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Sonó el timbre, primer día infernal, era hora de irse a casa.

Maggie se iba sola a casa y para su sorpresa, Jared la seguía. Ella agradecía que le hubiera ayudado tanto, pero presentía que se acabaría enamorando de él, por lo que quería alejarse de Jared:

-No me sigas - dijo Maggie.

-No te sigo, voy a mi casa - contestó Jared poniéndose a su lado.

-Mira, agradezco tus ayudas, de verdad, pero no quiero que me sigas.

-Ya te lo he dicho, no te sigo, voy a mi casa - repitió Jared - ¿Porqué eres así de antipática conmigo?

-No tengo que darte explicaciones - respondió ella.

-Me lo debes - dijo Jared:

-Pufff - resopló - He sufrido mucho y he llegado a la conclusión de que es mejor no establecer relaciones con nadie.

-Pero siempre está la excepción que confirma la regla - dijo él.

Maggie le miró, tenía toda la razón, pero para ella esa excepción no existía:

-Y dime ¿la rubita te trata así desde hace mucho?

-Desde que comenzó el instituto - contestó cabizbaja.

-¿Tantos años has estado de esta manera? - preguntó sorprendido.

Ella no contestó. 

Maggie llegó a su casa y se fue a su habitación, se tiró en la cama y miró a su ventana, en ese momento vio a Jared en la otra ventana. Rápidamente se levantó y la abrió:

-¡Jared! - gritó.

Jared miró y la vio:

-Hola Maggie.

-¿Eres mi vecino? - preguntó sorprendida.

-No, solamente me gusta entrar en casa de desconocidos para vivir, soy un ocupa en una habitación que tiene fotos mías - contesstó irónicamente.

Maggie soltó una carcajada:

-Y bueno... ¿qué haces esta tarde? - preguntó Jared.

-Hacer deberes - contestó.

-Hacer deberes es de pringados.

-Pues soy la mayor pringada que has visto, pero ¿sabes una cosa? que los pringados aprueban -dijo Maggie con una sonrisa torcida.

-Tienes razón...

-¿Y tú? ¿qué vas ha hacer, chulito? - preguntó Maggie.

-No soy un chulito, y voy a ir a jugar al béisbol, podrías venir a animarme.

-No, prefiero que pierdas - dijo Maggie cerrando la ventana riendo.

-¡Maggie! - exclamó su padre desde a bajo.

Los gritos de su padre no eran buenos, significaba que se avecinaban golpes y castigos. Su hermana pequeña de 6 años, Rachell, salió de su habitación aterrorizada por lo que iba a ocurrir:

-No bajes... - susurró Rachell abrazando a Maggie.

-Métete en tu habitación, cierra la puerta y tápate los oídos, ahora subiré - dijo Maggie acariciando la cabeza de su hermana.

Rachell se metió en la habitación y ella bajó las escaleras. Su padre tenía un cigarro en la mano:

-Me ha llegado un mensaje, has llegado tarde a las clases ¡¿qué diablos estabas haciendo para llegar tarde?! - gritó amenazante.

-No escuché el timbre, papa, eso es todo - dijo Maggie inocente.

-¡Eres una niñata irresponsable! ¡tan zorra como tu madre! - exclamó su padre agarrándola fuerte de la muñeca.

-¡Suéltame! ¡solo he llegado unos minutos tarde! - decía ella dolorida.

Su padre la tiró hacia las escaleras, así cayendo sobre tres escalones y dejándose la marca en la espalda:

-¡No me contestes! ¡eres una niñata maleducada!.

-Lo siento papa... - dijo ella intentando que no se acercara.

-¡¿Lo siento papa?! ¡¡¿lo siento papa?!! ¡si que lo vas a sentir! - gritó su padre.

Seguidamente apagó su cigarrillo sobre el brazo de Maggie, ella gritaba de dolor y su hermana lloraba en la habitación:

-¡Ahora lárgate de mi vista! - exclamó él.

Maggie subió llorando, su espalda tenía moratones por el golpe contra la escalera y su brazo una quemadura. Se paró frente a la puerta de su hermana, se secó las lágrimas y entró:

-Rachell... - susurró con una sonrisa.

Su hermana bajó de la cama y corrió hacia ella, abrazándola fuertemente. El abrazo le dolía, pero no se quejó:

-Ya está... ya pasó... no pasa nada... - dijo Maggie acariciándole el pelo.

Llegó la noche, Maggie estaba en su habitación intentando dormir. Su madre acababa de llegar de trabajar, su padre estaba borracho con la botella de whisky en una mano y un cigarrillo en la otra, sentado en el sillón viendo la televisión. Los gritos comenzaron, los golpes, los estruendos... Maggie sabía que su madre estaba siendo maltratada, aunque no podía hacer nada contra su padre.

Jared encendió su luz y abrió la ventana:

-¡Maggie!

Ella se levantó y abrió la suya:

-Hola - susurró para que no la oyeran sus padres.

-Oye, hay mucho ruido en tu casa, no puedo dormir.

-Yo tampoco - respondió Maggie.

-¿Qué ocurre? - preguntó curioso.

Ella agachó la cabeza y cerró la ventana, sin embargo, un pequeño hueco quedó entreabierto. En ese momento entró su padre en su habitación y le cogió del pelo apartándola de la ventana. Jared se quedó horrorizado al ver los múltiples golpes que Maggie estaba recibiendo:

-¡Maggie! ¡Maggie! - exclamó a través de la ventana.

-¡Asquerosa mocosa! ¡¿te crees algo?! - gritaba su padre mientras sostenía la botella de whisky con la mano- Pues no eres nada.

Seguidamente se marchó y cogió a su madre, quien estaba aterrorizada viéndolo todo, y se la llevó al salón. Maggie se quedó tirada en el suelo, con el labio sangrando, con un moratón en el pómulo y con lágrimas en los ojos:

-¡Maggie! ¡contesta, Maggie! - gritaba Jared sin verla.

Maggie se levantó lentamente apoyándose en su cama:

-¡Tranquila, voy a llamar a la policía!  -dijo Jared con el teléfono en la mano.

-¡No! déjalo... - dijo corriendo la cortina mientras negaba con la cabeza.

Jared, dejó el teléfono e intentó dormir.


Pasó el tiempo, el lazo que unía a Maggie y a Jared se hizo más estrecho. Jared no lograba hacer que Kaylee parara y el padre de Maggie continuaba pegándola a ella y a su madre. Lo único que aliviaba el sufrimiento de Maggie era su encuentro con Jared a través de la ventana. Cuando estaba con él, era como si los problemas se marchasen, estar con su amigo le alegraba el día.



Against loveHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora