Capítulo 18.

1.3K 171 18
                                        


¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Caminaba sobre la orilla del mar. Max iba delante de él entrando en ocasiones al agua. Era un perro labrador color chocolate de grandes y redondos ojos azules. Sacó de la bolsa de su short la pequeña pelotita de colores neones que había traído de casa; Lo llamó y cuando éste estaba ya cerca, lanzó la pelotita dentro del mar.

Nunca imaginó que en algún momento de su vida estaría en ese lugar y menos que viviera con un perro de mascota, un perro que siendo un cachorro encontró empapado un día de lluvia fuera de su nueva casa entre los matorrales. Un perro que había acabado con algunos pares de zapatos, un pequeño sillón individual en el cual ahora dormía y lo que él quisiera, siempre y cuando estuviera a su alcance para destrozarlo.

Max salió del agua con la pelota en el hocico y en vez de llevársela al pelinegro corrió lejos de él por la clara arena. Max jugaba y corría feliz disfrutando aquel preciado momento que pasaba en la playa con su amo.

- ¡Cuidado Max!.- gritó al perro, pero había pasado tan rápido que no pudo evitar aquel accidente.

Llegó al lugar, Max estaba sobre el cuerpo de alguien moviendo la cola disfrutando orgulloso de lo que había hecho.

- Lo siento.- se disculpaba tratando de quitarle de encima al perro. - Max es demasiado distraído y no tiene cui..

Logró quitarle al cachorro y cuando quiso ayudar a la persona a ponerse de pie, el habla desapareció, el tiempo se detuvo y su corazón dio un agitado revuelo. La persona estaba sonriendo ampliamente mientras acariciaba la cabeza del perro y en cuanto éste desapareció de encima de él pudo ver a su dueño.

Después de todo este tiempo sin saber absolutamente nada de él y pensar que estaba casi seguro de haberlo olvidado, lastimosamente todos los bonitos recuerdos vinieron a su mente noqueándolo, y su sonrisa desapareció.

- Hola, Chan Yeol.- saludó reponiéndose rápidamente levantándose él mismo.

El mayor tardó un par de segundos más en reaccionar.

- Se Hun. ¿Estás bien?.- preguntó mirándolo de pies a cabeza asegurándose el mismo de que todo estuviera en su lugar, notando aquella inmaculada blanca piel. - Max es muy distraído.

- Es hermoso.- se agachó un poco y acarició la cabeza del cachorro mientras éste lo miraba con lo más parecido a una sonrisa en el hocico. - Es un cachorro travieso y juguetón, ¿no es así Max?

-¿Qué haces aquí, Se Hun?.- preguntó directo sin despegar su mirada de él.

El menor sonrió nervioso. – Vine a descansar unos días. Dentro de poco tengo que regresar al trabajo.

- ¿Vienes acompañado?.- quiso saber mirando alrededor de ellos.


- No, para nada.- aclaró. - Estoy solo.

Max ladró fuerte interrumpiendo el tenso momento.

- Escucha, tengo que irme. Debo de bañar y alimentar a Max.- observò aquellos ojos de media luna sonriendo para èl. - ¿Quieres venir?

Estaba nervioso y no sabía cómo actuar en esos momentos. Nunca imaginó encontrarse con el menor ahí y no sabía cómo comportarse en esos momentos. Se Hun entraba en su tranquila vida poniéndolo todo de cabeza.

- Gracias. Pero quiero caminar un rato antes de que anochezca.

- ¿Quieres que te acompañemos?

- No, gracias. Me dio gusto verte, Chan Yeol. Adiós.- se despidió con un ligero movimiento de mano.




La música se escuchaba por toda la habitación. Luego de ver al pelinegro en la playa, no había podido calmar sus nervios caminando alrededor de una hora, así que regresó al hotel, fue a su habitación, encendió su laptop conectándola al sonido estéreo que había pedido al hotel poner ahí.  Buscó y puso algo de música para bailar y distraerse. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que comenzara a moverse al ritmo que la música le marcaba, hasta que en cierto momento sintió resbalar algo por su mejilla y se detuvo. Llevó su mano derecha hacia allí sintiéndola húmeda. ¿En qué momento había comenzado a llorar? ¿Por qué estaba llorando? ¿Porque era tan débil? Cayó de rodillas al piso y cubrió con sus manos su rostro.







Veía el reflejo que le mostraba el espejo del baño. Sus ojos lucían aún llorosos y su nariz y frente enrojecidas. El sonido de alguien tocando la puerta lo sacó de su ensimismamiento, se colocó la bata de baño y fue a ver quién llamaba a su puerta.

Luego de ver por la mirilla y abrir, no daba crédito a lo que sus ojos veían. Chan Yeol estaba frente a él y lucía bastante nervioso. Su mirada recorrió lo alto de su figura, vestía un pantalón de lino azul marino y una fresca camisa color hueso.

- ¿Qué haces aquí? ¿Có-como sabías dónde me hospedaba?


- No me fue muy difícil adivinar.

Se Hun había reservado esa vez y cada una de las veces anteriores que había ido a Fort Lauderdale, el mismo hotel al que habían llegado la aquella vez que viajaron juntos, para su cumpleaños número veinte tres.

- ¿Quieres ir a cenar y platicar un rato? Si quieres podemos cenar aquí en el hotel o si lo prefieres, podemos hacerlo fuera.- dijo el pelinegro.

¿Por qué aparecía de nuevo frente a él? ¿No se enteraba la forma en que lo hacía sentir? Su mera presencia lo lastimaba vorazmente. Sabía que tenía que negarse, pasado mañana se marcharía y desaparecía nuevamente de su vida quedando hecho un guiñapo luchando día a día bailando y trabajando, manteniéndose ocupado, todo para no pensarlo y extrañarlo.  Pero también, tal vez el destino le estaba brindando una última oportunidad para verlo y hablar con él. Tantas veces pidió, rogó por verlo una última vez y ahora que por fin se cumplía, no quería desaprovechar la oportunidad. 


Baila para mi.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora