Perdido...

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—Hugo, despierta —es Dana quien llama—. ¡Hugo, Hugo!

—¡Mierda! —digo abriendo los ojos y frotando mi cabeza, me duele todo— ¿Cuánto tiempo me durmió el idiota de Lior? —pregunto mientras tomo asiento.

—18 horas exactas —reponde pasándome una botella de agua.
—Jodéme —respondo abriendo la botella mientras Dana me da una palmada en el brazo.

—Deja de ser tan grosero —insiste entrecerrando sus ojos.

—Lo siento... siento como si tuviera una resaca —me llevo ambas manos a la cabeza, una sostiene la botella en mi sien.

—Agradece que sólo sientas eso, un humano promedio ya estaría muerto.

—¿Por qué me despertaste Dana? —digo arrojándome de nuevo a la cama—. Hubieras dejado que duerma bien, son las 23:33... maldita mierda ¿Qué es esa música? —protesto al oír una fiesta proveniente de algún lugar de por aquí.

—La razón por la que te despierto, Alex está haciendo una fiesta al más puro estilo suyo, y llaman a cenar, quería que te buscara.

—Festejamos noche buena y somos los lacayos del mal... eso es hipocresía.

—Como si los humanos no lo fueran Hugo... —dice ella estirándome para que me ponga de pie.

Sigo a mi hermana hasta la puerta cuando mi tío y mi tía nos toman por sorpresa en la entrada de mi habitación.

—¿Estás bien? —dice el tío Candy— ni bien llegamos, Ross nos contó lo que ocurrió y...

—Estoy bien —digo disgustado— no tengo cabeza para hablar, acabo de despertar. Rayos, esa música está matándome.

La tía viene hasta mí y coloca una mano en mi cuello; me está pasando su energía. Ella es doctora, bueno, era doctora, y sabe cómo curar cualquier tipo de herida, menos las del corazón, es lo que siempre dice.

Mi cuerpo se refresca de inmediato, cuando ella nos empuja de nuevo a la habitación.

—Irás a bañarte, te afeitarás, y te pondrás elegante, quiero que calles a todos, quiero que Lior no sea el que lleve todas las miradas, ¡quiero que seas tú! —miro a mi tía con la boca abierta, pero a fin de cuentas no podía decir que no, ya me arrojó al medio del baño entre empujón y empujón, así que no me queda de otra.

En fin, hice todo lo que ella me pidió, me desvestí, me metí bajo la ducha, me afeité el rostro, enjaboné mi cuerpo unas 15 veces con mi jabón característico de canela y jengibre, me lavé la cabeza y por último me pasé una toalla a la cintuta, al salir tenía en la cama una ropa muy decente; un vaquero azul marino y una camisa blanca, me vestí rápidamente y salí directo a la selva.

En el piso de abajo las luces de colores golpeaban mis pupilas, la música era ensordecedora y la gente estaba ebria, todos son Nemosorum, todos tienen tatuado el símbolo en alguna parte de su cuerpo, hay jóvenes y adultos dejándose llevar por la fiesta, bebiendo alcohol, fumando, otros drogándose. Intento apartar de mi cabeza la imagen de la joven inclinada sobre la mesa de vidrio, porque ya sé que lo que hace es inhalar coca y camino hasta Dana quien se está tomando un helado de esos en paleta.

—Nunca hizo una fiesta con tantos Nemosorum —digo ya a lado de mi hermana mirando a las personas enloquecer.

—Nunca —repite—. En fin, sólo disfrutemos de la noche... ¿te parece?

El Sol, el viento y la Oscuridad  [Libro 2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora