Capítulo 9

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Sarah le dijo:

- Anthony, soy Sarah.

- Me has pillado por los pelos, ya me marchaba. ¿Necesitas algo?

- ¿Aún quieres tomarte esas cervezas?

Treinta minutos después, ambos se reían en un bar cercano a la comisaría.

En ese mismo momento, Gates se despedía de su familia política. Su marido la sujetaba por la cintura mientras despedían con la mano al coche que se alejaba.

- Vicky, ¿Qué ocurre? – le dijo preocupado.

- Trabajo, sólo trabajo – y se volvió hacía él para darle un beso – creo que debería ir a descansar cuanto antes, me temo que mañana será un día muy duro.

- Ve a tomar un baño, y luego te metes en la cama. Yo me ocupo de recoger todo.

Gates se sentía afortunada. Su marido, sin ser policía, siempre había entendido su trabajo, dándole todas las fuerzas y el apoyo que ella necesitaba en cada momento, ayudándola y estando siempre a su disposición para ella. Se acordó de los días en los que se conocieron, cuando él era un joven abogado ayudando al fiscal y ella era una novata que tenía que testificar en un juicio, sonrió al recordar como él iba día sí y día también a la comisaria con pretextos tontos sobre la preparación del juicio, hasta que consiguió invitarle a cenar… Eso le hizo pensar en Beckett y Castle. Si, su relación también funcionaría. Pero le gustaría que fuese lejos de su comisaria. Ella no podía permitirse distracciones, tenía mucho futuro por delante y se encargaría de recordárselo. Tomaría su baño y antes de acostarse llamaría a los escoltas. Le preocupaba la seguridad de Beckett y Castle.

Richard acariciaba la espalda de Kate. Volvió a acomodar como pudo el pantalón del chándal de Kate bajo su cabeza para evitar la dureza del suelo. Ella levantó la vista mirándole.

- Creo que deberíamos levantarnos, yo estoy cómoda encima de mi colchón favorito, pero tú te vas a acartonar sobre el suelo.

- Si, reconozco que es incómodo, pero me encanta que estés tumbada sobre mí. Aunque si, deberíamos levantarnos, quiero ver cómo lo haces – y le sonrió pícaramente observando como ella se sonrojaba al darse cuenta que no tenía nada a mano para taparse.

- No vas a mirarme mientras lo hago – aseguró

- De eso nada – contestó él rápidamente.

- Ya verás como si… - le dijo mientras acariciaba su nuca y le atraía para besarle

- No.. no ex inspectora – dijo él en la boca de ella, correspondiendo obediente a ese beso.

En ese momento, aprovechando el punto flojo de Richard, Kate iba tomando en sus manos el pantalón del chándal que él había puesto bajo su cabeza, y sin que supiese lo que se le venía encima, fue alejando sus labios de forma que él fue incorporando la cabeza poco a poco para seguirlos, y entonces, con un golpe maestro, le puso los pantalones por la cabeza y se incorporó como un gato corriendo hasta el baño.

- No, no, no Kate, no es justo! – chilló intentando zafarse del chándal para mirarla aunque solo fuese un segundo.

Después de ducharse, Kate salió embutida en su albornoz, y le encontró, vestido ya, tumbado sobre su cama con las piernas fuera de ella.

- Eres muy cruel ¿lo sabes? – le dijo sin dejar de mirar al techo.

- Es por tu bien. No quiero que cometas un exceso y te lesiones.

- Bueno, creo que… -paró de golpe, no podía hacerle la gracia de contarle cual era el número record en venticuatro horas

- Crees ¿qué?

Y ahora ¿Que?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora