Capítulo 26

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A la misma hora en Nueva York, una feliz Sarah despertaba acordándose del día anterior. Para ella era muy importante haber podido ser útil a Victoria. Había disparado por primera vez a una persona y aunque eso no era algo por lo que sintiese orgullo, sabía que la próxima vez que la vida de alguien, o la suya propia, estuviese en peligro, podría volver a hacerlo. Victoria le había dicho que acudiese a la 12 en cuanto descansase. Iba a solicitar el traslado de Sarah de inmediato. Saltó de la cama para ponerse en marcha cuanto antes.

Para Gates aquel Domingo se iba a hacer demasiado corto, muy pocas horas por delante y demasiado trabajo que hacer. A pesar de no haber dormido, revisaba concienzudamente toda la información que Joyce había tenido en su poder, tenía a Ryan y a Espósito trabajando y revisando en los archivos de la policía, para contrastar los datos y descubrir más pistas sobre los agentes implicados en borrar y cambiar informes. Por su parte, su marido, como fiscal, ya había pedido al juez la orden de detención de Powell, y estaba deseando poder entregársela a su mujer, para que le detuviesen cuanto antes, mientras esperaba a que la orden llegase, se dedicaba también a leer toda la información y tomaba continuamente notas, soltando de vez en cuando un "esto es gordo"…

Sarah llegó a la 12 y preguntó por Gates. Un agente la acompañó hasta su despacho. Dudo unos segundos mirándola a través de los cristales, y finalmente llamó con los nudillos, haciendo que Victoria desviase la mirada y sonriese a la recién llegada, indicándola con un gesto de la mano que entrase. Durante un par de minutos, ambas conversaron distendidamente, o al menos eso era lo que le parecía desde fuera a Espósito. Gates cogió el teléfono y realizó una llamada, tras la cual sonrió a Sarah diciéndole algo y esta a su vez dio muestras de alegrarse por las palabras recibidas.

- ¿Qué miras así tío? – preguntó Ryan a Espósito

- Gates esta con Sarah.

- Ah! será por el disparo, estarán acordando una coartada.

- Puede ser – dijo Espósito y dejo der mirarlas para atender a su pantalla.

No acababa de concentrarse en lo que estaba haciendo, cuando sonó su teléfono y sin despegar los ojos de su pantalla lo cogió

- Espósito

- ¿Pueden venir un momento usted y Ryan a mi despacho? – dijo Gates

- A la orden – contestó sorprendido por la amabilidad de la que había hecho gala Gates

Ambos entraron al despacho, saludando a Sarah. Gates parecía satisfecha, y esa actitud no pasaba desapercibida por Espósito. Que estaría tramando.

- Como ustedes sabrán, el inspector Lewis lleva mucho tiempo pidiendo un cambio de comisaria, al parecer no se siente muy cómodo entre nosotros, y hoy he decidido concedérselo y enviarle a la 68, y a cambio Sarah vendrá a trabajar con nosotros.

- Vaya Sarah, me alegro – dijo Espósito.

- Hasta que la inspectora Beckett vuelva, ustedes dos se ocuparán de Sarah, Lewis ha recogido todas sus cosas, enséñenle su mesa, la comisaria y pónganse los tres a trabajar lo antes posible, lo que están haciendo es importante, cuanto antes tengamos todos los datos, antes podremos ir limpiando este cuerpo de corrupción.

Los tres asintieron, y acto seguido salieron del despacho, dejando a Gates masticando una de sus últimas frases, "hasta que la inspectora Beckett vuelva"…

- Espósito! – grito y le hizo un gesto para que fuese

- Señor

- ¿Tiene usted el teléfono de Richard Castle?

Gates hizo algo que jamás había pensado que llegaría a hacer… llamar a Richard Castle, tres tonos, cuatro tonos…

- Sr. Castle soy Gates, si esta acompañado de la inspectora Beckett, no diga mi nombre e invente algo

Y ahora ¿Que?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora