Si el mundo comenzara a señalar las malas acciones que todos hemos cometido alguna vez, el juicio duraría milenios enteros.
Saskia está ante mí, borrando y dejando huecos en mi mente, apenas faltan minutos para que realice el salto, ella acaba de llegar de una misión, la cual estoy olvidando, no sé a qué la mandé, ni a Andree, ni a Dara, ni a Gizah, sólo sé que estoy en el sofá.
Saskia tiene una pierna apoyada sobre mi muslo y con ayuda de su mano derecha sostiene mi cabeza hacia atrás, mientras con la otra va metiendo y sacando energía.
—Ya falta poco —dice a modo de tranquilizarme— debe estar doliéndote el cuello.
—Y la verdad, sí... me duele la puta vida... —digo casi sin pensar.
—Tienden a no filtrar lo que dicen cuando pasan por esta parte, recuerdo que Zafiro me había dicho que tenía unos bonitos pechos— Saskia y Tamirá ríen con ese comentario.
—Tienes bonitos pechos —decimos Tamirá y yo al unísono.
Las risas de ambas me llenan la mente de recuerdos lejanos, justamente cuando Zafiro estaba siendo sometida a lo mismo, la habíamos despertado a mitad de la noche y la llevamos a la sala.
Era una noche lluviosa, sólo estábamos Saskia, Zafiro y yo, pasó por una serie de pruebas hasta que Saskia determinó que era hora de actuar, llevó su cabeza para atrás y cuando comenzó a borrar indicios de la existencia de ella, empezó a decir tantas cosas, hasta que habló en un idioma bastante extraño.
Saskia y yo nos detuvimos ante eso, pero mucho no pudimos hacer, ya habíamos terminado el trabajo, era hora de hacerla dormir y que Saskia partiera a su misión, así que no dimos importancia a lo que no entendíamos y la volvimos a llevar a la cama.
Recuerdo que la tomé en brazos y la dejé en su habitación, esa noche no pude resistirme a su belleza y terminé besando su frente, total, sabía que ella nunca lo recordaría.
Fue una estupidez de mi parte, porque simplemente me estaba torturando a mí mismo.
—Es hora Helios, debemos ir —Tamirá parece ansiosa, como si estuviésemos por ir a una fiesta.
—¿Dónde está Gizah? —pregunto un poco desorientado, no recuerdo tan siquiera en qué momento llegué a la sala.
—¡Estoy afuera! —la voz de mi hermana también sonaba ansiosa, ya me imagino que volver a nuestra ciudad debe ser motivo suficiente para estar así de feliz.
—Quiero confesar que me siento encantada por la idea —Tamirá pone una mano sobre mi cabeza y me despeina, por decirlo de alguna manera, ya que siempre ando despeinado—. Desde que llegué a Paraguay no vi más que las casas donde vivimos y algún que otro bosque.
Cuando Tamirá dijo eso sentí tanta vergüenza, nunca me hice de tiempo para mostrarle más de este país, o incluso de estos bosques.
—Lo siento...
Termino mis disculpas al salir de la sala, en lo que ella gira para darme una agradable sonrisa, sus ojos brillan y eso me da una sensación lejana, como si me recordara a algo palpitante en mi ser.
—Bien, dejemos la cursilería y vayamos —nos tomamos las manos y Gizah realiza el salto de una.
El ruido de la ciudad me aturde por un segundo, los bocinazos, la gente hablando, música fuerte, motos acelerando, ambulancias, todo en menos de un segundo, estaba presente allí. Tamirá observaba maravillada la actividad nocturna de la ciudad, mientra Gizah y yo intentábamos ubicarnos.
—¡Estamos lejos! —decimos al unísono mi hermana y yo— La plaza de las Armas —creo que ya nos leemos la mente.
—Caminaremos un poco —Tamirá parece una niña en una dulcería, da pequeños saltos y sus pasos son casi bailando.
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El Sol, el viento y la Oscuridad [Libro 2]
FantasyLuego de la muerte de Zafiro, a Helios, Hugo y enemigos nuevos, quieren conseguir su cuerpo, unos para revivirla, otros para desintengrarla. La culpa, el miedo, los malos recuerdos, el dolor y la arrogancia invadirán el sentimiento de cada uno de l...
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