Impulsos Carnales

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Di mi salto a la casa de Alex, cuando veo a Ámbar parada, con una camisa abotonada hasta el escote, unos vaqueros muy ajustados y el cabello en un moño, toda lista para ser deborada.

—Mmm todo un manjar —digo llevando el bastón en mi mano derecha mientras la apunto con la izquierda.

—Hugo tuvo una recaída —me advierte.

No pregunté nada, sé muy bien cuál es el problema, voy corriendo hasta la habitación del idiota, lo veo retorciéndose mientras Dana intentaba sostenerlo, pero es imposible, los espasmos son a causa de las sombras. Me acerco a su cuerpo, alejando a Dana. Cuando lo tengo sólo a él, sé exactamente que hacer.

—No lo mates —suplica su hermana, puedo ser un insensible, y odiar a Hugo, pero si lo mataré será demostrando mi superioridad.

Coloco mis manos sobre su cuello, y muy lentamente extraigo la energía oscura acumulada en él, eso hace que se retuersa más, lo curaré, pero sin anestesia.

Quien mejor que yo, ya he pasado por esto, yo recibí el sello de mi padre y de mi madre, y estuve tan mal como Hugo, yo rocé a la muerte. Desecho la energía sucia, que parece como una mancha de tinta, automáticamente al sacudir las manos la dejo caer provocando que las sombras de nuestros cuerpos fueran al ataque.

La única razón por la que sobreviví fueron mis ganas de vengar a mis padres, tener dos sellos es riesgoso, es como ofrecer tu espíritu a toda la energía negativa del mundo.

No me conviene en absoluto que Hugo muera, mucho menos de esta manera, yo quiero hacerlo sufrir, quiero arrebatarle lo que más ama, y que me vea haciéndolo, que me vea destriparlo.

Una vez que las sombras volvieran a nuestros cuerpos y Dana se calmara, tengo un gran dilema que resolver. Lo ayudo a encontrar su motivación, o lo dejo luchar.

Aprieto mi mandíbula, pues al fin y al cabo, ya tengo bien trazado mi plan.

—Dara me dio esto —aprieto los dientes mientras coloco el bastón de Zafiro ante su cuerpo temblando. No quiero ayudarlo, pero debo hacerlo.

—Zaf... —pronuncia apenas su nombre, mientras sus ojos vuelven a su color normal, pues, él estaba manchado de tanta energía oscura que hasta sus venas se veían negras.

—Me llevó a un recuerdo suyo —estoy odiando tener que contarle todo esto—. Los Pérfugas podrán haber borrado todo, pero el bastón aún los conserva. Quizás es hora de que vayas a buscar más rastros de ella, mientras el resto nos encargamos de todo.

—No aún... —responde tomándome de la muñeca—. Quiero sembrar pánico en los Dominis, quiero que Helios entre en duda... ¡Quiero que pague!

Su voz salía distorsionada, como si él fuese más de uno, las sombras aún lo controlan. Ya veo que este proceso será muy difícil.

—ZAFIRO RESPIRÓ POR PRIMERA VEZ HOY —cuando termino la oración, suelta mi muñeca, mientras Dana lo ayuda a sentarse en la cama.

Claro, saber que la niña respiró era suficiente motivo para verlo mejor. Sus facciones se suavizaron y su respiración se hizo normal.

—¿Cómo? —pregunta al unísono con Dana.

—No sé, es todo lo que tu espía pudo decirme.

Me levanto, porque ya no puedo estar en esta habitación, suficiente ha sido mi acto de bondad. Respiro profundo, pensando de que acabo de ceder el único plan que tenía en contra de Hugo, acabo de darle la única herramienta que me podría servir a mí para despertar a Zafiro.

Pero encontraré la forma de volver a traer todo el juego hacia mí, eso, la verdad no lo dudo, siempre supe conseguirlo todo.

Hugo no dice nada, sólo observa el bastón, por lo que al final decido dejarlo con su hermana.

El Sol, el viento y la Oscuridad  [Libro 2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora