Capitulo 8 : Muerte subita

52 7 0
                                    

(Narra Leo).

No sé dónde me encontraba o si por lo menos estaba vivo, pero con lo que estoy más seguro es que al morir no sentí ningún dolor o por lo menos una punzada de un objeto cortante. En estos momentos en lo único que pensaba era en la cara triste, que tenía mí pequeña gota de agua, no soporto verla así. Después de un rato de un silencio sepulcral, oigo una voz femenina se podía escuchar por todo el entorno en el cual me encontraba «un indicio con el cual puedo decir que no estoy muerto», palpe toda la zona en la cual estaba ubicado y me dio cuento de que estoy encerrado en una celda. Tratando de derretir los barrotes con fuego, suena la misma voz con más fuerza y gritando repetidas veces «¡Leo, ayúdame!», al oír la voz de la persona que más amo me desespero, y digo un conjuro de los más antiguas entre los protectores del fuego.

—Aftó eínai se leitourgía kai o chrónos tíxi.

Al concluir mis palabras, una fuerte esfera de fuego derritió todos los barrotes de metal de la celda en la estaba, salgo en busca de mi esposa, pero dos voces me detienen «son Uxue y Estaban».

—Sáquenos de aquí, quien quiera que seas tú —como estaba de espaldas no me reconocían.

—Ese no es..., —dice Estaban dudando de sus palabras —. No, no es él —comenta dándose por vencido.

—Y, ¿Por qué dices que no soy yo? —pregunte dándome la vuelta y la reacción de estos al verme fue increíble, daban más que risa.

Hago el mismo hechizo para liberarlos, pero esta vez con menos intensidad, ya que no quería lastimarlos. Ya al estar el hechizo concluido, Uxue sale de entre las rejas y se me sube encima dándome un abrazo y llenándome los cachetes de besos y Esteban contemplando la acción de la mujer, que al parecer me había extrañado un montón por su reacción, pero la escena de afecto fue afectada por un guardia que había notado nuestra presencia:

—He, ustedes, ¿qué creen que están haciendo? —dice el carcelero.

—Escapar de vosotros, no es obvio —comenta Uxue bajando de encima mío.

—Eso está más que prohibido en las cárceles de la isla de la serpiente de siete cabezas — entonces estamos en el castillo de Nauru, pensé que estábamos más lejos.

El carcelero siguió hablando, pero no le prestábamos atención —. Déjenme esto a mí —comento Uxue poniéndose delante de nosotros —. Aftó pou vlépete epivatón eínai kai ti den boreíte na deíte mia ékplixi boreí na eínai.

De pronto nuestros cuerpos comenzaros a desaparecer a una velocidad lenta —. Uxue que está pasando —se me veía en la cara lo asustado que yo estaba.

—un hechizo de invisibilidad, no es grandioso —dice Uxue muy emocionada.

—Okay, pero ya podemos irnos a buscar a Loto —todos asintieron y nos marchamos.

Recorrimos cada uno de los pasillo, esquinas, torres y cuartos secretos que habían en el castillo, y enfrentándonos a quienes se nos aparecían en el camino y en la última habitación tuvimos suerte, pero la imagen que veía me tenía perturbado de muchas maneras, en una pared de la sala en la cual estábamos se encontraba Loto colgada de cadenas.

— ¡Nauru! —grite y en toda la habitación se escucharon mis palabras gesticuladas —. Dime una sola explicación para no matarte ahora mismo —digo un poco enojado por lo que estaba viendo.

—Si ella no es mía, no será de nadie —dice apuntando una lanza a Loto

—Nunca te enseñaron, que si amas a alguien debes dejarlo ir —digo para que Nauru recapitule sus acciones.

—Ya me estas colmando la paciencia flamita, ¡agárrenlo! , perdóname Loto

—No lo hagas —dije con los ojos cristalizados.

—Nauru ¿qué vas a hacer con eso? –dice Loto asustada desde la pared.

—Si yo no te tengo nadie te tendrá.

—Ha...ah, cómo pudiste —esas fueron sus últimas palabras

— ¡No! - dije gritando, solo se sentía como la furia de se subía a la cabeza

—Y para ti hoja de arce, seria mejor convertirte en piedra.

—ohh, mi dulce ráfaga de viento, a ti te convierto en búho.

Sollozaba en piso al ver a mis compañeros y mi prometida como quien dice muertos, no sabía qué hacer, sentía tantas cosa que no sabría cual hacer primero, pero antes de realizar alguna acción, una punzada de dolor me invadía la espalda «él muy mal nacido, me había clavada una estaca de plata en el la espalda a la altura del corazón»

—Ya es tu fin flama —dice Nauru y es lo último que pude oír antes de yacer en el piso.



***...***...***...***...***...***...***...***...***...***...***...***...***...***...***

 Este es el capítulo de hoy, espero que les guste y no olviden de dejar sus votos y comentarios.

¡¡¡Gracias!!!

Encontrando los 4 sellosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora