En la frontera

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No podía para de pensar en nuestro entrenamiento y eso me jugo en contra, Edward no pudo evitar notar que estaba demasiado ansiosa.

-Effie, sé que no te va a gustar lo que te voy a decir, pero debes de tener más cuidado cuando juegas con los lobos

-Edward, te voy a pedir que dejes de espiar, lo que yo haga no es de tu incumbencia si no te lo he contado es porque realmente no quiero que lo sepas

-No es mi culpa que tus pensamientos prácticamente estén pegando saltos para ser leídos, además Jasper y Carlisle se volverían locos si supieron cómo fue tú entrenamiento con los quilleute, en especial tu tacleo innecesario sobre Embry -dijo riendo

-¿A qué te refieres? –dije fingiendo ignorancia

-Hace varios días note que no parabas de pensar en unos ojos y ahora por fin los identifique, son los ojos de Embry, él es un buen chico Eff y no la está pasando nada bien en este momento

-No sé de qué hablas –dije tratando de disimular y pensando en ropa para tratar de distraer a mí hermano

-Si lo sabes, pero no importa si no estás lista para admitirlo aún, no tienes idea de lo interesante que puede llegar a ser la manada, resulta adictiva en ciertos puntos, los lobos tratan de mantener sus pensamientos individuales pero es casi imposible para ellos no dejarse llevar por el flujo colectivo de pensamientos y pesares

-Edward ¿sabes que es de mala educación escuchar pensamientos ajenos?

-Pequeña yo aún estoy en deuda contigo y por eso no me voy a meter en tu vida, pero ten cuidado, esos chicos son animales y podrían causarse daño mutuamente, aunque es cierto que pasas mucho tiempo sola y me parece que su compañía puede hacerte bien

– Con ellos me siento libre Ed, puedo ser joven, torpe y descuidada

-Lo que sucede es que ellos son jóvenes, tú tuviste muy poca interacción con personas jóvenes antes, está bien que disfrutes un poco, no sé cómo lo tomaran los demás, imagino que no muy bien así que lo mejor será no mencionarlo, Alice no te molestara su visión está muy nublada últimamente y bueno, sin ofender Eff pero tú no eres una de sus prioridades

-No me ofendes, por el contrario me alegra, Alice puede ser un increíble dolor de trasero

- No es su culpa, pero entiendo que aún no quieras hablar de lo que te pasa, porque sé que aún estas muy confundida y ni tú lo entiendes, por lo que te devolveré el favor y respetare tu espacio, pero si noto que no es seguro tendré que meterme, estás jugando con fuego señorita

-Lo sé, lo sé pero por favor no te metas en esto

-Bueno, y por cierto una cosa más

-¿Si?

- No le rompas el corazón al chico

No podía creer que tuviera el coraje de meterse o advertirme, el moría por comerse a su novia cuando la conoció, algo que yo no podría ni imaginar , en realidad estaba confundida Embry era muy guapo, pero su belleza no se podría ni comparar con la de Alec o Marcus , y aun así me atraía muchísimo más que cualquiera de ellos; su mirada era increíble y no podía parar de pensar en sus ojos , lo que me preocupaba y me hacía cuestionarme constantemente ¿en qué me estaba convirtiendo?. Decidí que lo mejor era dejar de pensar en lobos por un rato y me puse en labor de ordenar mi habitación, aunque en realidad era una estupidez porque no estaba desordenada por lo que mi brillante plan no funciono.

Faltaba poco para irnos a entrenar como familia, busque en mi closet algo que vestir, quería lucir sencilla pero que captara la atención, pero no encontraba nada que me convenciera, incluso en un armario más grande que una tienda, Alice estaba fuera de control, y justo cuando me iba a dar por vencida encontré ropa deportiva escondida en el fondo, estaba segura que lo había comprado yo, pero nunca había usado nada de estos, y era bastante ropa como para una semana, por lo que me decidí por unas calzas y un top negro ajustados y un abrigo con capucha que acompañe de unos tenis, no me detuve a pensar en el cabello, solamente lo cepille y lo deje suelto.

La menor de los CullenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora