Abro bruscamente la puerta de mi habitación, ver a Paulina tirada en mi cama fue una sorpresa agradable, la niña ha vuelto a ser rechazada por Hugo.
Cierro lentamente la puerta y me saco la campera de cuero, mientras observo el cuerpo de Paulina extenderse sobre mi cama.
—¿Vienes a que te dé un poco de consuelo? —pregunto desnudándome y yendo camino a mi ducha.
Paulina se gira haciendo que su diminuto vestido se suba sobre las nalgas dejándome ver todo su esplendor.
—¿Soy fea? —pregunta abriendo sus brazos y tirándose por completo mientras yo dejo la puerta de mi baño abierta y enciendo la regadera.
Entro bajo el agua con mi cuerpo desnudo mientras ella me mira cada vez con más ganas. Las medias en red marcan sus carnosos glúteos y me obligan a apresurarme con mi aseo, pues mi sangre ya había bajado por completo a donde debía ir.
—Eres hermosa —respondo mientras me enjabono— Y Hugo está enamorado, por eso te está siendo muy difícil. Pero para cuando necesites, me tienes a mí.
—Tú estás para todas Lior —dice a modo de queja.
Apago la ducha y envuelvo la toalla alrededor de mi cintura, me peino el cabello con los dedos, cuando ella se acomoda entre mis sábanas. ¿Qué podría hacer yo? ¿negarme a ayudarla? ¿Hacer caso omiso a su necesidad? Claro que no, la pobre chica me necesita.
Me arrojo a la cama con la toalla aún en mí, Paulina se sienta a horcajadas sobre mi abdomen y acaricia mi pecho.
—¿Tu vida sin sexo sería muy aburrida no es verdad? —me pregunta acercándose más a mí.
—Eso es más que obvio, todos saben que soy un libidinoso. —respondo cuando ella se arroja a mis labios.
Paso mis manos sobre sus caderas trayéndola más a mí, me subo un poco más hasta estar a la altura de su cuello. Comienzo a besarla, y bajo mis manos por debajo de su vestido.
Toco sus muslos, cuando ella suelta un pequeño gemido de placer, no hay nada que ame más del sexo, que escuchar lo que puedo provocar en el otro.
Levanto la tela del vestido hasta su vientre para ver que en serio venía con su mejor arma por si Hugo cayera. Se lo está perdiendo.
Ella vuelve a tirarse sobre mis labios y aprieta con fuerza sus muslos alrededor de mi cadera, al igual que sus manos me sostienen los hombros.
Los dos ya nos estábamos cansando de alargar el juego, así que la arrojé a la cama, separé sus piernas y admiré todo de ella. A punto de sacarme la toalla de la cintura, mi puerta se abre.
—¡MALDITA MIERDA! —exclamo mientras verifico que fue Dana quien está observando sin ningún asombro la escena— ¿Te unes? —pregunto al fin, tal vez y sí, quiera unirse.
—Me uniré a tus fiestas cuando el sello de la bóveda esté roto.
—¿Qué quieres? —pregunta Paulina acomodándose el vestido y de muy mala gana.
—Dara salió a una misión y parece ser que tiene poco tiempo, es mejor que vayas ahora mismo Lior.
Dana se cruza de brazos y se retira de mi habitación dejando la puerta abierta.
—¿Tiene que ser ahora? —grito para que ella me escuche.
—Siii —responde también gritando.
Estoy por maldecir, cuando el tatuaje de mi cadera comienza a vibrar, mis sombras quieren salir, y de ser así, es mejor que me apresure.
Me volteo para ver a Paulina quien me ofrece una mirada desesperada, la verdad que la entiendo, yo también quedaré muy adolorido. Pero mi deber llama, y quizás esta sea mi oportunidad.
— mejor que salgas de la habitación hermosa. —pido mientras me levanto y camino hasta la ducha de nuevo.
—Tal vez hoy por la noche podamos terminar. —dice colocándose los zapatos, resignada.
— Esperemos...
Cierro la puerta de mi baño esta vez, y en vez de poner el agua tibia cambio la temperatura a fría, hay mucho que bajar en mí para que pueda salir por esa puerta.
Mientras me dejo arrastrar por los chorros de agua, me pregunto ¿cómo carajos hace Hugo? Sí, Zafiro es una joyita, pero, ¿qué tiene la chica como para evitar que un hombre de la talla de Hugo no caiga a los pies de un cuerpo como el de Paulina?
Honestamente, desde que vi a Zafiro supe que la chica tenía algo, aparte del parecido descomunal con Alexandra, una mujer sumamente sexy, sólo que ella era todo lo contrario.
Alex es como la princesa de los elfos, delicada, bella, Zafiro, por el contrario, es como la niña mimada de los plebellos, hermosa, pero en harapos, tierna, pero vestida de niño. La única vez que la vi como una delicada flor, aparte del día de su muerte, fue en la fiesta antes de Navidad.
Recuerdo haber prestado mi auto a Dana para buscarla, las seguí todo el camino desde una bifurcación, olía a jazmín y madera, su cuello largo estaba adornado por un pequeño lunar justo cerca de su clavícula.
Tenía un vestido blanco, que por más que fuera suelto, marcaba sus proporciones, parecía un ángel, su sonrisa era dulce, y su cabello largo la hacía ver más pequeña de lo normal.
Sí, Zafiro tenía su encanto, como las brujas blancas, quizás si hubiera estado en el lugar de Hugo aquel día, tampoco pasaría de largo, e iría a su rescate.
Apago la ducha, me seco el cuerpo nuevamente, y me visto lo más pronto posible. Agarro mi perfume, uno nunca sabe a quién podría flechar por el camino, así que hay que ir preparado para la guerra.
La puerta de mi habitación vuelve a abrirse, pero esta vez de la mano de Hugo, él se está mordiendo el interior de su mejilla, y no ha despegado sus dedos del picaporte.
—Sólo vas junto a Dara, pregúntale si tienen algún avance con respecto a Zafiro, le inyectas un bucle sin que se de cuenta y regresas. —ordena.
Me llevo las manos a los bolsillos para encogerme de hombros y atravesar de esa manera mi puerta.
—Lior, nada más ¿entendido?
—¿Qué más podría hacer? —pregunto fastidiado— Dara es una mujer muy fuerte, no me pondría a luchar con ella en medio del bosque, eso está claro.
—No sé qué es lo que estés tramando Lior, pero sé que algo tienes entre manos...
Me acerco lo suficiente a Hugo para que pueda verme bien y escucharme, coloco una mano sobre su hombro para brindarle una sonrisa triunfal.
—¿Te has mirado al espejo hermano? —pregunto apretando más su hombro— Estás pálido, tus ojeras son pronunciadas, y se nota que no has dormido nada, andas paranoico, ¿acaso te está costando mantenerte con el segundo sello? las sombras te están queriendo comer tu alma ¿no es verdad? Pobre de ti, Hugo. Yo que tú, me pondría a ver la forma de corregir eso, y evitar desaparecer, antes de ver a mi amada.
Y con esa amenza, salté, directo junto a Dara.
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El Sol, el viento y la Oscuridad [Libro 2]
FantasiLuego de la muerte de Zafiro, a Helios, Hugo y enemigos nuevos, quieren conseguir su cuerpo, unos para revivirla, otros para desintengrarla. La culpa, el miedo, los malos recuerdos, el dolor y la arrogancia invadirán el sentimiento de cada uno de l...
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