Estaba preso en los brazos de esta chica, y me encantaría tener aquí a Franco o Tamirá. Cualquiera de ellos me sería de gran ayuda, al menos podrían sacarme de la bifurcación en la que nos metió.
Berenice aún ilumina el lugar con su energía, mientras una de las clones de esta joven la mira. Sus ojos están sobre el hilo rojo que cuelga de su muñeca, y mi alma está quieta ante su declaración.
Creí que todos los universos ya abrieron sus puertas a lo desconocido, que sólo faltábamos nosotros, pero según la joven que me acaricia cada segundo de forma más atrevida, me dice que su par murió.
—¿Y qué pretendes hacer? —pregunta Berenice algo intrigada, la luz de sus manos se vuelve cada vez más tenue, y nada tiene que ver su capacidad de producir energía, es éste lugar.
—Pues la verdad, no lo sé —la joven respira sobre mi cuello que es hasta donde llega— Lo único que sé es que en mi universo, había Inmortales, los seguí hasta aquí, y bueno, como ya comenté, los veía hablar, y cuando toqué el agua acabé aquí... por cierto, Esa oración que dijiste —me habla de una forma más lasciva y desinhibida— estaba escrita en la cueva, supongo que es una especie de...
—Cerrojo —completa Berenice— Quizás algo tenga que ver los Inmortales cruzando nuestros mundos, quizás la muertes estén relacionadas... o simplemente, la vida es muy caprichosa.
—Quizás —la joven se acerca a Berenice— pero hay algo que escuché y me interesa saber, eso de volver a traer a los muertos, ¿tal vez con las piedras?
—¿Tu universo no está abierto? —interrumpo, aún sin poder zafarme del agarre de la joven.
La que estaba hablando con Berenice se acerca a mi oído y con su voz más sensual, indiscutiblemente, me susurra mientras con una mano acaricia mi cuello, no puedo evitar sentir placer, por más que finja que no siento nada.
—Sí, está abierto, los Nemosorum lo hicieron, y una guerra se desató, de la nada, los sabios se pusieron en contra nuestra, y atacaron nuestro campamento, mataron a mi designado, y a mis soldados, sólo quedo yo, en las ruinas, en un mundo que ya no existe.
—¿Por qué quieres revivirlo? pregunto cuando la luz de la mano de Berenice se fue por completo.
—Quiero ganar esta guerra, aún hay tiempo, y sólo con él podré —dice contra mis labios. Juro por Dios que intentaba dar pasos atrás, pero es imposible, me tiene muy bien sujetado.
De la nada, en la oscuridad retumbó el sonido semejante a unas sierras contra el metal, la joven al fin me soltó sólo para dejarme oír su agitada respiración.
—¿Qué es eso? —inquiere Berenice.
—Me han encontrado —responde la joven.
—¿Quiénes? ¿Nemosorums? —digo tomándola de su brazo.
—NO, mis enemigos.
—¿Acaso no dijiste que los Nemosorum abrieron la bóveda? —pregunto algo nervioso.
—Sí, pero también te dije que los sabios se volvieron contra nosotros.
—Pérfugas —Berenice y yo soltamos esa palabra al mismo tiempo, sólo para aparecer de nuevo en nuestro mundo y oír una vez más la voz de la chica.
—Volveré, aún no me dijeron cómo revivir a los muertos.
Cuando la voz desapareció la puerta de la habitación es abierta abruptamente por Tamirá y Ebe quiénes quedaron quietas observándonos con algo de preocupación. Inmediatamente entran luego de unos segundos. Ebe va junto a Berenice y Tamirá junto a mí.
Ella toma mi brazo derecho y lo mira extrañada, para darme cuenta de la razón tan sólo algunos segundos después. En mi brújula aparecían unas cruces en distintos lugares, las mismas tenían el símbolo de los Pérfugas.
—Hay cosas que ya no me están gustando —dice poniendo una cara de circunstancia para luego mirar a Zafiro con mucha preocupación— Por alguna razón ellos quieren a ella, Helios, ¿A quién vieron?
—Ni puta idea —respondo cuando recibo un golpe de Ebe en el brazo.
—¡Deja de ser tan grosero! —reclama, yo sólo levanto ambas manos a la altura de mis hombros a modo de defensa.
—Tamirá, ¿qué más sabes? —Berenice se sienta cansada en su escritorio cuando toca el tubo donde está Zafiro.
—Es ella —masculla Tamirá mientras sus ojos están clavados en Yeru— Es ella la que sabe algo, y toda la información que tenía, desapareció. Lo que está sobre su cabeza ahora, son símbolos, símbolos que no puedo entender, la están borrando. Sospecho que nada de lo que pasa aquí es coincidencia, y estoy segura que los Pérfugas tienen algo más que una simple neutralidad. —Berenice y Ebe no entienden lo que dice Tamirá, pero yo sí, y debo preguntárselo cuando estemos a solas.
Berenice suspira para demostrar su fatiga, a sabiendas de que las cosas no están nada bien. Paso mi mano sobre mi brazo, en donde se forma mi mapa para ver que los Nemosorum se están condensando, y los Pérfugas están dispersos ¿qué demonios significa todo ésto?
—Han pasado muchas cosas —Berenice se lleva las manos a los ojos— Helios, creo que se viene una gran guerra, y ni siquiera sabemos para qué peleamos, seguimos siendo pocos. Necesitamos más.
—Estamos en eso —respondo— Tendremos más Dominis para el fin de semana, pero deberemos dividirnos, tendré que...
—Tendrás que hacer tropas —dice Ebe, completando mi pensamiento— Y tendremos que salir a buscar todo; la llave y la última roca.
—Todo lo que no deseaba hacer —respondo arrinconado, pero tiene razón, es hora de salir.
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El Sol, el viento y la Oscuridad [Libro 2]
FantasyLuego de la muerte de Zafiro, a Helios, Hugo y enemigos nuevos, quieren conseguir su cuerpo, unos para revivirla, otros para desintengrarla. La culpa, el miedo, los malos recuerdos, el dolor y la arrogancia invadirán el sentimiento de cada uno de l...
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