Los tres jóvenes se encontraban en la habitación de la chica, sentados en la cama delicadamente hecha y con colores suaves como le encantaban a Rosemary. Marshall miraba detenidamente la habitación sin perderse de ningún detalle, las paredes estaban blancas como la nieve y la puerta tenía recortes de revistas de algunos actores. A Rose le fascinaba ver revistas y separar lo que más le gustaba para luego usarlo a modo de decoración. Claro, esto no lo sabían sus padres.
Rupert miraba seriamente a su primo, como queriendo descifrar su locura. Se puso de pie y se enfrentó a Marshall. Éste lo miró con tal normalidad que incomodó al chico, no solía visitar a su primo desde que eran pequeños y volver a verlo era como revivir viejos tiempos. Como los momentos cuando jugaban a luchar en el gran jardín de la familia Hainsworth, jugar a ser caballeros que competían por la princesa. Y esto último era un serio problema. A Rosemary le agradaba de más jugar a ser princesa que hasta dudaba de la relación con su primo Marshall. Y a éste poco le interesaba la familia de su padre, quienes solo pensaban en ellos y en nada más. Aveces sentía que eran una especie de engreídos que se preocupaban por su apariencia, y que en el fondo solo eran unos pobres infelices persiguiendo la felicidad sin éxito alguno.
Y así se sentía también Rupert. Sentía que casi nadie se interesaba por ver lo que en realidad le importaba y que solo era querido por su dinero.
Era algo que compartían como primos, la misma mala sensación de que no existían para nadie más que para ellos mismos.
Rose se acercó a la mesa en donde se encontraban las tazas vacías, simulando que estaban repletas de café. Invitó a ambos chicos a sentarse en unas de las tres sillas que estaban alrededor de la pequeña mesa. Con delicadeza levantó la taza y disimuló los buenos modales elevando el dedo meñique. Todo parecía tan perfecto para la chica, un mundo rosa pastel.
Marshall veía todo como la estupidez más grande que habían hecho, solo alimentaban su ego con cosas ridículas como estas. Pidió permiso y se dirigió al baño que se encontraba en la misma habitación y que era, por lo tanto, el baño de su prima. Al entrar pudo sentir el aroma a rosas que emanaban las cortinas y algunos jabones que decoraban el pequeño lugar. Estaba tan perfectamente hecho que aminoraba al chico. Por un momento sintió ganas de destruir aquel cuarto hasta hacerlo añicos, pero por otro lado se contuvo. El espejo mostraba claramente el reflejo del chico, de su interior como si se pudiera ver perfectamente lo que sentía y pensaba. El dolor que le causó esto fue tan grande que apretó su uñas contra la palma de su mano como una necesidad. Comenzó a buscar algo, no sabía que era, quería saber que escondía aquel cuarto con tanto lujo. Nada.
Acto seguido abrió la canilla y dejó correr el agua. Tanta agua se fue como si nada mientras pasaban los minutos. Rose golpeó la puerta preguntando a Marshall si estaba todo en orden, y este solo asintió. Lavó su rostro fregando sus ojos repetitivas veces. Volvió a quedarse viendo su reflejo una vez más, esta vez detenidamente. Y como acto reflejo desvió la mirada hacia un pequeño banco con cajones en donde se observaban revistas, unas esquinas que sobresalían. Se acercó para ver mejor, eran documentos en donde se podían ver escrituras suicidas, personas que sufrían y que se lastimaban para "calmar ese dolor", estupideces. Pero habían cosas que no encajaban, algunas firmas con iniciales que el chico conocía perfectamente. R. A.
Sus ojos se abrieron rápidamente, era ella.
Salió del baño normalmente simulando retorcijos y se sentó en el asiento donde había estado rato antes. Echó una mirada rápida a su prima quien sonreía aniñada.
Espero que haya sido de tu gusto mi baño, primo ̶ dijo con voz suave.
Marshall no respondió.
̶ Nosotros ya tomamos nuestro café, discúlpame, el tuyo debe estar helado. ̶ tomó la taza del chico y la vació para luego volver a servir un café imaginario ̶ Aquí tienes.
El joven observó todos sus movimientos buscando alguna acción extraña que la delatara. Pero otra vez nada.
̶ Gracias ̶ elevó la pequeña taza vacía y fingió dar un sorbo. Su pobre prima estaba mal de la cabeza, igual que él.
Cuando la familia volvió a su hogar, la despedida fue algo extraña, sin tacto, sin sentimientos. Rosemary abrazó a Marshall como si nunca volvería a verlo. Rupert le dio un apretón de mano tratando de aparentar más edad, imitando a su padre. Sus tíos lo saludaron cordialmente, sintiendo pesar por el más joven de los Derricks. El viaje duró lo mismo que la ida, y el camino se iba haciendo algo memorable para el chico. Posiblemente no volvería a ver a sus tíos, y mucho menos a sus primos. Aunque poco era lo que le interesaba, algo muy dentro de él dolía.
Y esa casa, nuevamente esa casa se presentaba frente a sus ojos. Una vez más pensó en esa familia y en la pequeña que vivía allí. Otra vez se sintió vacío.
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Marshall
Mister / ThrillerMarshall Derricks, un chico con problemas mentales, decide rehacer su vida escapando de su casa y adentrándose en una peligrosa aventura con una pequeña niña de ocho años que pondrá su futuro en una terrible situación. "A veces puede parecer que el...
