Capítulo XI. El precio de los errores

1K 97 29
                                        

Regresé a mi departamento muy triste. ¿Cómo Alex podía estarme haciendo eso después de que le abrí mi corazón diciéndole que tenía miedo de ser lastimada?

—Será mejor que me olvide de ti, esto sólo fue una experiencia pasajera de la que esperé demasiado —pensé.

¿Cómo había creído en sus palabras de amor? Nadie se enamora tan rápido ¿o sí? Aunque en realidad, no estaba en posición de decidir qué tan rápido se debe enamorar la gente, porque yo misma ya estaba enamorada y por eso me dolía tanto. Aunque él probablemente sólo me hablaba de amor para poder acostarse conmigo.

— ¡Soy una idiota! ¡Soy una idiota! ¿Cómo pude ser tan confiada? Después de todo es Alex Turner, un rockstar que puede tener las chicas que quiera y yo sólo fui una de ellas.

Me encontraba sumida en mis pensamientos y auto reproches, recostada en el sofá completamente a oscuras, cuando escuché que tocaban la puerta. No me moví de mi lugar. Fuera quien fuera no me interesaba atender.

—Adriana soy Alex si estás ahí, por favor abre la puerta.

Me quedé inmóvil y en silencio. Tratando de no romper en llanto. Apagué mi celular e ignoré lo que sucedía a mí alrededor. De un momento a otro, dejó de tocar. Se fue. Me levanté del sofá y fui a la cama, no quería saber nada más.
No podría conciliar el sueño. Sentía que me ahogaba, cerraba los ojos y lo recordaba. Sólo un par de horas antes, habíamos estado en esa misma habitación haciendo el amor... o bueno, teniendo sexo. Volví a la sala, llevé un par de mantas y una almohada. Prefería dormir ahí. Lloré un par de horas hasta que me quedé dormida.

Amaneció. Abrí los ojos y miré a mí alrededor. Me sentía como si me hubieran agarrado como costal de arena para golpear. Con trabajo me incorporé y me quedé sentada en el sofá, ya era tarde, por suerte ese día era domingo y no tenía que trabajar. Suspiré, era bueno así no tenía que salir. Tocaron la puerta... mi corazón se sobresaltó y sentí un hueco en el estómago. Me quedé quieta. Continuaron tocando...

— ¿Adriana? ¿Estás ahí? —era Henry.

Sentí alivio. Dudé en abrir la puerta, pero finalmente me levanté y abrí.

—Hola, Henry —dije sin ánimo.

—Oye ¿qué te sucedió? Te ves terrible

—Gracias. Pasa

—No me malentiendas ¿puedo ayudarte con algo?

—Dudo que puedas ayudarme, pero muchas gracias. Siéntate ¿quieres beber algo?

—Estoy bien así, gracias ¿sabes? Puedes confiar en mí

—Te sorprendería cuántas veces me han dicho eso y me han fallado, todos mienten.

Henry me miró ¿decepcionado? ¿Ofendido?

—Lo lamento Henry, no quise ser grosera, sé que tu intención es ayudarme, pero me estoy volviendo desconfiada.

—Lo entiendo, no quiero incomodar, si quieres te dejo sola —dijo levantándose y caminando hacia la puerta.

—Espera. No te vayas. Disculpa mi actitud, no sé qué debo hacer. Pero si tu oferta sigue en pie, necesito un amigo.

Sonrió.

—He pasado todo este tiempo tratando de llevarme mejor contigo, también necesito una amiga.

Hablamos un largo rato, contamos nuestras vidas y las razones por las que habíamos tomado las decisiones que nos habían llevado hasta esas circunstancias. Ambos habíamos tenido una vida difícil. Henry no siempre tuvo las oportunidades que ahora tenía y su relación con sus padres no era para nada buena y la única mujer con la que había tenido una relación de pareja, lo había engañado en múltiples ocasiones. Sin embargo, llevaba una buena relación con sus hermanos y primos que lo apoyaban en cualquier momento, y lo habían visitado ya varias veces. Yo, por mi parte le conté la historia de mi vida y de cómo y porqué había llegado a Londres, tratando de escapar de la tristeza y la soledad, las cuales, parecía, me habían seguido hasta donde yo estaba. Le conté sobre Alex, pero no a gran detalle. Sólo le dije cómo un músico que acaba de conocer me había enamorado prometiendo no hacerme daño y sólo se había burlado de mí.

—Creo que no debí involucrarme tanto con alguien a quien acababa de conocer.

—Uno no decide con quién involucrarse, Adriana. Si estuviera en tu lugar, hubiera hecho todo de la misma manera...

Suspiré.

—Nuestras vidas son como una novela ¿verdad?

—Eso espero, así podrían tener un final feliz.

Reí.

—También hay novelas con finales tristes ¿Has leído 'La peste' de Albert Camus?

—No

—Pues, léela, te quitará esa idea de la cabeza...

— ¡Ja, ja! ¿Quieres romper mis ilusiones?

—Quiero cambiar tu vida —volví a sonreír

—Me agradó bastante esta charla y me alegra que nos conozcamos mejor, pero creo que debo irme, deberías descansar.

—Gracias, lo haré. En cuanto termine de preparar mis cosas para mañana el trabajo, trataré de dormir.

—Muy bien, entonces no te quito más tiempo.

—No me quitas el tiempo, en todo caso lo compartimos.

Henry sonrió.

—Nos vemos pronto, cuídate y sabes que estoy arriba cuando lo necesites.

—Muchas gracias, lo mismo digo. Hasta pronto.

Me sentía mucho más tranquila, el haberme desahogado me ayudó mucho, planeaba meterme a duchar, pero un par de minutos después de que Henry salió, tocaron la puerta nuevamente, pensé que sería él y que había olvidado algo. Abrí. Era Alex, lucía entre serio, molesto y preocupado.

— ¿Qué haces aquí? —pregunté

— ¿Y todavía lo preguntas? Estaba preocupado por ti, ayer te fuiste sin avisar, estuve llamándote y nunca atendiste —dijo molesto.

Lo miré en silencio

— ¿Qué te sucedió? ¿Puedo entrar? —dijo empujando la puerta.

—No —dije cerrando un poco la puerta—. Estoy ocupada, mejor vete.

— ¿Qué te pasa Adriana? ¿Estás con alguien?

—No, y no es asunto tuyo.

—O sea que hay alguien más aparte del hombre acaba de salir ¿o acaso va a regresar después de ir a la farmacia? —dijo en un tono sarcástico y furioso a la vez.

Le di una bofetada. Me dolió mucho que me hablara de ese modo, como si fuera una cualquiera.

— ¿Crees que puedes venir a ofenderme a mi casa? —dije levantando el tono de mi voz—.  No estoy con nadie si es lo que quieres saber y nadie va a regresar. Quién miente no soy yo, Alexander. Vete —dije llorando y cerrando la puerta de un golpe.

Continuó golpeando la puerta para que le abriera y gritando mi nombre. Me deslicé por la puerta y me senté tras ella abrazando mis rodillas y llorando. Después de un par de minutos, se fue.

Everything You've Come to Expect [Alex Turner, TLSP, AM] COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora