Como lo había predicho Regina, la nieve cayó en abundancia esa tarde-noche, haciendo que a la mañana siguiente todo el paisaje de Storybrooke amaneciera blanco. Y cuando Henry se dio cuenta al levantarse, salió disparado de su habitación para correr hacia la de su madre y saltar sobre ella.
«¡Mamá, MAMÁ! ¡Nieva!»
«Hm...¿Qué?»
«¡Hay nieve por todos lados! ¡Ven a ver!»
Tiró del edredón, descubriendo el cuerpo de la joven. Asaltada por una inesperada corriente fría de aire, se estremeció, pero se levantó para ir a ver el paisaje blanco inmaculado que presentaba el jardín.
«Wow. Ella tenía razón»
«Vamos a poder jugar en la nieve, ¿no?»
«Nosotros...Sí, vamos a hacer eso» Ver a su hijo tan feliz, hinchaba el corazón de Emma. «Venga, corre a vestirte, vamos a divertirnos un poco»
«¡Sí!»
Salió tan rápido como había entrado y Emma apenas tuvo tiempo de ponerse unos vaqueros y un suéter cuando su hijo ya estaba de vuelta en la habitación.
«¿Y Regina?»
Emma echó una ojeada a su reloj.
«Todavía es temprano, vamos a dejarla dormir. Vamos»
Bajaron las escaleras discretamente y abrieron la puerta principal antes de rodear la casa e ir al jardín, en la parte de atrás.
Sin esperar, Henry corrió hacia un inmenso manzano y comenzó a hacer sus reservas de bolas de nieve, y su madre hacia lo mismo por su lado, detrás de un banco de piedra no muy lejos.
«Sería mejor que te rindieras, chico, ya que si crees que te voy a dar una mínima oportunidad porque eres pequeño y mi hijo, sueñas»
«¡Nada de piedad!» lanzó él, escondido tras el árbol
«Tú lo has querido»
Emma comenzó las hostilidades lanzando las bolas de nieve como una metralleta. Henry esperó pacientemente a que ella agotara su munición antes de bombardearla a su vez, saliendo por un lateral, rodando por el suelo, como un soldado en combate. Se arrastró hacia un arbusto, más o menos frondoso, recogiendo por el camino más nieve para poder hacer una buena cantidad de bolas.
«¡Ríndete, no estás a la altura!»
«¡Ni lo sueñes!» gritó Henry «¡Granada!» dijo lanzando dos bolas por encima del arbusto que aterrizaron a los pies de Emma.
«¡Maldito pequeño...mocoso!» refunfuñó ella antes de esconderse tras el manzano. La batalla sería cruda y difícil, pero ella estaba bien decidida a no tirar la toalla.
Regina, sorprendentemente, había dormido bien. Habría podido quedarse en la cama un rato más si esos ruidos de fondo hubiesen cesado. ¿Gritos? No...Risas...Como un eco lejano, cuando uno se está casi despertando y las cosas y los ruidos que nos rodean se van haciendo, poco a poco, más definidos. Frunció el ceño antes de escuchar una risa más alta, más pronunciada.
Entonces se despertó y se incorporó. Mientras se peinaba los cabellos, salió de la cama y miró por la ventana: fuera, en su jardín, vio a Emma y a Henry jugando en la nieve. Parecían correr uno tras otro lanzándose bolas de nieve. Regina no pudo evitar sonreír ante la cara iluminada por la felicidad que presentaba Emma.
Lanzó una mirada a su reloj y se vistió rápidamente antes de bajar.
Fuera Emma y Henry finalmente habían abandonado su batalla para consagrase a la construcción de un muñeco de nieve cuando Regina salió, cubierta por un gran abrigo.
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Clases particulares
FanfictionTRADUCCIÓN del fic Cours particuliers de Sedgie. Cuando Emma, de 27 años, retoma sus estudios en la facultad de Boston, entre nuevos amigos y clases, no se esperaba recibir de parte de la muy atractiva profesora, la señorita Mills, clases muy partic...
