Capítulo 10 Kappa

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Dormí toda la tarde y ni siquiera me percaté de ello, eran las 8 de la mañana y seguía fatigada de mis pensamientos que algún día me arrastraran a la soledad, de nuevo.
Dormí unas cuantas horas más, hasta que Isaac llamó a mi puerta y se rió de que siguiera dormida al mediodía.
-Los genios necesitan descanso también, Isaac.
-¿Y por eso descansas desde las 7 pm hasta las 12 pm?
-Eureka.- Me levanté de la cama y le pedí a Isaac que esperara en la sala en lo que me bañaba y vestía, hoy le enseñaría el parque Boléry, cerca de la playa.
Aproximadamente en media hora estuve lista para salir, llevando también mi bloc por si algo interesante pasara, así que baje a la sala, tomé la mano de Isaac y lo lleve conmigo a la salida para dirigirnos al parque Boléry.
Tanta vegetación me hace pensar en lo grande que es el mundo y lo pequeños y efímeros que somos en el, tantos años, incluso siglos para llegar a este punto y aún así mucho más por delante. Le di un breve recorrido a Isaac por el parque, sin embargo me sentí mareada y le pedí ir a casa.
Le pedí a Isaac que fuera a su casa, pero quiso quedarse a cuidarme, no tarde mucho en empezar a vomitar aun cuando no había comido nada desde ayer.
-No es necesario que te quedes, tan solo es una infección.
-Se que no lo ves como algo necesario, pero es lo que quiero hacer. Estar contigo en las buenas, las malas y las peores.- Sus palabras tan cálidas hacían que me sintiera mejor, aunque no fisicamente, mas bien, de una manera emocional.
-Isaac
-Dime, Maddie.
-¿Qué somos?
-Pues esperaba un buen momento para ello, pero si lo preguntas...
-¿Qué pasa?.- Isaac
-Pues yo creo que deberíamos ser un poco más que amigos.
-¿Mejores amigos?
-Pues obvio, amigui ¿qué más?.- Dijo burlándose de mi pésima broma.
-Ya, enserio. Pensaba preguntarte en el parque, pero quiero que sepas que aún cuando no quieras yo voy a estar aquí para ti. Y quisiera decirte ¿quieres ser mi novia?.- Me levanté un poco para abrazar suavemente a Isaac y le di un pequeño beso en la mejilla, llegando a susurrar un simple "sí", el me devolvió el abrazo y solo alcance a oír un débil "te quiero".

Quid pro quoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora