Capítulo 6.

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Estaba cansada de tanto caminar, pues el dichoso colegio está a 45 minuto en auto y una hora y media caminando.

Acabo de llegar a la casa —madre ya llegué—. Nadie contesto por lo que supuse que estaba sola.


No me sorprende estás cosas, si siempre me lo hacía en Chicago, aunque la diferencia de aquí, es que allá yo podía andar donde quisiera ya que conocía todo, pero aquí no, pues apena sé dónde queda el colegio, ¿qué me hace pensar que ella cambiaría? Es muy tonto de mi parte pensar eso. Suspiré, subir a mi habitación para poder quitarme este hedor de encima.

Cuando termine de bañarme, baje a la cocina y no había nadie, —aún no—pensé. Vi una pequeña nota amarilla en refrigerador, que decía: —Darcy, salimos. Volvemos más tarde. Te toca lavar la ropa hazlo ante de que yo llegué para que no tengamos problema—. Eso fue todo.

Terminé de comer algo, me dirigí al cuarto de lavado para comenzar el dichoso lavado. 




***



Me levanté, gracias a los gritos de mí madre, ni siquiera me acuerdo cuando me dormí. —Darcy, despiértate ahora y ábreme la jodida puerta— No sé, si les pasan a otros, pero a mí cuando me despiertan de esa manera, me dan ganas de matar medio mundo, odio que me despierten.

—Ya voy—. Dije exasperada, hoy comenzamos muy mal.

¿Por qué le pones seguro a la puerta?me dice muy enojada, y fulminando me con la mirada.

Esto no puede estar pasándome, después de un siglo, es que se da cuenta de qué le pongo seguro a la puerta, vaya madre. —Darcy, responde la maldita pregunta— suspiro pesadamente por está ridícula actuación.

—Mira madrehago unas comillas con los dedos desde que tengo una habitación propia siempre le he puesto, el hecho qué tú sea mala madre y nunca te hayas fijado son tus problemas—. Mierda eso no era lo que iba a decir. Abra problemas.

Y sin previó avisó, me soltó una cachetada, tan fuerte que me hizo voltear la cara, sino estaba despierta, ahora si lo estoy. La mire directamente a los ojos, mientras me pasaba la mano en el lugar dónde me dio el golpe y el cuál ardía bastante. No había una pizca de arrepentimiento.


Simplemente me límite a mirarla, mientras ella hacía lo mismo. —Cámbiate y luego baja para desayunar, sabes qué tienes que ir a la escuela—. Cerré mí puerta cuando se fue

No hay un día qué me trate bien, en que no haya discusiones, no entiendo por qué ella me da ese trato así. Se que no conteste de la mejor manera, no debí hacer esas comillas, pero siempre me trata mal.

Fui directo al espejo y cómo era de esperarse tenía la zona rojiza, y me marcó cuatros dedos. Por primera vez deseé tener maquillaje para poder ocultarlo un poco, pero no tenía, por mala suerte.

Después de cambiarme, baje a la cocina y antes de entrar, vi a mi madre sentada en la sala, y a Sam no la he visto por lo que puedo imaginar aún estaba cambiándose. Agarré cualquier cosa y comencé a comer ya que no tenía ánimos para cocinar.

—Vayámonos chicas, qué estamos tarde—. Gritó el padre de Sam desde algún lugar de la casa.

Cuando llegué a la sala, ya estaban todo, yo era la única que faltaba. Cuando el padre de Sam me miró a la cara se sorprendió por el golpe que tenía, yo no era muy blanca que digamos, pero el color morado y verde resaltaban "muy hermosamente" mi cara, que suerte.

Obeses.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora