Al llegar a la calle de mi casa, vi la moto de Martín aparcada cerca del portal. Maldije que no me hubiera mentido acerca de que mi hermano le había invitado a cenar. Me di cuenta de que esa vez miré la moto con una perspectiva diferente después de saber a quién pertenecía. Eso me asustó. Se me vino a la mente la imagen de Martín saliendo del parking montado en ella. Qué bien le sentaba el casco… Y, oh, qué guapo cuando se levantó la visera e insistía en que subiera con él… La verdad es que en ese momento me di cuenta de que tendría que haberme subido, así podría haber aprovechado para estar más cerca de él, pero es que después de tratarme como una niña pequeña de la que se siente obligado a cuidar, pasaba de él y de su afán de protegerme. Idiota, no solo él, sino yo por pensar que podría haberle enamorado o algo parecido.
Al entrar en casa me asomé a la cocina. Un aroma estupendo a horno hizo que mi estómago rugiera, y tras ver una pizza casera de las que le salen genial a mi padre, lo hizo aún más fuerte. Los saludé amablemente, aunque ignorando a mi madre todo lo que pude. Me dirigí hacia mi habitación, preguntándome si Martín y mi hermano estarían en la habitación de éste. Pero los vi en el salón, jugando a la play. Típico. La verdad es que no le pegaba mucho jugar a videojuegos, pero parecía bastante concentrado. Quizá lo había idealizado un poco y me esperaba que fuera diferente a mi hermano.
-Hola África-dijo mi hermano.
Vi que en ese momento Martín se olvidó de la consola y me miró a los ojos, o al menos yo percibí eso. Podría haber sido perfectamente un espejismo.
-Hola-saludó el guaperas.
-Hola chicos.
Traté de ser simpática para que mi hermano no notara nada raro, aunque no quería que Martín pensara que ya se me había olvidado todo.
-¡Chicos, a comer!-gritó mi padre.
Me fui para mi habitación. Mierda. ¿Y mi bolso? ¡No me había dado cuenta de que no se lo pedí a Martín! Tanto empanamiento no podía ser sano. ¿Y dónde demonios lo tendría él ahora? Tocaron a la puerta.
-¿Puedo pasar?
Era su voz, sexy y tierna a la vez. Difícil no reconocerla.
-Sí.
Abrió la puerta y lo vi con mi bolso colgado.
-Se te olvidó…
Lo dejó encima de la cama y se me quedó mirando.
-Gracias…
Mantuvimos la mirada durante unos segundos que me parecieron una eternidad. En ese momento me di cuenta de que podría haberme pasado toda la noche mirándolo a esos ojos miel y pasar rotundamente de la apetecible pizza que me esperaba en la mesa.
-¿Me perdonas por lo de hace un rato?
Le conocía poco, muy poco, pero sin duda el Martín preocupado y arrepentido era uno de mis favoritos. Esa mezcla entre tierno y atractivo, ese mix entre tener ganas de abrazarlo y no soltarlo nunca y querer besarlo apasionadamente, era perfecto.
-Da igual, olvídalo.
-¿Eso es un sí?
-Supongo. Bueno, sí, es un sí.
Sonrió. Cada vez que lo hacía me daba algo. Qué mandíbula, que dentadura… El contraste de su piel morena con los dientes blancos y perfectos que tenía era realmente exquisito. Me preguntaba si habría llevado aparatos, si realmente ese chico había llegado al mundo con algún defecto de fábrica. ¿Cómo serían sus padres? Desde luego, guapísimos. Tras esa reluciente sonrisa, salió de mi habitación. Yo lo hice también unos minutos después.

ESTÁS LEYENDO
África
Teen FictionInconformista, joven, inteligente, simpática, aunque como ella misma se describe: friki. 17 años no le son suficientes para hacer lo que a ella le da la real gana, y a pesar de que no crea en la mítica frase: ''año nuevo, vida nueva'', pronto experi...