En Nueva York, Gates y Ryan habían mantenido una misma versión sobre como Gates había obtenido datos del asesino de Orlando Costas, había acudido ella misma al lugar donde su informador le había visto, avisando a Ryan para que acudiese en su apoyo. Pero antes de que él pudiese llegar, el asesino la había descubierto y la metió en una monovolumen, donde a punta de pistola, tuvo que conducir hasta la casa donde la estaban ahora. Tuvieron que inventarse una no creíble escena de Ryan siguiendo la monovolumen al descubrir a su jefa que se subía con aquel tipo y como había pasado la noche vigilando el momento oportuno para liberarla… no era muy creíble, y más cuando él había dicho estar enfermo para no ir a comisaria, pero no podían decir otra cosa… Tampoco era muy normal que no se encontrase una bala que había atravesado el brazo del asesino, pero la verdad es que a nadie parecía importarle mucho ese detalle, una capitana del NYPD había sido secuestrada por un asesino y estaba a salvo. Que el maldito secuestrador tuviese un disparo extraño en el brazo o no, carecía de importancia, cuando en realidad el que le había matado estaba en el centro de su frente.
Se habían llevado el arma del asesino, que habían identificado como Cole Maddox, y no tardarían en comprobar que se trataba de la misma con la que habían asesinado a Orlando Costas y al Capitán Smith. Esto sumado al secuestro e intento de asesinato de otra capitana… no se iba a investigar mucho más, y poco iba a importar como Ryan apareció en aquel sótano.
Gates ahora temía otra cosa. Ahora se había puesto en el punto de mira ella misma. Si el que había dado la orden a Maddox temía que ella supiese más de la cuenta, la buscaría. Todo esto se la estaba escapando de las manos. Pero al fin y al cabo, ahora tenía más gente en la que confiar. La había sorprendido gratamente Ryan. Siempre le había parecido el más sensato pero débil en ese extraño grupito de seguidores incondicionales de Beckett.
Y vaya grupito: tres policías, una forense, un escritor… ahora solo faltaba que se hiciesen amigos del periodista y lo incluyesen, añadir un técnico informático y otro de laboratorio y no necesitarían la comisaria… cerró los párpados esperando que no se les ocurriese esa idea, por su mente la única incorporación que tenía que llevar a cabo era Sarah. Y de forma urgente, había visto como se había luchado por no derrumbarse, había notado su miedo. Necesitaba exponerse a más situaciones como esa. Y le había sorprendido que Espósito reaccionase ayudándola. Sería un buen maestro. Experiencia no le faltaba, había estado en el ejército.
Pero ahora tenía que pensar en como lidiar con aquella situación. Tendría que ir a ver a Ben, y que el localizase a Sarah, Espósito y Grady… y este último tenía que decirles donde estaban los documentos que le había enviado Smith, y rezar porque se tratasen de los documentos que pensaban, porque como fuese otra cosa, estaban muertos todos.
Decidió ir a ver a Ben y luego ir a su casa. Con su habitual desconfianza, se aseguró que nadie la seguía y llegó hasta la residencia. Estaba muy cansada. Necesitaba una buena ducha de agua ardiendo, una cena y horas de sueño. Encontró a Ben donde siempre, con los ojos cerrados. Ella se acercó y se sentó a su lado sin decir nada. El banco de madera se arqueó un poco bajo su peso y Ben abrió los ojos. Al descubrirla allí no pudo más que esbozar una sonrisa.
- Sarah dio contigo
- Si. Dio conmigo, Ben, dio conmigo.
Le puso al corriente de todo lo que había ocurrido. Ben sentía orgullo de su nieta, pero sabía que su dulce aspecto sólo le serviría para que ocurriese lo que pasó en ese sótano, que la tomasen por frágil.
- Tienes que endurecerla Victoria. Con el tiempo será buena, pero necesita una coraza
- Lo sé… tengo planes, te lo prometí y lo haré. Ahora necesito que la llames. Tienen que darse prisa con Grady y averiguar que le mandó Smith
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Y ahora ¿Que?
Fiksi PenggemarRelato escrito a partir del capitulo 4x23. Una historia de como tuvieron que dejar New York y el apasionante viaje que realizaron
