CAPÍTULO 1-PARTE 1

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Ok. Allá vamos *se flota las manos dispuesta a escribir rápido y bien(actualizaciones diarias salvo excepciones en marcha chicas!!!!)* Os darles cuanta (los que leisteis la versión antigua) de que los primeros capítulos son prácticamente iguales. Luego mejora, no os preocupéis!
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Me recosté en el asiento de la limusina, pasando de atarme el cinturón. Total, en las pelis nunca paraban a las limusinas, y mucho menos le ponían una multa al protagonista por no llevar el cinturón puesto. Y oye, si la paraban, que la pagaran los Vigilantes.

-Si ahora hay un accidente, ¿me harás compañía en esta dimensión?

-Xemerius, soy inmortal.

-Oh. Cierto-contestó el daimon mirándose las uñas.

Miré mi teléfono, muerto-para variar- con una mueca de fastidio, y luego me estiré. Morir daba mucho dolor de espalda. Y de cabeza. O a lo mejor el de la cabeza era cosa de los Vogilatñntes y su estúpida manía de hacernos repetir las cosas veinte mil veces mientras corrían de un lado a otro, hiperactivos, antes de decidirse a meter a mi ex-profesor psicótico de inglés en una celda de alta seguridad en el sótano.

Sí, por lo visto todas las compañías de abogados de Temple tienen una celda de alta seguridad en el sótano del edificio. O tal vez no. En cualquier caso, la de los deVilliers sí tenía celda de alta seguridad, conexión a la red subterránea de la ciudad, un par de salas históricas secretas de gran valor artístico y, ahora, un conde de más de tres siglos de edad. Sin momificar, vivito y coleando.

Volví a mirar el teléfono, casi esperando a que resucitara. Luego miré por la ventanilla. El maldito coche no se había movido ni medio milímetro desde la última vez que había mirado a la calle. Pero sí, los Vigilantes, además de su prepotencia, su egocentrismo, su sabelotodismo y su edificio, con todas esas cosas que ya he nombrado, también le tenían fobia al metro. Y podía pasar una hora hasta llegar a casa, visto el espantoso tráfico, así que más me valía armarme de paciencia y rezar porque Leslie, mi mejor amiga, no creyera que el corte en la llamada telefónica había sido porque algo iba mal y llamara a la policía, a los bomberos, al ejército y a la familia real. Cosas que hacen los mejores amigos por uno.

En cualquier caso, aunque Leslie creyera otra cosa por culpa de mi estúpido teléfono con batería renqueante, nuestro plan magistral-no-tan-magistral no había fracasado tan sonoramente como esperábamos. Aunque ese momento en que Gideon había caído, con unas diez balas en el pecho y el vientre, dejando una mancha de sangre en la pared y empapando mi vestido y...realmente creí que el conde había ganado.

-¡Gwenny!-saltó Xemerius dándome uno de sus húmedos lametones de daimon.-Pero si todo ha ido bien, ¡no tendrás que ir al pajar sola! ¿Por que esa cara?

Me encogí de hombros. Había tantas cosas que podrían haber ido mal...si aún estábamos vivos y el estúpkdo del Ardilla en una celda, eso era cuestión de pura suerte.

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Llamé al timbre de casa con expresión agotada, reclinándome en el marco de la puerta mientras esperaba a que alguien abriera. Mr Bernhard me dejó pasar con una sonrisa tranquila, y Caroline se me tiró encima, contándole todo lo que había hecho mientras yo no había estafo en casa. Es decir, todo el día. Así que estuvo hablando todo el rato que tardé en subir al comedor y sentarme a la mesa, donde mi familia ya iba por el segundo plato.

-Hola cariño-dijo mamá. Aunque en realidad no era mi madre, no podía dejar de llamarla mamá en mi mente.-¿qué tal el día?

Charlotte, tan perfecta como siempre, aunque con unas ligeras ojeras(teniendo en cuenta la borrachera que tenía la noche pasada, eran sólo daños mínimos), hizo chirriar sus cubiertos con el plato. Sinceramente, yo era incapaz de hacer chirriar los cubiertos adrede. Una habilidad más que tenía la perfecta de mi prima y yo no.

-Cansado. Agotador, mas bien.

-Supongo que tú no estas hecha para esto.

Contuve una carcajada irónica ante el comentario de Charlotte, mientras que Xemerius le hizo una mueca desde la lámpara.

-Oh, prima, creo que nadie es capaz de dormir menos de nueve horas en una semana, crear un plan A, un plan B y un plan C en menos de dos días, revelar a un traidor destruyendo las esperanzas de decenas de personas, mentir, descubrir una red de mentiras que se remonta al siglo XVIII y todo lo demás que me ha pasado en la última semana.

-Olvidaste destacar la dificultad añadida de salvar una relación hundiéndose más rápido que el Titanic.

Sonreí irónicamente a la lampara. No apreciaba demasiado ese comentario de mi amigo la gárgola.

Mr Bernhard entró en la habitación, el teléfono en una bandeja plateada.

-Miss Gwendolyn, una llamada del joven deVilliers.

De nuevo, ahí estaba. El chirrido de cubiertos de Charlotte.

Cogí el teléfono sin contener una sonrisa, y me levanté de la mesa. Ya cenatía después, me dolía demasiado todo para soportar la tercera guerra mundial.

-Gideon.

-¡Gwenny! ¿Cómo estás?

Sonreí como una idiota sin poder evitarlo.

-Bien. Eres ú el que recibió unos cuantos balazos. ¿Cómo estás?

Lo pude ver sonriendo al otro lado de la línea. Probablemente dando vueltas en su cocina, o alrededor del sofá donde Raphael estaría tumbado mirando al techo y pensando en Leslie...

-Bueno, los mortales se han curado. Los otros duelen un poco, pero están cosidos y vendados y no debería haber ningún problema con ellos. Aunque bueno, quedarán cicatrices...

Ok, mejor Gideon estaba sentado en el sofá mientras Raphael, como buen hermano que era, le llevaba la comida. O tal vez no le llevaba nada...

-Bueno. Estás vivo. Es lo que cuenta.

De nuevo, sonrisas a ambos lados de la línea.

-¿Crees qjr los Vigilantes estarán convencidos? No creo que nos convenga que un imbécil ultraconservador le libere por la noche-dije tras un par de segundos de silencio.

-No realmente. Eso requerirá un poco más de demagogia. Pero nadie le va a liberar, sólo tío Falk sabe la contraseña con la que se abre su celda.

-¿Y si él muere?

Gideon soltó una risita.

-Pues nos quedamos sin conde, ahora él es mortal. Casi mejor.

-¿Le matas tú o le mato yo? Créeme, estas últimas semanas han acabado con mis principios.

-Si ya no tienes principios, ¿me abrirás la puerta si voy para allá después de cenar?

Me sonroje ligeramente, pero encontré la forma de responder.

-Oh, dije que yo no tenía principios. No mencioné a mi familia.

-Puedo entrar por tu ventana...

-Tal vez cuando no tenagas cuatro heridas de bala sin curarse.

-Un punto para ti.

-Por supuesto.

El tono que indicaba que alguien mas estaba llamando a casa me interrumpió. Alejé el teléfono de mi oreja y miré: Leslie. ¡Oh mierda, había olvidado volver a llamarla!

-Gideon...odio decirte esto, peto Leslie me está llamando, y probablemente cree que estoy muerta, así que si no quieres que movilice a las fuerzas especiales, tengo que colgar.

De nuevo una risita suave y ronca.

-Está bien. ¿Te veo mañana? ¿Después del colegio?

Asentí, olvidando que no podía verme. Xemerius eligió ese momento exacto para entrar en mi habitación, solo para salir dos segundos después con los ojos en blanco.

-De acuerdo. Te estaré esperando.

Se me escapó otra sonrisa que habiría hecho a Xemerius vomitar en las papeleras, y colgué. Por desgracia, tenía otra emergencia nacional que detener.

DIAMANTE (remastered)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora