Ebe

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Hace tres horas que volvimos al campamento, Tamirá fue atendida de urgencia por Berenice y Ebe auxilió a Dara.

Ahora estoy reunido tomando café con Andree, a quien acabo de contar todos los acontecimientos más recientes, él me está observando, como estudiándome muy cuidadosamente, sabe que últimamente he estado un poco explosivo, bueno, un poco más explosivo de lo normal.

—Helios, amigo —habla con un tono preocupado—. Sabes que estamos tras el rastro de los padres de Zafiro desde su desaparición el año pasado. Según nuestras investigaciones, su último viaje fue a Italia, desde allí, no sabemos nada viejo, y yo no he parado, entre misión y misión siempre me hago tiempo.

—Lo sé —respondo sirviéndome más café— Andree, estoy desesperado, ahora que sé cómo despertarla, o al menos que lo tengo más claro, se aparece Lucía, sacándome más piezas del rompecabezas.

Andree frena de lleno mi taza de café antes de emprender el viaje a mi boca, me niega con la cabeza, por lo que vuelvo a bajar la taza.

—Busca a la hija de ellos, tú me has dicho que hablaste con ella una vez, me dijiste algo de la nota que te obligó a guardar —Andree comienza a cambiar la expresión de su rostro, como si lo que acabara de decir no encajara, como si estuviese mal su respuesta.

—Sí, lo hice, pero luego de ese encuentro, ella borró rastros. Ya no recibo cartas de la Nona, no sé nada de mi padre, mi madre está en Japón, y muy poco me habla, no quiere meterse en estos líos, ya sabes, con el problema de depresión que sufre.

»No tengo nada Andree, Liza tiene la misma actitud de siempre, y pareciera que me odia más luego de la muerte de Zafiro, Gizah, pide salir a cada misión que puede, y hoy pidió libre, no puedo tan siquiera contar con mis hermanas. ¿Me entiendes? Eres él único Andree, sólo a ti te puedo pedir que los sigas buscando.

—Helios... —dice apretándose los labios, negando, como si su mente buscara una respuesta— ¿Por qué te borraste parte de tus recuerdos?

Cuando termina la pregunta mi mente queda en blanco, no sé qué responder, o cómo reaccionar, al fin y al cabo por algo lo hice.

—Quizás no podía con todo lo de Zafiro.

—O quizás tienes información importante que guardar y dejarla así ¿me entiendes? —pregunta ofreciéndome de nuevo la taza de café que evitó que tome.

—Dices que Lucía me está tendiendo una trampa...

—Ya sabes dónde están —vuelve a apretarse los labios—. Pusiste bucles en la cabeza de todos los que sabíamos, y a mí me dejaste un interruptor, acaba de activarse, y sí, Lucía te está tendiendo una trampa, ella necesita a los padres de Zafiro.

—¡Soy un maldito genio! Pero ahora quiero saber de ellos.

—No puedes, por algo lo bloqueaste, ni yo lo sé viejo.

—Son muchas cosas las que pasaron en esos 2 meses, ¿cuántas cosas ya no sé?

Andree se encoge de los hombros y me brinda una sonrisa de buen amigo.

Quién se iba a imaginar; que él y yo resultaríamos llevarnos tan bien y terminaremos confiando el uno al otro, nos odiábamos tanto.

Pensaba que era porque éramos muy parecidos, hasta que apareció Hugo, nos aliamos en contra del chico, y fue allí que él me confesó que estaba profundamente enamorado de Zafiro.

Mi cuerpo dejó de responderme en ese momento, pues no comprendía por qué me incomodaba tanto saber eso, lo sospechaba en ese momento, a mí también me gustaba.

Pero como dice la frase; mejor enemigo conocido que enemigo por conocer, decidí apostar todo por Andree.

Con el paso del tiempo nos hicimos colegas, socios, hasta hoy, que somos prácticamente hermanos.

—Hice lo mismo con las piedras, ¿verdad? —pregunto animado, por eso no sé dónde están.

—Así mismo —responde sirviéndose él ahora el café—. Helios, sólo quedan rastros en mi cabeza, pero hay algo que está zumbando muy fuerte, en verdad, no te encontrabas bien, y esperabas algo con este truco, no lo sé hermano, pero yo creo que debemos confiar en tu sabiduría.

—Tal vez tengas razón.

Mientras tomamos nuestros cafés, Ebe entra a la sala, apretándose las manos una contra otra, nuestros ojos se cruzan y ella se ruboriza por completo.

Camina lentamente hasta nosotros, como pidiendo permiso, ha bajado los ojos por completo, me está evitando.

—Dará está estable —informa— Y Tamirá se encuentra bien, pero está durmiendo, esta tarde ya podrá volver a la acción, la herida se curó rápidamente.

—Vaya, Berenice es una genia. —aplaude Andree admirando a la hermosa Ebe.

—En realidad, fui yo quien la curó —Ebe se sonroja más al decir eso, entonces me recuerda más a Zafiro.

—¡Felicitaciones! —digo orgulloso—. Anda, ven a celebrar con nosotros con una taza de café.

Ebe duda por un segundo, pero finalmente viene junto a nosotros, y en los sofás sólo había lugar de mi lado, pues donde estaba Andree había unos libros gigantes que estaba leyendo Liza antes de que la echemos de la habitación.

Me aparto para que ella se pueda acomodar, saca una taza de la bandeja y se sirve a tope.

—¡Por Ebe! La mejor Dominis médico de la historia —digo alzando mi taza, los tres lo hacemos y reímos de alegría—. Estoy Orgulloso en verdad, has mejorado muchísimo Ebe.

—Gracias —su rostro es rojo puro, y parece que está temblando un poco de la emoción.

El sonido del recordatorio de Andree nos despierta de nuevo. Apaga el quibit de energía que recibió, eso quiere decir que le toca hacer ronda en el exterior.

—Debo hacer un salto a Curitiba según el último reporte de Fer —me informa—. Quien por cierto está con los nuevos reclutas.

—¿Y qué dice el informe de Fer? —pregunto algo nervioso.

—Almas, al parecer Alexandra no sólo nos quería provocar, en verdad están robando almas, pero aparentemente, en Curitiba hay una Dominis purificando.

—¡Eso es muy buena noticia! —digo feliz—. Anda, no pierdas tiempo, ve por ella, si conseguimos que venga, ya serán 3 trabajando en eso.

Andree se levanta dejándonos solos a Ebe y a mí en la sala.

—¿Quieres estar sólo? —la voz de Ebe es tan suave, que no lo puedo discernir hasta que lo vuelvo a repetir en mi cabeza.

—No para nada.

Ebe se acomoda a mi lado, y no sé si deba o no mudarme de lugar, al fin y al cabo, no quiero que se sienta incómoda, y no sé qué sería peor.

—Helios —me llama y la miro de golpe, por un momento creí ver a Zafiro— ¿En verdad estás orgulloso de mi? Es decir, tú tienes a todos ocupados, haciendo cosas importantes, de misión en misión, y a veces, siento que soy más un estorbo que otra cosa.

—Estas loca niña —al decir esas palabras agachó su cabeza, dejándome ver una tierna mueca, ella es hermosa en verdad—. Eres genial Ebe, que nadie te diga lo contrario.

El Sol, el viento y la Oscuridad  [Libro 2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora