S i e t e

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Ella me miró a los ojos pero no puedo descifrar nada, parpadeó unas cuantas veces.

—Ah. —Dijo por ultimo.

— ¿Ah? ¿Es lo único que dirás?

— ¿Qué demonios quieres que diga?—Preguntó algo alterada. —No me consultaste nada.

—Yo...S-Sólo quería darte una sorpresa, empezar nuestras vidas de casados desde cero, no pen....—No pude continuar por una ligera presión en mis labios, no cualquier presión, si no la presión de sus labios en los míos.

—En realidad es una linda sorpresa. —Dijo cuando se separó de mí.

— ¿Y por qué pusiste esa cara y me dijiste todo eso?—Pregunte confundido.

—Sólo estaba bromeando contigo. —Dijo soltando una risita nerviosa.

—No vuelvas a bromear así, nena. —Picoteé sus labios un par de veces.

— ¿Y perderme tu cara de nervioso? Nunca.

—Señor, ya llegamos. —Anuncio el chófer antes de bajarse del auto.

—Llegamos, nena. —Abrí la puerta para luego ayudarla a ella a bajarse de la camioneta.

— ¡Jesús!—Exclamó a ver la casa. —Eres un exagerado.

Lo próximo que sentí fueron sus labios chocando con los míos, no me hice el de rogar y comencé a moverlo encima de lo de ella ││ ¿A quién engaño?, nunca me hago el de rogar││. Me separé soltando un suspiro de lo feliz que esta vez me encuentro.

—Esta casa es preciosa. —Dijo empezando a caminar hacia dentro.

Sonreí al verla feliz. El motivo de cada día de mi vida es hacerla y verla feliz.

Entré las maletas junto al chófer, el cuál se despidió luego de eso. Busqué a Zoe por toda la casa, abrí la puerta hasta que la encontré rendida en una cama.

¿Cómo se había dormido tan rápido?

No. Lo. Sé.

Me acerqué a ella y me senté en la cama mientras pasaba mi mano por su cabello y luego por su rostro.

—Nena. —La llamé pero seguía dormida. —Serás traviesa. —Sonreí y besé su frente antes de tomarla en brazos y llevarla a nuestra habitación a partir de ahora.

Abrí la puerta como pude para luego dejarla en la cama, antes de que pudiera dejarla en la cama se aferro a mi cuerpo mientras murmuraba cosas inentengibles, intente despegármela, pero no pude. Al final, me tiré junto a ella en la cama acomodándola encima de mi cuerpo ya que no me soltaba.

—Eso me va por decir acepto ese día, y lo mejor de todo es que no quiero que nunca te separes de mí. —Me sonreí. —Como si yo fuera a aceptar eso.

Acaricié su cabello, un bostezo salió de mis labios y cerré mis ojos apretando a Zoe mas a mi cuerpo, dejándome entregar al dios de los sueños.

Mr. VólkovDonde viven las historias. Descúbrelo ahora