar en el instituto, el verano no empieza de la mejor manera posible: sus padres se divorcian y, para más drama, se va a pasar las largas vacaciones de verano a Sydney...